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El barrio de Zaragoza que no quiere más maíz

Los vecinos del Picarral han mostrado su desacuerdo contra la decisión de permitir a Tereos ampliar sus instalaciones para construir una depuradora industrial

Un camión, a la salida de la fábrica de Tereos, esta pasada semana.

Un camión, a la salida de la fábrica de Tereos, esta pasada semana. / CARLA GREENWOOD

Alberto Arilla

Alberto Arilla

Zaragoza

Esta pasada semana, la fábrica de Tereos en Zaragoza dio un paso que, para muchos, supone su consolidación en el casco urbano de la capital aragonesa. Situada en el Picarral desde hace 60 años, entonces como Campo Ebro, la planta ya cuenta con todos los permisos para ampliar sus instalaciones y construir una depuradora en la que tratar sus propios residuos.

Se trata de una operación compleja y con muchas aristas, pero los vecinos del barrio de la margen izquierda del Ebro aseguran que "no van a parar" en su lucha por que la empresa se traslade a las afueras, a los polígonos industriales de la periferia de la ciudad.

El principal foco de conflicto, que no el único, está en la avenida Salvador Allende, una de las arterias principales del distrito, con varios institutos y residencias de ancianos, además de viviendas a las que aquejan las molestias que ya de por sí producen las instalaciones. "Trabajan las 24 horas y no paran ni un segundo. Y ahora llega el verano, cuando la gente prefiere dormir con las ventanas abiertas, por lo que las molestias son aún mayores", expone Ana Lasierra, presidenta de la asociación vecinal que, al igual que la avenida, lleva el nombre del expresidente chileno.

El fondo de la protesta no es tanto la instalación de la depuradora en sí, sino más bien la permanencia de la industria del maíz en un entorno consolidado. Algo anómalo en la capital aragonesa, ya que solo hay otros tres suelos calificados como "industrial tolerado": Averly, que ya ha desaparecido; Instalaza, que está en proceso; y La Zaragozana, que se ha llevado su producción a La Cartuja.

A los ruidos y olores, que Lasierra asegura que la depuradora no mitigará, se une el denso tráfico. "Un día, dos jubilados de toda la vida del barrio se sentaron a contar cuántos pasaban. Contaron 41 en una hora, que entraban y salían, por lo que son 82 vehículos en realidad. Y tres o cuatro llegaron a estar un rato parados en Salvador Allende", asegura la representante vecinal, quien fue una de las voces en el pasado pleno del Ayuntamiento de Zaragoza, al que varios vecinos acudieron para protestar contra la recalificación del solar en el que se instalará la depuradora. Dicha modificación salió adelante con los votos de PP y Vox, pero desde las entidades ya han decidido recurrir a los tribunales.

Protesta contra la depuradora de Tereos en el pleno del Ayuntamiento de Zaragoza.

Protesta contra la depuradora de Tereos en el pleno del Ayuntamiento de Zaragoza. / JAIME GALINDO

En el Picarral también se quejan por los fallos industriales que, si bien son puntuales, de vez en cuando asoman por las calles del barrio. El último, una fuga de almidón que tiñó de blanco varias calles de la zona de madrugada el pasado mes de noviembre.

"Son cosas que es normal que pasen. Lo que no es normal es que ocurran en la ciudad", añade Lasierra. Por ello pide que las administraciones se involucren en una salida pactada a la periferia industrial. "En Bilbao se acaba de hacer con dos industrias", sentencia.

En cualquier caso, la dificultad reside en que Tereos, a diferencia de Instalaza, por ejemplo, tiene su sede social en Francia, y por el momento no está en los planes de la empresa ese movimiento, como ya han trasladado al ayuntamiento. Otro de los argumentos empleados por quienes están a favor de la depuradora es los empleos que implican a los vecinos del barrio. Aunque esto también es rebatido por Lasierra: "La reubicación asentaría esos puestos, porque la deslocalización siempre está sobre la mesa".

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