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Ni propietario ni inquilino: se buscan vecinos en Zaragoza para vivir en un entorno "de cuidados" y más barato

El proyecto La Enramada, promovido por la sociedad cooperativa Somos Cuidados Comunes, espera comenzar a construir en unos meses en su parcela del barrio Oliver de Zaragoza

Solar en el barrio Oliver en el que se levantará el proyecto de La Enramada.

Solar en el barrio Oliver en el que se levantará el proyecto de La Enramada. / JAIME GALINDO

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Iván Trigo

Iván Trigo

Zaragoza

La premisa resulta, cuando menos, atractiva. Con los precios del mercado inmobiliario al alza y la sociedad camino de una realidad en la que cada vez pesa más el individualismo, una pequeña parcela del zaragozano barrio Oliver se alza como alternativa para aquellos que estén buscando un hogar en el que vivir y quieran, además, convivir en un entorno de "cuidados y cooperación". Se trata del proyecto de La Enramada, un bloque de viviendas colaborativas que empezará a construirse en los próximos meses y que busca todavía vecinos.

Este edificio contará con "25 o 26" pisos de una habitación que tendrán alrededor de 50 metros cuadrados (con baño, salón cocina integrada y terraza) y con otros 1.000 metros de zonas comunes en los que habrá desde biblioteca a huertos y jardines al aire libre. El precio todavía está por determinar, pero la fórmula empleada garantiza que vayan a resultar mucho más accesibles que otras promociones de vivienda que siguen el esquema habitual. Detrás de La Enramada está la sociedad cooperativa Somos Cuidados Comunes, la fórmula jurídica que da sentido a este proyecto. Pero, ¿en qué consiste?

"Mucha gente que viene a preguntar y a conocernos nos pregunta si somos una estafa piramidal. No, obviamente", ríe José Luis Terol, uno de los nombres que han impulsado esta idea que no es sino un proyecto de vivienda cooperativa. "No es la panacea, siempre lo decimos. Falta mucha implicación por parte de las administraciones para facilitar este tipo de promociones. Se trata de un modelo que rompe el binomio entre el alquiler y la propiedad de un piso", cuenta el hombre. Esto último, admite, cuesta entenderse "ya que en España tenemos muy arraigado lo importante que es poseer tu propio inmueble".

Para poder vivir en uno de estos pisos que se levantarán en Oliver hay que formar parte de la cooperativa que lo promueve. Para ello hay que pagar "en torno al 35%" del precio al que se fijen las viviendas (entre 70.000 y 75.000 euros, aproximadamente) y, después, se establecerá una cuota mensual para cada unidad familiar con la que se irá sufragando una deuda que, en todo caso, no soportarán los residentes, sino la cooperativa. "Es una fórmula de protección colectiva".

Las cuotas

Sobre las cuotas, explica Terol, todavía no están cerradas, "pero serán asumibles para una persona con unos ingresos de unos 1.200 o 1.300 euros". Es decir, algo asequible para la gente normal, entendiéndose aquí por normal como la más abundante en un momento en el que el salario más habitual en España se acerca ya al SMI y con los pensionistas ganando peso específico en el conjunto de la población.

La propiedad del edificio será, por tanto, de la cooperativa, aunque si uno tiene que cambiar de residencia "recupera el dinero que ha puesto inicialmente -ese 35% del valor del piso que hay que aportar al capital social de la sociedad- más el IPC". No obstante, esta tipología de vivienda no está pensada para estancias de corta duración, sino más bien para aquellos que buscan asentarse, y más teniendo en cuenta la filosofía comunitaria del proyecto.

Anteproyecto del edificio de La Enramada en Oliver.

Anteproyecto del edificio de La Enramada en Oliver. / LA ENRAMADA

Y es que La Enramada, así como otros proyectos similares, no solo busca facilitar el acceso a la vivienda en un mercado con los precios disparados. "Aquí al lado del solar se están construyendo unos pisos que costarán entre 300.000 y 400.000 euros. Nuestro proyecto es más barato, pero también más sostenible y, sobre todo, en un entorno seguro".

Con ese entorno, Terol se refiere a la filosofía que hay detrás de este proyecto y que explica, por ejemplo, por qué se han reservado unos 1.000 metros cuadrados de la parcela a zonas comunes. Son espacios en los que los vecinos podrán compartir experiencias, ayudarse, cuidarse los unos a los otros. Convivir, como hace no tanto ocurría en unas ciudades que con el paso del tiempo se han ido deshumanizando.

"Esto no va a ser una comuna -matiza-. Para empezar estamos en un entorno urbano, en un barrio rodeados de otros vecinos y familias. Lo que buscamos es combinar precisamente que cada unidad familiar tenga su espacio de privacidad, en el que mantener su libertad, su autonomía y su ritmo de vida, con el hecho de vivir en un entorno seguro en el que poder ayudarnos entre nosotros", cuenta Terol.

En la actualidad ya son 15 los socios de este proyecto. "Nos faltan otros diez, estamos en fase de redimensionamiento", cuenta. Este mismo domingo han organizado una segunda visita al solar para dar a conocer entre los interesados qué es La Enramada y cuándo se convertirá en realidad. "Buscamos gente sobre todo entre los 45 y los 60 años por una cuestión de sostenibilidad del proyecto en el tiempo, pero estamos abiertos a personas de todas las edades", cuenta Terol.

Visita al solar de La Enramada hace unos días para informar del desarrollo del proyecto.

Visita al solar de La Enramada hace unos días para informar del desarrollo del proyecto. / SERVICIO ESPECIAL

Esa búsqueda de personas en la que los responsables andan inmersos responde a uno de los problemas que La Enramada ha tenido que afrontar. "Nosotros ya teníamos un proyecto hace tres años que estaba diseñado para 19 unidades de convivencia, pero con la guerra de Ucrania los precios de algunas partidas se nos dispararon en más de un 30%. Por eso hubo que redimensionarlo y decidimos comprar algunas parcelas más para que cupiésemos más gente", explica el hombre, siempre con ilusión y con un tono que solo usan aquellos que creen en lo que cuentan.

Si no hay más sobresaltos, en 2028 este edificio de viviendas podría dar ya la bienvenida a sus vecinos. Hasta entonces, Terol seguirá insistiendo y haciendo presión para que las administraciones aragonesas se impliquen y faciliten este tipo de promociones inmobiliarias basadas en la fórmula cooperativa. "En otras comunidades autónomas ceden suelo de forma gratuita a las cooperativas de vivienda. Eso a nosotros, por ejemplo, nos hubiera ahorrado un cuarto del coste inicial. Nada está adaptado a nuestra realidad, ni la fiscalidad ni la legislación", lamenta Terol. "Nosotros hemos tenido que apechugar con muchos costes por el hecho de estar abriendo una brecha en un muro, pero ojalá fuéramos los últimos y que en el futuro sea mucho más fácil".

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