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Javier Manterola, un ‘zaragozano’ más: su legado en la ciudad visto por él mismo

El ingeniero de caminos navarro ha fallecido este domingo a los 88 años dejando tras de sí un importante legado con más de 200 proyectos ejecutados y, entre ellos, los que diseñó para la capital aragonesa, a la que dejó un importante legado: soñó cinco puentes sobre el Ebro pero solo pudo hacer cuatro. ¿Qué opinaba él de todos ellos? Su testimonio es hoy un valioso mensaje para quienes hoy disfrutan de su obra en la ciudad

La pasarela del Voluntariado fue su último legado a Zaragoza, la construyó para la Expo y fue su última obra en la ciudad.

La pasarela del Voluntariado fue su último legado a Zaragoza, la construyó para la Expo y fue su última obra en la ciudad. / JAIME GALINDO

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David López

David López

Zaragoza

Si alguien hubiera pensado hoy que Javier Manterola era zaragozano o aragonés de nacimiento, a nadie le habría extrañado. Y es que entre la prolífica trayectoria de este ingeniero navarro, fallecido este domingo a los 88 años, hay más de 200 obras repartidas por todo el territorio nacional e internacional, pero ha dejado un legado impresionante en la capital aragonesa, donde ayudó con su imaginación a acercar las dos márgenes del Ebro, su escenario más habitual para desarrollar su impresionante talento.

Soñó cinco puentes sobre el Ebro en Zaragoza para acercar ambas orillas pero solo pudo construir cuatro y no siempre se construyeron como a él le habría gustado, pero como buen ingeniero de caminos que era, siempre tenía una solución técnica para lo que la Administración quería gastarse.

Cuando yo conocí Zaragoza apenas tenía el puente de Piedra y el de Hierro y necesitaba muchas comunicaciones entre ambas márgenes. Y en los últimos 50 años se ha desarrollado mucho, ha pasado la ciudad al norte y la obligación de conectar ambos lados era importante. He hecho cinco puentes y siempre he estado muy a gusto. No sé si es un mensaje, pero se han hecho las cosas bien y se ha ganado mucho al incorporar el río”.

Son palabras suyas en una entrevista concedida a EL PERIÓDICO DE ARAGÓN en 2014, seis años después de estrenarse su última gran obra en la ciudad. Ahora se le conoce como Pasarela del Voluntariado pero quizá no todo el mundo recuerde que fue pensada para la celebración de la Expo de 2008 en Zaragoza y que durante un tiempo se denominó Pasarela de Manterola. Pronto los ciudadanos le acuñaron el sobrenombre de ‘El Pincho’, por el mástil del que cuelga una pasarela colgante con un único punto de apoyo en el cauce.

Este puente colgante es una auténtica proeza de la ingeniería sobre un río como el Ebro que es excesivamente agresivo con estas infraestructuras y al que se le suma la fuerza del cierzo para poner a prueba su resistencia. Al final, solo el vandalismo y el abandono en su mantenimiento por parte del ayuntamiento han podido con su fortaleza. Atravesar la pasarela es una experiencia única en Zaragoza con respecto al resto de puentes que cruzan este río.

La Pasarela del Voluntariado se estrenó en 2008 para la Expo de Zaragoza y la última obra de Manterola en la ciudad.

La Pasarela del Voluntariado se estrenó en 2008 para la Expo de Zaragoza y la última obra de Manterola en la ciudad. / Ángel de Castro

Aunque nadie diría que no acabó siendo como él la soñó. “Estoy muy orgulloso de esa pasarela, me gusta de verdad, algo que no puedo decir de otras muchas obras de la misma Expo y que no mencionaré. Y eso que cuando la imaginé era muy diferente. Quería que fuera un tubo, una pasarela cubierta preciosa. Pero me equivoqué, porque no era barata. Como era para la Expo quería lo mejor para ella: una pintura como la del Reina Sofía, aunque costara 40.000 pesetas el metro cuadrado, y un recubrimiento interno de acero inoxidable de otros 40.000... Al final me dijeron que era caro. Pero era lo que mi imaginación soñó”, relataba a este diario él en 2014.

La reconversión del puente de La Almozara fue la primera gran obra de Manterola en Zaragoza.

La reconversión del puente de La Almozara fue la primera gran obra de Manterola en Zaragoza. / EL PERIÓDICO

Su primera gran obra en Zaragoza

Aguas abajo el ciudadano se encuentra otra obra que lleva su firma: la reforma del viejo puente de La Almozara también lleva su firma. Cuando esta infraestructura abandonó sus usos ferroviarios se repensó por completo y la imagen que ofrece hoy es la de un puente carretero con tres carriles por sentido y un bulevar central dedicado a los peatones y ciclistas que ofrece la conexión perfecta entre la plaza Europa y las avenidas Valle de Broto y José Atarés.

Ver la comparativa entre lo que era y lo que es ahora demuestra que hay obras que no están al alcance de cualquiera. “Era una castaña lo que había allí y me pidieron la pasarela que acabó siendo, es el más modesto y a mí me gusta mucho”, explicaba él a este diario.

Manterola diseñó el nuevo Puente de Hierro, en color verde, que se redefinió en 1992 y creó dos plataformas carreteras.

Manterola diseñó el nuevo Puente de Hierro, en color verde, que se redefinió en 1992 y creó dos plataformas carreteras. / Javier Cebollada / Efe

Son solo dos de los cinco puentes que Manterola imaginó y llevó a cabo para Zaragoza sobre el Ebro. Aguas abajo luce el Puente de Hierro, oficialmente conocido como Puente de Nuestra Señora del Pilar, ahora pintado de blanco y azul, para el que este ingeniero navarro pensó dos plataformas que abrazaran a los lados la estructura original que se destina al tránsito peatonal. Fue en 1992 cuando se propuso conservar el puente antiguo y diseñar dos nuevos que lo abrazaran con formas curvas y asimétricas. Dos puentes carreteros que conectaran la zona de Tenerías y el Arrabal y La Jota, y que es hoy una de las principales vías de entrada y salida del centro de la ciudad por el este.

Vista aérea del Puente de Hierro en la actualidad, repintado en azul y blanco por el ayuntamiento tras una consulta popular.

Vista aérea del Puente de Hierro en la actualidad, repintado en azul y blanco por el ayuntamiento tras una consulta popular. / JAIME GALINDO

El Puente de Hierro no le gustaba de azul y blanco

Aunque a él personalmente no le gustaba demasiado que decidiera Zaragoza pintarlo de azul y blanco. “Eso no lo acabo de ver. Me han dicho que había sido una consulta popular. Creo que está peor que estaba. No me molesta demasiado como para volarlo, pero me gustaba más antes. Y eso que en su día tuvimos que arreglarlo porque se estaba cayendo. Fue una epopeya importante la que se libró allí y se resolvió bien el problema”, decía él mismo sobre el Puente del Pilar. 

Otro puente que lleva su firma se ubica aguas abajo, el que se bautizó como Puente de Manuel Giménez Abad y que da servicio a los zaragozanos como carretera formando parte del tercer cinturón de circunvalación, salvando el Ebro para conectar los barrios de Las Fuentes y Vadorrey. De su imaginación surgió una estructura de acero y hormigón con un arco que recorre sus 120 metros de longitud del vano central. Fue inaugurado en septiembre del 2002.

Zaragoza estrenó en 2002 el puente de Manuel Giménez Abad que cerraba por el este el tercer cinturón.

Zaragoza estrenó en 2002 el puente de Manuel Giménez Abad que cerraba por el este el tercer cinturón. / EL PERIÓDICO

También en Zaragoza y en el tercer cinturón, aunque esta vez para salvarlo, no para formar parte de él, diseñó los acueductos de hormigón que salvan la Z-30 para que el Canal Imperial de Aragón pudiera seguir su curso sobre esta infraestructura carretera a la altura del Barranco de la Muerte.

Quiso hacer el Pabellón Puente

Y solo una arquitecta de renombre como Zaha Hadid le privó de hacer el quinto puente que soñó para salvar el Ebro en Zaragoza. Su firma estuvo en la puja por hacer el Pabellón Puente que conecta el recinto de Ranillas con La Almozara, pero no resultó elegido por los jueces de aquel concurso internacional. Algo que él llevaba con deportividad aunque era crítico con el resultado. “Soy muy aficionado a Zaha Hadid, me parece formidable. Yo competí por ese Pabellón Puente y no gané, y me gustó mucho su trabajo. Pero para que una obra sea significativa tiene que dejar huella y esta no la ha dejado. Pero me parece precioso”.

Manterola era navarro de nacimiento pero se podría decir que zaragozano de adopción. Por lo menos es uno de los ingenieros que más ha trabajado para y por la ciudad desde su estudio. Y hoy, su legado pervive para la memoria de quienes disfrutan de su obra en la ciudad.

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