El primer año de las alcaldesas

Chueca imprime su sello sin miedo a cambiar el rumbo

La regidora de Zaragoza ha conseguido distinguirse de todos sus antecesores en las formas

Natalia Chueca y Roberto Bermúdez de Castro, en La Romareda, en una imagen del pasado mes de abril.

Natalia Chueca y Roberto Bermúdez de Castro, en La Romareda, en una imagen del pasado mes de abril. / Jaime Galindo

Iván Trigo

Iván Trigo

Llegó al ayuntamiento de la mano de Jorge Azcón hace ahora cinco años. No había participado antes en política. Era una total desconocida para el gran público. Su capacidad para vender proyectos y su posición alejada de la política institucional le valieron convertirse en candidata del PP. Ahora ha cumplido un año en la Alcaldía y ha conseguido tener un perfil propio, una imagen que a muchos convence –y que muchos rechazan– pero que ella misma se ha labrado partiendo de cero.

En todo este tiempo, Chueca ha demostrado ser una outsider de la política municipal. No ha tenido ningún miedo a romper inercias heredadas, aunque ello haya supuesto en algunos casos acabar con proyectos que llevaban lustros instaurados en la capital aragonesa. Eran iniciativas que quizá no llenaban la plaza del Pilar, pero hacían ciudad y generaban movimiento. Y es que a Chueca le recuerdan que para que un artista llene el estadio de La Romareda, primero ha tenido que tener acceso a una salita, a un festival pequeño, a un ciclo en el que crecer antes de despuntar. De su forma de entender la cultura le vienen las críticas a la alcaldesa, un área que, sorprendentemente, en tiempos en los que lo superficial se apodera de todo, está copando gran parte del debate y de los ataques que le llegan al Gobierno del PP.

Pero la apuesta de Chueca es firme. Sigue su plan sin mirar hacia los lados. Escucha las críticas si le ayudan a mejorar su proyecto trazado y si no, no se distrae. Esa demostración de no temer a romper con las inercias del consistorio la ha demostrado en otros ámbitos: cambiando la fecha del debate del estado de la ciudad, reorganizando servicios y equipamientos como Etopia y La Azucarera o dejando casi sin fondos al Consejo de la Juventud, una entidad muy longeva y en la que muchos concejales del PP, de los que nacieron en las juventudes del partido y no alejados de las siglas como Chueca, se formaron en su activismo político. Pero no ella.

Así, a pesar de haberse integrado en las estructuras y discursos del PP, en su gestión al frente del consistorio ha hecho patente que no ha llegado hasta la Alcaldía para repetir las formas y los modos de sus antecesores. Su gestión de las redes sociales nada tiene que ver con lo que se había hecho hasta ahora, aunque ello le haya valido más de una crítica. Cierto es que después de haberla visto subida a un dragón de peluche su imagen se tornó más institucional, lo que no ha bastado para que la oposición al completo, Vox inclusive, le acuse de «frívola».

Pero en este primer año de Gobierno, si ha habido un tema que ha monopolizado la gestión, ese ha sido La Romareda. Desde su equipo afirman que tras el traspiés sufrido cuando el Zaragoza anunció que no se presentaría al concurso para construir el campo, la alcaldesa fue capaz de hacer propio un proyecto que heredó del alcalde Azcón.

En estos meses, La Romareda ha servido para presumir de gestión, y es que tras 20 años será ella quien conseguirá levantar un nuevo estadio de fútbol. Ni Pepe Atarés, ni Juan Alberto Belloch ni Jorge Azcón (Santisteve no habló más que de una reforma). Será Natalia Chueca quien lo consiga. Y eso en Zaragoza es ganarse al público para lo que queda de función. Sin embargo, también han sido descarados los intentos del Gobierno municipal del PP por usar La Romareda para tapar algunos tropiezos en su gestión, con ruedas de prensa convocadas para hablar del estadio el mismo día en el que la oposición hablaba de la comisión de investigación en la que la alcaldesa tuvo que comparecer tras haber prorrogado el contrato con Avanza durante cuatro años más pese a los requerimientos de la Justicia.

Y de justicia es decir que Chueca lo está teniendo más fácil que sus antecesores en al menos un aspecto: que la DGA esté gobernada por un exalcalde del mismo color político le favorece. Sin el favor de Jorge Azcón, Chueca no podría presumir ni de La Romareda ni de proyectos tan transformadores como la recuperación re las riberas del Huerva (con 20 millones de aportación autonómica) o la construcción de vivienda de alquiler asequible. Sin el dinero ni la voluntad del Ejecutivo autonómico, el mandato se le iba a hacer mucho más cuesta arriba.

También le favorece a Chueca que Vox en el Ayuntamiento de Zaragoza ladra pero no muerde. Es decir, de vez en cuando se les escucha atacar al Gobierno municipal del PP, pero cuando tienen que levantar la mano y votar a favor de los presupuestos y las ordenanzas de Chueca, lo hacen. Y es que la ultraderecha está atada en el ayuntamiento por el pacto que alcanzaron con Azcón para entrar en el Gobierno de Aragón, lo que les viene muy bien a los populares.

Eso sí, los cuatro concejales de Vox también han hecho valer su fuerza: lo hicieron cuando le recordaron a Chueca, en mitad de un pleno, que el pacto que mantienen ambas formaciones le impide al PP hablar de violencia machista (tienen que decir violencia contra la mujer); y cuando el PP eligió a Vox para aprobar la ordenanza de Movilidad, aun recortando sus pretensiones, a pesar de que el PSOE les había ofrecido un cheque en blanco para sacar adelante el borrador de la norma escrito por el PP para que la extrema derecha no intercediera en el texto.

Y como ha ocurrido en todos y cada uno de los rincones de este país, la polarización y el tono bronco se ha hecho también con el salón de plenos de la casa consistorial. A orillas del Ebro, los debates se han caldeado, aunque eso puede que no sea lo peor. En los plenos se habla más de Pedro Sánchez que de los problemas de la ciudad. El PP está exprimiendo su papel al frente del Gobierno municipal para ejercer de oposición al PSOE, lo que les sirve además para intentar poner en más de un aprieto al grupo municipal socialista, más lambanista que otra cosa. No obstante, hasta el momento, los de Lola Ranera han sabido compaginar en su discurso la defensa de las políticas del Gobierno de España con las filias y fobias dentro del Partido Socialista.

En todo este año, Chueca ha estado omnipresente. Es ella y no sus concejales quien presenta todos y cada uno de los proyectos. La que pone la cara y la que se lleva el mérito, aunque siempre depende a quien le preguntes. Sus detractores dicen que, con una sonrisa, mucho pan y más circo, está consiguiendo crear una ciudad «a medida» para los ricos y los grandes inversores. Los que la defienden la ven como una persona cercana y que está consiguiendo poner a Zaragoza en un mapa en el que hace mucho que no salía. Opiniones las hay para todos los gustos pero Chueca ha demostrado que su perfil al frente del consistorio zaragozano es inédito.