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La invasión de "bloques cebra" llega a Zaragoza: "No es estética, es pasotismo"

Un grupo de arquitectos han creado una cuenta de Instagram para denunciar lo que consideran la «comida rápida» del mercado inmobiliario, una tendencia consolidada que deja de lado su trabajo

Promoción de viviendas nuevas en la avenida Ciudad de Soria

Promoción de viviendas nuevas en la avenida Ciudad de Soria / Jaime Galindo.

Iván Trigo

Iván Trigo

Zaragoza

Se habrán dado cuenta. Es imposible no fijarse. Basta con alzar la vista en cualquier barrio de cualquier ciudad española en la que se están construyendo nuevas promociones de vivienda para que surja la siguiente pregunta: ¿por qué todos los edificios que se levantan son blancos y negros? La respuesta podría parecer inocente, pero un grupo de arquitectos se ha unido para denunciar la poca inocencia que existe dentro de esta tendencia constructiva y que dista mucho de ser una mera elección estética de dos colores que han dado nombre a este fenómeno que también inunda las calles de Zaragoza: bloques cebra.

Es así como se llama la cuenta de Instagram (@bloque_cebra) que nació el pasado mes de julio y que ya cuenta con casi 20.000 seguidores. En este perfil explican qué son estos bloques, por qué existen y, sobre todo, exponen que hay y tendría que haber alternativa para construir ciudades ya no solo más bonitas y menos uniformes, sino más habitables. «El principal problema de este fenómeno es que deja de lado la arquitectura, abandona lo que esta ha supuesto para la sociedad y limita el papel del arquitecto al de un burócrata que se encarga de sellar los proyectos. El problema no es el blanco ni el negro, sino que el blanco y negro representan la no elección. No se piensa, solo se construye. Que todos los bloques sean iguales implica que no ha habido ninguna reunión de la promotora con los arquitectos para decidir el color de las fachadas, la textura o la relación del edificio con su entorno. Las constructoras funcionan así en estos momentos: no saben cuál será la siguiente parcela en la que construirán un edificio, pero ya saben cómo serán las fachadas, las ventanas y los interiores», explican.

La primera consecuencia de este fenómeno es la más obvia, esto es, la homogeneización de las ciudades. Da igual en Bilbao, en Sevilla o Zaragoza. Los bloques cebra invaden las zonas en desarrollo de los términos sin tener en cuenta los barrios en los que se asientan o el clima. «Son el fastfood del mercado inmobiliario», lamentan desde la cuenta, que ha lanzado una iniciativa colaborativa en la que piden a sus seguidores identificar los edificios que se construyen de esta manera en España. Se cuentan por cientos. En la capital aragonesa no hay más que darse un paseo por el conocido como Barrio del AVE, la avenida Cataluña y otros distritos de nueva creación, como Arcosur para darse cuenta de la invasión.

Cuando desde esta cuenta de Instagram defienden el papel de la arquitectura saben que pueden sonar algo snob. Lo saben. Desde que irrumpieron en las redes sociales hay quien les ha recriminado que, dadas las necesidades actuales de vivienda y el alza de los precios, lo importante es poder construir rápido y barato para tratar de aumentar la oferta de pisos en el mercado y solventar la crisis. Pero lo que defienden este grupo de arquitectos es que los bloques cebra no son la respuesta ni pueden ser la solución y aseguran que el único beneficiado de este sistema de construcción son las promotoras, que ahorran costes.

Una ciudad sin barrios

«Nos venden que esto es lo moderno y lo vanguardista y no es así. Ni es moderno ni es más asequible necesariamente. El sistema cebra es transversal y hemos identificado desde áticos en edificios cebra que cuestan dos millones de euros hasta promociones de VPO. Los que ahorran son las promotoras cortando el proceso creativo de los arquitectos, que son considerados un estorbo y cuyo papel se reduce a la mínima expresión», explican, lo que en un futuro puede conllevar consecuencias. «En la arquitectura está todo inventado y en el pasado ya se construyeron barrios enteros sin tener en cuenta criterios arquitectónicos en los suburbios de grandes capitales después de la segunda guerra mundial debido a la necesidad de vivienda que existía entonces. Esos sistemas, con el tiempo, han acabado fracasando porque no han resultado habitables y se han convertido en guetos», explican.

Así pues, la cebra no es solo una cuestión estética. La arquitectura no es solo hacer edificios bonitos. «El blanco y el negro son el síntoma de un sistema que construye sin intención, donde la arquitectura se reduce a cumplir la normativa y a maximizar la rentabilidad. La cebra no se diseña: se tramita. Las ventanas son mínimas y son siempre las mismas, sea cual sea el edificio, y están agrupadas en franjas negras (de ahí la elección de este color) para disimular su tamaño. No es solo fea, la cebra es indiferente: a su entorno, a quien la habita y la rodea, a todo lo que la arquitectura debería ser. El cebrismo no es estética, es pasotismo urbano», explican en su cuenta de Instagram.

Otra de las implicaciones de este sistema y de la aplicación sin más discusión de los planes generales de las ciudades es el modelo de ciudad que crean. Los bloques cebra se configuran normalmente en urbanizaciones cerradas en las que la vida se hace puertas adentro, no en el barrio. «Lo cierto es que las promotoras no solo han conseguido imponer una estética, sino que han logrado construir un imaginario colectivo en el que vemos los bloques cebra como algo aspiracional, casi exclusivo. Venden un sentimiento de pertenencia a un espacio cerrado, sin bajos comerciales en muchos casos, al que solo puedes pertenecer si tienes la llave», explican. Y así el barrio y los espacios compartidos, comunitarios, las tiendas... todo eso deja de ser importante, lo que también trae ventajas para las administraciones, que pueden ver en este sistema una forma de ahorrarse tener que construir equipamientos públicos y de uso público como parques o centros cívicos. La vuelta a la España de la burbuja.

No obstante, este grupo de arquitectos dice desconocer de dónde viene esta estética que ha surgido después de que en España se abusara del ladrillo caravista en los años 2000. El negro, como se ha mencionado antes, permite disimular el tamaño de las ventanas. Y los paneles blancos prefabricados aportan una estética simple que no genera rechazo y que llega a todo el mundo. «Es una especie de estilo neoespañol», ríen.

Los acabados

Uno de los argumentos de las constructoras a favor de este sistema es que ha supuesto la llegada de la «industrialización» al sector de la construcción puesto que supone la utilización de bloques prefabricados (los paneles de las fachadas). «Pero eso no es industrialización, porque siguen utilizando un sistema constructivo obsoleto, el mismo que en las últimas décadas. Lo que buscan las promotoras es eficiencia de costes, su punto de vista es entendible, pero han conseguido crear un marco en el que la balanza está totalmente desequilibrada hacia sus intereses, dejando sin ninguna relevancia al valor que aporta la arquitectura, el urbanismo y el paisajismo a la calidad de los espacios en los que vive la gente», explican.

Otra ventaja de las cebras es la rapidez. Al no haber discusión sobre el diseño, al no haber reflexión sobre la integración en los espacios, al no invertir tiempo en el diseño, un proyecto puede estar listo para poder materializarse en cuatro meses. Sin el sistema cebra eso llevaría un año o año y medio. «La visión actual es muy cortoplacista. La arquitectura necesita tiempo, como cualquier profesión. Y renegar de ella traerá problemas», dicen. ¿Cuáles? «Ciudades no pensadas para ser habitadas. Viviendas que se venden como productos, como lavadoras. Son todas iguales y lo único que cambia es la certificación energética de cada una», señala. Esto explica también por qué los fondos de inversión internacionales se están fijando en España: el retorno de la inversión está asegurado y es más rápido que en otros países europeos. A costa, eso sí, de que dé igual vivir en La Coruña o Valencia. Los edificios son todos iguales.

Esas prisas con las que se construye ahora debido a que la demanda lo absorbe todo tiene también otros problemas. «Nos han llegado muchos testimonios de personas que han comprado viviendas de nueva construcción y donde los acabados dejan mucho que desear. Y no solo en VPO, también en pisos vendidos por cientos de miles de euros».

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