La Jota, el barrio de Zaragoza que ‘suena’ en la margen izquierda

Cantantes y otros artistas denominan las calles de una zona de la ciudad en la que han nacido o habitado multitud de músicos

Su asociación vecinal cumple este año medio siglo

Las clásicas viviendas bajas son una de las señas de La Jota, como las que se encuentran en la calle Caracoles.

Las clásicas viviendas bajas son una de las señas de La Jota, como las que se encuentran en la calle Caracoles. / Laura Trives

José Oto, Felisa Galé, Miguel Asso, Royo del Rabal... son nombres de joteros ilustres que dan nombre a las calles del barrio de -cómo no- La Jota. Un homenaje al género de música tradicional por excelencia de Aragón que también marca la impronta artística de esta zona de la capital aragonesa. Porque La Jota suena desde su propio nombre, pero también es cuna y casa de muchos otros artistas. Kase.O, Distrito 14, Santa Fe, Cachirulos XL, B Vocal o Los Borrajas son algunos de los músicos y grupos que proceden o residen o han vivido en este barrio de la margen izquierda, que también ha sido ejemplo en varias ocasiones de lucha vecinal.

Una lucha que este año cumple medio siglo, el tiempo transcurrido desde que se fundó la asociación vecinal (entonces, de cabezas de familia) de La Jota en 1974. Lo recuerda su actual presidente, Juan Antonio Andrés, que también rememora los orígenes del propio barrio, ubicado en una zona conocida a principios del siglo XX como la barriada Escudero.

Este entorno tomaba su nombre del propietario de varios terrenos en el espacio comprendido entre el Arrabal y el río Gállego. Una de ellos, explica Andrés, era un área triangular «al lado de la antigua carretera de Francia, lo que es ahora la avenida Cataluña, delimitada por dos acequias», que vendió en parcelas y donde se construyeron vaquerías y alguna torre de labranza. El presidente vecinal añade otros dos núcleos embrionarios del futuro barrio; uno, en los alrededores de la calle Santa Fe y otro, en el entorno de las calles Carmen Serna y Aurora, lo que era la urbanización de Costa.

Mural en homenaje a la industria, en La Jota.

Mural en homenaje a la industria, en La Jota. / Laura Trives

De estos orígenes, Andrés trae a colación «la primera noticia que existe» del barrio, que data del año 1923, cuando la famosa riada del río Gállego asoló la ciudad. El agua llegó hasta la calle Once de Julio, vía que toma su nombre, precisamente, de la fecha de aquel desastre. Allí fue donde los vecinos «intentaron montar una especie de barricada» que aguantó un par de horas, pero que no pudo frenar a la naturaleza.

Ya hay que avanzar hasta finales de la década de los 40 para encontrar el siguiente impulso habitacional. Fue con la reparcelación que tuvo como resultado el primer grupo de casas bajas, características del entorno, que ya llegaron en los años 50. Como destaca Andrés, curiosamente estas viviendas no solo fueron ocupadas por los trabajadores de la incipiente industria que surgía en las inmediaciones de la avenida Cataluña, sino también por los americanos que llegaron a la ciudad enviados a la base aérea, «gente acostumbrada a vivir en casas unifamiliares», matiza.

La llegada de más industria, con Maquinista y Fundiciones del Ebro, siguió ampliando el barrio, que ya encontró un punto importante de crecimiento con la instalación de otro gigante, la empresa Laguna de Rins. «Ocupaba prácticamente el mismo terreno que las parcelas que había», destaca.

La figura del ‘cura Alfonso’

Ya en los 70, La Jota siguió sumando edificios de pisos y avanzando en una urbanización que no fue nada fácil de lograr. De hecho, es en esta década cuando surgió la asociación vecinal de la mano de una de las figuras más queridas en el barrio, Alfonso Millán, conocido como el cura Alfonso. «Era un hombre muy conservador en lo eclesiástico y en la doctrina, pero totalmente avanzado para la época en el tema social», describe Andrés sobre el que fue el impulsor de la asociación, al juntar a vecinos «de todos los colores» políticos y prestarles un local de la parroquia y dinero para crear este colectivo. Su objetivo, luchar por las mejoras en un popular barrio en el que «las calles estaban sin asfaltar» y las acequias todavía «estaban todas abiertas». Ahora, cincuenta años después, el nombre del cura Alfonso es el que lucirá una de las calles de La Jota como homenaje y tras una votación ciudadana que «ganó por goleada».

Uno de los murales realizados por el festival Asalto en el barrio.

Uno de los murales realizados por el festival Asalto en el barrio. / Laura Trives

Este espíritu luchador sigue en un entorno en el que no faltan las reivindicaciones: «Siempre hemos dicho que somos el barrio playmobil», dice con sorna Andrés, en referencia a que tienen «un instituto de juguete, un centro cívico de juguete, un centro de salud de juguete y los colegios, hasta que se hizo el Vadorrey y se amplió el Estrella, eran de juguete también».

Uno de los puntos oscuros de La Jota era lo que hoy es la plaza de la Albada, en honor, por cierto, a otro músico, José Antonio Labordeta. «No hará veinte años que se inauguró y era un auténtico agujero negro que había en mitad del barrio», recuerda el presidente de la asociación de vecinos.

Ahora, cita como «uno de los problemas graves» de esta zona de la ciudad el mantenimiento de los parques y el arbolado. «La verdad es que tenemos suerte porque tenemos dos parques propios y otro compartido con Vadorrey», afirma en referencia al de Oriente, el del Royo del Rabal y el de Valmaseda. No obstante, sobre este último recalca que está «prácticamente abandonado». Y acerca del dedicado al afamado cantante, señala que, aunque la celebración del festival Asalto de arte urbano permitió llevar a cabo «reivindicaciones históricas», todavía quedan cosas por hacer. «Los parques necesitan una reforma en condiciones», asevera.

Hablando de arte, las calles de La Jota no solo se refieren a cantantes de este género. También tienen cabida otros creadores como, por ejemplo, el pintor Manuel Viola. Este artista, además de tener su propia calle, cuenta con un busto que ahora se ubica en la confluencia de esta vía con Balbino Orensanz. Originalmente, esta figura se hallaba en el parque de Valmaseda, pero fue objeto de un intento de un robo que, por suerte, descubrieron los vecinos.

«Era la época en la que estaban robando todo lo que había de bronce», rememora Andrés, que añade que, tras su recogida por parte del consistorio, «tardaron unos años en traerlo de nuevo» al barrio, hasta su actual ubicación.

Además de las zonas verdes, otro de los problemas de La Jota que destaca el representante vecinal es el de la educación. «En pocos años vamos a tener el problema de sobretasa de niños en el colegio», adelanta ante el crecimiento del entorno de la avenida Cataluña y la falta de una infraestructura educativa que pueda absorber esa demanda.

Y, como tercer problema, el presidente de la asociación destaca la sanidad. En ese sentido, y en una línea similar a la de la educación, teme que ese creciente número de vecinos lleve a que en unos años existan las mismas dificultades que las que vivieron antes de que se abriera el centro de Salud del vecino barrio de Jesús. Además, subraya sobre sus hospitales de referencia, el Royo Villanova y Nuestra Señora de Gracia, que uno está fuera del barrio y el otro es «ridículo para la cantidad de pacientes que tiene».