El Tubo se agrieta: la edad pasa factura a uno de los rincones más vivos de Zaragoza
El corazón turístico y gastronómico de la ciudad cumple una semana apuntalado con el compromiso de Urbanismo de acortar los plazos de cierre de la calle Estébanes para evitar la mala imagen de la ciudad

Rubén Ruiz
La semana pasada El Tubo amaneció con una de sus calles más populares cerrada tras el desprendimiento de parte de la fachada de uno de los antiguos edificios que habitan esta zona de Zaragoza tan demandada durante los fines de semana. Se trata de la calle Estébanes, donde el ayuntamiento ha declarado en ruina inminente el inmueble que abarca los números 12 y 14 por su lamentable estado y ha clausurado parte de la vía por seguridad. La realidad es que no es la única vivienda en este entramado de calles que corre el riesgo de sufrir la misma suerte. Tampoco es la primera vez que el consistorio se ve obligado a cerrar una de sus calles por seguridad. y a desalojar a sus residentes.
La degradación de las calles de El Tubo, polo de atracción turística y lugar de tapeo por excelencia, se está acelerando por múltiples factores que fuerzan al consistorio a actuar en su conjunto, más allá de las acciones puntuales urgentes que puedan estar llevándose a cabo. El principal: la edad de sus edificios.
Está en su planes, pero no a corto plazo. Actualmente el Ayuntamiento de Zaragoza se encuentra inmerso en un programa de inspección de edificios en el entorno de Pignatelli-Zamoray que, una vez finalice, se ampliará a otras zonas del Casco Histórico. Está previsto que dos zonas degradadas que comparten devenir a lo largo de los siglos sean objeto de esta atención pormenorizada: el barrio de La Magadalena y el propio entramado de calles entre entre Alfonso I, Don Jaime I, el Coso y Mendéz Núñez. Eso sí, por ahora no hay un calendario definido.

Deterioro El tubo / RUBEN RUIZ R / EPA
El Tubo tiene muchas similitudes con El Gancho, puesto que sus viviendas padecen los achaques de la edad, la falta de inversión y mantenimiento y la escasa o nula rehabilitación. Sin embargo, tienen importantes diferencias, sobre todo sociales, puesto que mientras que el primero está habitado, el segundo tiene un ambiente especial por los bares que le dan vida al mediodía y por las noches, pero poco más, porque cada vez son más las casas completamente vacías que necesitan una rehabilitación o, directamente, de reconstrucción.
Desde la concejalía de Urbanismo explican que la inspección al entorno del Tubo llegará en los próximos meses. Por el momento, se han comprometido a acortar al máximo posible la intervención de urgencia en el bloque clausurado para evitar que una de las calles más visitadas por los turistas se topen con la mala imagen que supone tener cortada la principal zona de tapeo de la capital aragonesa.
De forma paralela, los técnicos municipales están trabajando en los informes técnicos de los edificios en los números 8 y 10 de la calle Libertad, pues se teme que presenten una condición de ruina parecida a la de los números 12 y 14 de Estébanes. Los dos edificios presentan muros sólidos pero una degradación considerable de su estructura interior. Por ejemplo, en el caso de la casa situada junto a bodegas Almau, sus diferentes plantas llevan bastantes años apuntaladas.
El plan para el Tubo y el barrio de la Magdalena seguirá un proceso similar al realizado por los técnicos del Ayuntamiento de Zaragoza que el pasado mes de abril se iniciaron las visitas técnicas en la zona de El Gancho que han dejado hasta la fecha un balance de 19 inmuebles en perfecto estado y ocho edificios con deficiencias muy graves, lo que llevó a emitir cuatro desalojos por urgencia (alguno de ellos con una situación de okupación).
Zaragoza tiene un parque residencial muy envejecido. Alrededor del 60% de sus viviendas se construyó antes de 1980 y cerca del 46 entre 1940 y 1979, como sucede en el Casco Histórico, según el informe Diagnóstico de la ciudad de Zaragoza en clave de la Agenda Urbana realizado por Ebropólis.
El hecho de que en El Tubo muchas de sus viviendas estén vacías ha provocado que su degradación se haya acelerado. También la población que lo habita, mayoritariamente mayor o con rentas moderadas, sin capacidad para afrontar reformas. Para más inri, los dueños de los edificios no están dispuestos a invertir para poner a punto unos edificios obligados a pasar la Inspección Técnica de la Edificación (ITE).
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