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El tranvía de Zaragoza y un debate político línea a línea

PP y PSOE han mostrado posturas radicalmente opuestas desde hace casi dos décadas en materia de movilidad, agudizadas en los últimos tiempos con la reivindicación de un segundo eje este-oeste

El tranvía pasando por la plaza España de Zaragoza en una imagen de archivo.

El tranvía pasando por la plaza España de Zaragoza en una imagen de archivo. / Laura Trives

Alberto Arilla

Alberto Arilla

Zaragoza

El tranvía cambió la movilidad urbana de Zaragoza para siempre. La forma de desplazarse de los zaragozanos mejoró de forma innegable -no en vano, es uno de los tranvías mejor valorados del país- y el sueño de la ciudad de los 15 minutos se acercó más que nunca a ser una realidad. Por lo menos, de norte a sur de la ciudad, eje por el que transcurren las vías de la, hasta ahora, única vía existente.

En cambio, no todo ha sido un camino de rosas. Tras años de estudios y alternativas (se llegó a plantear un metro con más paradas que el de Barcelona), en febrero de 2009 salió a la luz el contrato que permitiría a un consorcio formado por varias empresas construir, explotar y mantener la línea del tranvía durante los próximos 35 años.

El debate llegó a salir de lo político y derivar hacia lo judicial, alimentado por la oposición que en ese momento ejercía el PP en el ayuntamiento que gobernaba el socialista Juan Alberto Belloch. El caballo de batalla fue, entre otras cosas, el precio que se pagó. A día de hoy, los cálculos hablan de unos 315 millones de inversión global (incluyendo todo el proyecto, desde la urbanización hasta la concesión actual), que el consistorio aún sigue pagando.

Se trata de una deuda que va al alza cada año, debido al IPC, y que supone unos 20 millones anuales para las arcas municipales. Esto, en la parte económica. En la política, el futuro del tranvía sigue estando sobre la mesa. Los expertos hablan de la "necesidad" de ejecutar una segunda línea, este-oeste, que el PSOE usa ahora como bandera desde la oposición (antes como promesa electoral, aunque sin concretar ni recorrido ni cómo se financiaría) frente a Natalia Chueca.

Dos visiones

Sin embargo, desde el Gobierno municipal del PP siembran de dudas las opciones reales de construir esa segunda línea. No solo económicas, también técnicas (como un posible cruce entre dos trazados que estuviesen operados por distintas empresas), y sus políticas van en otra dirección, como demuestran, por ejemplo, las nuevas líneas circulares del bus urbano.

Por contra, en opinión del PSOE, los fondos europeos de la pospandemia "llevaban el nombre impreso de la línea 2 del tranvía", aunque desde la plaza del Pilar aseguran que las convocatorias no permitían construir tranvías. Tanto es así que reivindican el trabajo de Chueca como concejala de Movilidad en la pasada legislatura, viajes al ministerio incluidos, para lograr arrancar la llegada dos nuevos convoyes. Dos visiones, dos interpretaciones, que los dos principales partidos de la capital aragonesa hacen suyas para justificar sus acciones.

Y, entre medio, ha surgido el debate sobre la necesidad de ampliar la actual línea 1 hasta Arcosur (incluso Plaza) y, por el norte, hasta el hospital Royo Villanova. En los términos legales actuales, es una opción inviable. De hacerse, debería ser con un nuevo contrato, caro y complejo, por lo que ya se exploran nuevas alternativas. Una nueva variable que entra en una discusión que promete agudizarse en los próximos meses, en los que se encarará la recta final del mandato.

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