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Cierra una histórica cafetería en el centro de Zaragoza: “La hostelería tiene que ser vocación”

Los hermanos Pardillo bajan la persiana de su negocio tras más de 40 años 

Cierra una histórica cafetería en el centro de Zaragoza: “La hostelería tiene que ser vocación”

Cierra una histórica cafetería en el centro de Zaragoza: “La hostelería tiene que ser vocación” / Jaime Galindo.

Zaragoza

“Es la primera vez que lo veo cerrado”. Una vecina del zona de Doctor Cerrada de Zaragoza se sorprende ante lo que ven sus ojos. Un bar de toda la vida tiene sus persianas bajadas un día cualquiera a media mañana.

Aunque parezca una escena típica del verano, no es lo que parece: no tiene las cristaleras envueltas en carteles de ‘cerrado por vacaciones’. Las cortinas del local tapan lo que antes fue un lugar lleno de risas y de birras, y dan la bienvenida a una triste despedida. 

Desde 1982, los vecinos del Distrito Centro disfrutan de cafés recién hechos en un pequeño local ubicado en la calle Dr. Horno Alcorta número 31, de la mano de Miguel Pardillo. Tras más de 40 años al servicio de su negocio, fue su hermano quien eligió relevarle con el tan preciado Café Marfil. “Realmente llevo trabajando aquí desde el 87, pero se jubiló mi hermano y me lo quedé yo”, cuenta José Ignacio Pardillo, actual dueño del bar. 

La jubilación de Miguel Pardillo le bastó a José Ignacio para adentrarse en el mundo de la hostelería, ya no como empleado, sino siendo su propio jefe. Todo cambió cuando esta situación llegó y, tras dos años frente al negocio, se dio cuenta de que necesitaba un cambio. “Llevarlo solo es muy duro, a estas alturas prefiero ganar calidad de vida”, se sincera el dueño. 

Un adiós "con pena mutua"

El Café Marfil ha sido un intenso desafío para José Ignacio Pardillo. A su hermano, Miguel, le apena esta temprana despedida: “Era muy reacio a traspasarlo, ya se ha dado cuenta de que no puedo seguir”. 

No es el único afectado; los vecinos echarán de menos a los hermanos Pardillo después de tantos años a cargo del Café Marfil. “La mayoría de los clientes son gente que viene siempre, entonces enfrentan el cierre con pena, con pena mutua”, afirma el propietario.

Pero este no es el fin del Café Marfil: “Salió la oportunidad de poder traspasarlo. Hay varios interesados, aunque todavía no está la persona concreta”. Próximamente, el Café Marfil pertenecerá a alguien diferente, a un apasionado de la hostelería. “Creo que la hostelería tiene que ser vocación, y a mí no me apasiona”, admite José Ignacio Pardillo.

El escritor y poeta francés Anatole France dijo una vez: “Todos los cambios, aun los más ansiados, llevan consigo cierta melancolía”. José Ignacio comienza una nueva etapa cerrando con pena su persiana, con el fin de que otra persona ocupe su lugar. Se podría decir que no es un adiós al Café Marfil, solo es un hasta luego. 

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