El crecimiento de la capital aragonesa

El barrio de Zaragoza que es una ‘gran familia’ reivindicativa y obrera

En el Picarral es donde se configuró la primera asociación vecinal de la ciudad, hace más de medio siglo. Desde entonces, la zona ha mantenido vivo su pulso luchador

La avenida San Juan de la Peña, una de las principales vías del barrio del Picarral, en Zaragoza.

La avenida San Juan de la Peña, una de las principales vías del barrio del Picarral, en Zaragoza. / Miguel Ángel Gracia

«Somos como una gran familia», cuenta la presidenta de la asociación de vecinos del Picarral Salvador Allende, Ana Lasierra. Lo dice con el convencimiento que da el vivir en este barrio de la margen izquierda del Ebro y de haber podido presenciar parte de la evolución del entorno. De la marcada actividad industrial y las calles sin asfaltar de sus primeros años a las casas actuales ya han pasado varias décadas en las que sus habitantes han mantenido la cercanía entre ellos. Como también siguen vigentes algunas luchas y el espíritu reivindicativo de un lugar en el que se constituyó la primera asociación vecinal de Zaragoza, hace ya más de medio siglo.

«Este es un barrio obrero, reivindicativo y socialmente activo; hay un compromiso social», afirma Lasierra sobre una zona de la que también destaca su calidad de vida. «Yo vivo a gusto en el Picarral, somos como una gran familia», insiste. Y, como ejemplo, cita que muchos de sus habitantes «lo que han buscado cuando se han casado es seguir viviendo en el mismo barrio». «Eso es indicativo de la calidad de vida. Pese a las industrias y los servicios, que dejan mucho que desear, es bastante buena y es un espacio tranquilo», apostilla.

Al nombrar la industria se refiere a un rasgo muy significativo del Picarral desde sus orígenes, datados a mediados del siglo XX. Entonces, el barrio comenzó a surgir al calor del polígono que allí se alzaba. «Eran los obreros los que vivían alrededor de las fábricas», precisa Lasierra. A finales de la década de los 50 y principios de los 60 es cuando llegaron las viviendas de los grupos sindicales, como las del Teniente Ortiz de Zárate o las de Balsas de Ebro Viejo. Conforme avanzaba el siglo, el barrio también creció con espacios como la Zalfonada, ya alrededor de los años 80. Pero antes, en 1965, los habitantes del Picarral mostraron una interesante actividad vecinal en los locales de la parroquia de Belén. «Los vecinos iban, hablaban y expresaban sus preocupaciones por el barrio. En aquel momento todo esto eran fábricas, estaba sin asfaltar, los tanques que iban a San Gregorio pasaban por en medio del barrio… era un desastre», rememora la presidenta del colectivo.

«Entonces decidieron constituirse como asociación de cabezas de familia. Se inscribieron en 1970», recuerda sobre una entidad que, a la postre, cambió su categoría a asociación de vecinos. «Allí empezaron todos los movimientos vecinales del barrio. Los olores, los ruidos de la industria, los tanques, la suciedad en las calles… y los servicios y zonas verdes que no había», relata. «Se luchó para que los tanques no pasasen por aquí y se consiguió que muchas de las fábricas saliesen del casco urbano, como por ejemplo la de Rico Echevarría. Y seguimos con la lucha», añade.

 Sobre esas causas todavía pendientes, nombra a los vecinos que viven cerca de la fábrica de Tereos y que padecen «el ruido constante». También, «los olores» que produce la actividad industrial y «la contaminación», un aspecto en el que se detiene para referirse a la espuma que salió recientemente de una alcantarilla. «Los vecinos de este barrio están muy preocupados porque, además, somos el único de la ciudad en el que hay dos niveles que no se están midiendo en la calidad del aire, el de partículas PM-10 y el de ácido sulfhídrico», asevera. «Y no tenemos ninguna respuesta por parte del ayuntamiento», apostilla Lasierra.

Del Picarral es también Marta Peláez. Aunque nació en Albacete, reside en el barrio desde los 3 años y, ahora, esta estudiante de Periodismo prepara su Trabajo de Fin de Grado (TFG) sobre una propuesta de medio de comunicación de esta zona de la ciudad. «Conocía a muchas personas del barrio que habían sido compañeras mías del colegio y el instituto y era gente muy diversa, de muchas etnias y culturas. Me parecía súper bonito hacer una propuesta de medio de comunicación que diera voz a la gente, a las distintas culturas y realidades», especifica.

Porque para Peláez, el Picarral es un entorno en el que siempre ha habido «un tejido asociativo muy grande». También le llama la atención «que es un barrio muy cercano, en el que todos nos conocemos de una manera o de otra». «Y pese a haber alguna que otra problemática, es bastante tranquilo y seguro», afirma.

«Ha habido una evolución en cuanto a que siempre se ha promovido la tolerancia, la diversidad, y creo que es bonito de contar. Da mucho gusto pasear por aquí, hay mucha zona verde y vivo muy feliz. De la gente con la que he hecho el estudio, creo que ninguna me ha dicho que se cambiaría de barrio, y yo tampoco», destaca. «Sales de casa y sabes que es tu hogar. No sientes inseguridad y es muy tranquilo», concluye.

Otro vecino del Picarral es el músico Pablo Arnal, quien ahora acaba de sacar su nuevo 'single' bajo su proyecto llamado Pablo Estallo, de la mano de otros dos profesionales del sector que residen en el barrio. Son Javier Vicente, con su estudio Carasueño, y Javier Roldón, de Vacuum Mastering. Arnal coincide con Peláez al señalar que se trata de un lugar «súper tranquilo», en el que «casi nunca hay problema de ruidos». No obstante, apunta que «es tranquilo para lo bueno y para lo malo, porque no hay mucho que hacer» para los jóvenes, más allá del instituto y de establecimientos como el bar Amigos, en el que «se come muy rico».

Precisamente, Peláez también echa en falta «lugares de encuentro social y de ocio para los jóvenes», como algún centro cultural, una casa de juventud y gimnasios. «Todos nos tenemos que desplazar hasta el Actur para cubrir estas necesidades», se lamenta.

La de la casa de juventud es también una de las reivindicaciones que nombra la presidenta de la asociación de vecinos. Una petición que se hace extensible a otras, como que los Puntos de Atención Continuada estén cerca de los vecinos y no en el hospital Grande Covián. En el campo de la sanidad también muestra su preocupación por el hospital Royo Villanova, que «atiende a 200.000 personas» y sufre carencias en las especialidades de Urgencias y en Pediatría, entre otras.

Mucha lucha por hacer

Además de estos asuntos, el cuidado de las zonas verdes del Picarral y el estado de las aceras son otros dos aspectos que Ana Lasierra cita como reinvindicaciones. «Los barrios están un poquito olvidados», recalca.

Por estas y otras cuestiones, para la representante vecinal «todavía queda mucha lucha por hacer». Aunque lo que sí tiene claro es que desea que el barrio mantenga su impronta: «Espero que la gente del Picarral siga siendo como es; solidarios, acogedores y, sobre todo, reivindicativos», concluye.