Indignación en Navarra tras la nueva inversión de BSH en Zaragoza: el Gobierno de Chivite no descarta ir a los tribunales
El consejero de Industria, Mikel Irujo, asegura que estudian emprender acciones legales si detectan que ha habido "deslocalización" en Montañana o cualquier otra planta de la multinacional alemana

Jaime Galindo

La compra de una hectárea de suelo de la multinacional alemana BSH junto a su planta en Montañana, primer paso para una futura ampliación de sus instalaciones en Zaragoza, ha registrado los primeros ecos más allá de las fronteras aragonesas. Especialmente, en la comunidad vecina, Navarra, donde la antigua Balay ultima el cierre de la fábrica de Esquíroz, que afecta a más de 600 trabajadores y que ya está desmantelando sus instalaciones tras dejar de producir desde hace unas semanas frigoríficos.
Dos operaciones que se han realizado en momentos similares y que han llevado al consejero navarro de Industria, Mikel Irujo (Geroa Bai), a reaccionar tras la noticia adelantada en exclusiva por EL PERIÓDICO DE ARAGÓN este pasado martes. Lo ha hecho este miércoles, en una entrevista en Onda Cero Navarra, en la cual Irujo ha explicado que el Gobierno foral de la socialista María Chivite está estudiando emprender acciones legales contra BSH si detectan que ha habido "deslocalización".
"La empresa lo ha negado desde el minuto uno (la deslocalización), por lo que no está en el ERE. Pero, si lo es, pensaremos en adoptar medidas legales", ha detallado el consejero, que ha sido muy duro con la actitud de la multinacional durante el proceso. "Han hecho todo lo que no hay que hacer, lo han deshumanizado", ha sentenciado Mikel Irujo. Fuentes de la consejería han matizado a este periódico que, además, Irujo también se refería a la posible expansión de la antigua Balay en otros países como Polonia o Turquía. Es decir, solo emprenderían acciones legales si esa ampliación de Zaragoza, o en cualquier otra planta, sirviese para fabricar los mismos productos que se han dejado de hacer en Navarra.
En cualquier caso, pese a que Alemania ha autorizado la primera inversión en la capital aragonesa, la que ha permitido a la planta de Montañana comprar dos parcelas colindantes, de forma cuasi paralela al cierre en Esquíroz, a priori no parece que en este caso concreto se cumpla esa premisa que podría acabar en los tribunales. Y es que, como ya se ha citado, en la fábrica navarra se producían hasta hace bien poco frigoríficos y lavavajillas, mientras que en Montañana los electrodomésticos que se elaboran son placas de inducción (es la mayor planta de BSH en el mundo) y hornos.

La presidenta navarra María Chivite, a su llegada a una de las últimas Conferencia de Presidentes. / C. Ortiz / Europa Press
Por su parte, en La Cartuja Baja, la línea de producción se ciñe a las lavadoras. En esta fábrica, por cierto, se van a incorporar en las próximas semanas un mínimo de tres trabajadores de Esquíroz, a los que la firma alemana de elctrodomésticos ha ofrecido una reubicación tras el cierre de la factoría del municipio navarro, situado a 175 kilómetros de la capital aragonesa. La antigua Balay también está presente en Plaza, donde tiene su sede corporativa y su centro logístico. En total, BSH emplea en Zaragoza a unas 3.000 personas.
Los próximos pasos en Montañana
De vuelta a Montañana, los planes pasan ahora por culminar el proceso de recalificación de los suelos que la compañía germana acaba de adquirir, que son residenciales. Esta operación todavía se dilatará en el tiempo, entre dos y tres años, aunque ya se ha dado un primer paso en la Gerencia de Urbanismo del Ayuntamiento de Zaragoza con un pronunciamiento favorable apoyado por los dos principales grupos políticos, PP y PSOE, y sin ningún voto en contra.
Una vez termine todo el proceso burocrático, BSH ya tendría la capacidad de expandir sus instalaciones en Montañana, aunque su idea en estos momentos, a expensas del desarrollo de los acontecimientos, pasa más por una reorganización para optimizar el proceso productivo que por una apuesta por nuevos productos, más allá de las placas de inducción y los hornos que elabora actualmente. En concreto, la multinacional considera clave esta ampliación para asegurar la "continuidad del negocio" y poder incorporar un equipamiento de "última generación".
Lo que sí está claro es que este movimiento reafirma la apuesta de BSH por Zaragoza, su epicentro productivo en España, donde, más allá de las lindes de la capital aragonesa, todavía conserva una planta en Santander, especializada en placas de gas. Fuera de las fronteras nacionales, la compañía también va a cerrar de aquí a 2028 dos fábricas en Nauen (lavadoras) y Bretten (hornos y campanas extractoras), ambas competencia interna de La Cartuja Baja y Montañana y que suman cerca de 1.500 trabajadores.
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