El primer año de las alcaldesas

¿Cómo ha vivido la oposición la corporación de Chueca?

Los primeros 365 días de mandato de la regidora del PP han convivido con tres formas diferentes de hacer política, las de los grupos municipales del PSOE, Vox y ZeC

Lola Ranera (PSOE) y Elena Tomás (ZeC) en una foto de archivo en el pleno del Ayuntamiento de Zaragoza.

Lola Ranera (PSOE) y Elena Tomás (ZeC) en una foto de archivo en el pleno del Ayuntamiento de Zaragoza. / Jaime Galindo

Iván Trigo

Iván Trigo

El primer año de Natalia Chueca como alcaldesa de Zaragoza se ha topado con una oposición conformada por el PSOE, Vox y ZeC que, cada uno con su forma de afrontar la política municipal, también ha marcado la realidad en el consisotorio de la capital aragonesa.

PSOE: a la espera de dar con la tecla para hacer ‘pupa’

No ha sido un año fácil para el PSOE en el Ayuntamiento de Zaragoza. Los socialistas saben que el proyecto Romareda le dio muchos apoyos a Chueca a la hora de alcanzar la Alcaldía y que se trata de una operación que goza de mucha popularidad, por lo que tocar el proyecto estrella del PP para hacer oposición hay veces que les ha restado más que sumado. La sensación dentro del partido es que, se proponga lo que se proponga sobre el estadio, todo vale para la ciudadanía, que ha optado por adoptar un perfil acrítico después de 20 años intentando construir un nuevo campo.

De ahí parten las dificultades de los socialistas zaragozanos, que todavía no han encontrado un filón con el que desgastar al Gobierno municipal después de varios disparos que no han dado en la diana. A lo largo de este año, el PSOE ha demostrado la fuerza que le dan sus diez concejales forzando plenos extraordinarios y comisiones. También se notó cuando presentaron unos presupuestos alternativos. Pero el PP ha esquivado las balas siempre con el mismo argumento: Pedro Sánchez

Vox: un limbo entre la oposición y el Gobierno

Vox consiguió doblar su presencia en el Ayuntamiento de Zaragoza tras las elecciones de hace un año, motivo por el cual sus aspiraciones al inicio de este mandato eran más altas de lo que realmente después han conseguido. El pacto de coalición en el Gobierno de Aragón obligó a la ultraderecha a limitar sus expectativas en la capital aragonesa. Azcón cedió y le dio la vicepresidencia a Nolasco, sí, pero a cambio de dejar tranquila a Natalia Chueca y Lorena Orduna, aunque en este último caso ese acuerdo de paz no se ha cumplido en absoluto.

Así, Vox ha ido avanzando en sus peticiones tirando de su argumentario: ni hablar de Agenda 2030 ni de violencia machista, recorte en ayudas a la cooperación e incrementar la presencia policial en los barrios de Zaragoza. Pero también se ha tenido que comer algún que otro sapo: la ultraderecha se mostró convencida de apoyar el plan Romareda porque no costaba «ni un euro» a las arcas públicas. Esa era su exigencia. Pero ahora que el consistorio tendrá que rascarse los bolsillos, Vox ha cambiado su postura para seguir apoyando la operación.

ZeC: Mucho trabajo de fondo pero poca influencia

Los dos concejales de ZeC, Elena Tomás y Suso Domínguez, no lo tenían nada fácil. Entraron en el consistorio en sustitución de tres pesos pesados –Pedro Santisteve, Luisa Broto y Alberto Cubero– que fueron el núcleo de la filial zaragozana de los Ayuntamientos del cambio. Sin embargo, con un grupo municipal reducido y apenas tres trabajadores, han conseguido sacar los colores al Gobierno municipal del PP en más de una ocasión.

Tampoco se le han caído los anillos a ZeC a la hora de hacer propuestas y alegaciones a los proyectos y ordenanzas que han lanzado desde el equipo de Natalia Chueca, aunque siempre con escaso éxito. Y es que el punto débil de Zaragoza en Común –liderados este mandato por el PCE a través de IU y no por la familia de los comunes– es su escasa influencia política. Durante el mandato anterior, la configuración del pleno municipal permitía a la izquierda poner en más de un aprieto a la derecha. Eran 16 votos contra 15. Ahora son 19 a la derecha y 12 a la izquierda, una situación que les deja en clara desventaja numérica.