El negocio de los apartamentos turísticos se abre paso en el epicentro de Zaragoza
La empresa Almada ha adquirido dos históricos inmuebles de la calle Alfonso, el 14 y el 41, con una inversión total que ronda los 15 millones de euros

Anuncio de apartamentos turísticos en el número 41 de la calle Alfonos. / Miguel Ángel Gracia

La evolución de la céntrica calle Alfonso de Zaragoza ha ido en los últimos años al compás de los nuevos tiempos, con un concepto de ciudad en la que las grandes franquicias sustituyen al comercio de proximidad. Pero no es este el único cambio palpable en la esencia de esta vía, en la que las viviendas y las oficinas comienzan a dejar paso a nuevos modelos del negocio inmobiliario. Y para muestra, un botón. O, en este caso, dos. Dos números cambiados de orden pero que ocupan ubicaciones diferentes, el 14 y el 41, que han sido adquiridos en los últimos cuatro añosen su totalidad por la firma de apartamentos turísticos Almada. Entre compraventa y rehabilitación –llevada a cabo por OHL–, ambas operaciones suman una cifra que ronda los 15 millones de euros.
El primer inmueble en ser adquirido por Almada fue el número 41, junto al local donde ahora se ubica la tienda oficial del Real Zaragoza y en la parte de la calle más próxima a la plaza del Pilar. Comprado a principios de 2020, justo antes del comienzo de la pandemia, es ahora cuando esta veintena de apartamentos comienzan a justificar la potente inversión realizada por la empresa. A esto hay que añadir la segunda adquisición de la firma, el número 14, que da a la plaza Sas, comprado este mismo año y que ya ofrece ocho alojamientos.
Este nuevo modelo de negocio, el único con tres llaves de la provincia–equivalente a las estrellas en los hoteles, siendo el máximo cuatro–, poco o nada tiene que ver con las habituales y polémicas VUT (viviendas para uso turístico) que emergen como setas por el centro de Zaragoza. En este caso, Almada adquirió la totalidad de ambos inmuebles, incluyendo sus locales, para poder promoverlos a su gusto.
La pandemia, pese a que coincidió y, en cierto modo, perjudicó a la empresa en sus inicios en la capital aragonesa, supuso un punto de inflexión. Y es que desde Almada aseguran que, tras el confinamiento, "la gente agradece la libertad de estar en un apartamento, en lugar de en un hotel".
Los precios son variables. Por ejemplo, un fin de semana para una familia con dos hijos rondaría los 300 euros, aunque también existe la opción de habilitar tarifas especiales tanto para clientes habituales como para medias estancias. En este último caso, se trata de un concepto similar al que se pondrá en marcha en el 37 de Independencia, un flex living (vivienda flexible) pensado para trabajadores que van a pasar unos meses en la ciudad, familias que están reformando su piso o incluso zaragozanos que vienen de visita en fechas señaladas como la Semana Santa o las Navidades.
Perfiles
"Un perfil muy habitual es el de los ingenieros irlandeses que trabajan para importantes empresas que se han instalado aquí. También vienen parejas de extranjeros a pasar el fin de semana. E incluso nos llevamos alguna sorpresa, porque este año van ya seis o siete parejas de australianos de unos 70 años que visitan Europa y hacen escala en Zaragoza", explican desde Almada.
Por fechas, la ocupación no deja de responder a la tónica habitual del resto de modelos, con las semanas marcadas en rojo con un lleno absoluto y meses que son "terroríficos", como agosto. En cualquier caso, los perfiles tampoco distan de los que optan por modelos más tradicionales en Zaragoza, como los hoteles o los hostales. "Las familias españolas con niños son muy frecuentes, de un radio de unos 300 o 400 kilómetros". Es decir, Barcelona, Madrid, Valencia o Bilbao, por citar algunos ejemplos.
La llegada de esta firma de apartamentos turísticos a la calle Alfonso también tiene relación, aunque no directa, con las variaciones en la estética comercial. En los bajos del 41 había una pequeña tienda de recuerdos que los propietarios ya se encontraron cerrada, mientras que en el 14 estaba uno de los negocios de proximidad de referencia en los souvenirs zaragozanos, El Mañico, que cerró precisamente en 2020. También estaba la mítica joyería Martín Blasco, cuya estética está protegida por Patrimonio y cuyo interior se ha rehabilitado, aunque no se ha decidido su uso todavía.
Con todo, desde Almada insisten en que han intentado salvaguardar la identidad de los inmuebles, tanto en sus locales como en su interior habitable, salvando el estilo de sus fachadas y de otros elementos como las escaleras y sus barandillas o el ladrillo al descubierto de las paredes
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