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La interminable historia de Averly: la fundición que se resistió a convertirse en viviendas de lujo

Las deudas contraídas por la sociedad que constituyó la familia Hauke precipitaron la venta de los suelos cuyas naves fueron catalogadas y protegidas parcialmente

Carlota Gomar

Carlota Gomar

ZARAGOZA

Averly guarda en su interior auténticas reliquias de una fundición que desde finales del siglo XIX proporcionó todo tipo de piezas y maquinaria. Al menos, en lo que queda de esta antigua fábrica, tan importante en la Zaragoza industrial del siglo XIX que acabó cerrando en 2011 por las deudas de la sociedad que constituyó la familia Hauke, lo que precipitó la venta de estos suelos tan golosos y bien ubicados, toda una mina a explotar. Bien lo sabían en el Grupo Brial, que puso el ojo en la antigua fundición desde el primer momento y acabó comprando el terreno para construir un complejo de viviendas de lujo que este mes de diciembre recibirá a sus primeros vecinos.

Cristina Hauke era, junto a su hermano Guillermo y su tía Carmen, copropietaria de Averly antes de la venta a Brial. En una entrevista en EL PERIÓDICO DE ARAGÓN explicó que impulsaron la operación de venta acuciada por las deudas tras el cierre en el 2011. "En 2010 hubo un ere y se tomó la decisión de no hacerlo de extinción, porque era trágico pensar en echar a trabajadores que llevaban toda la vida allí o en tener que cerrar la empresa. Pero eso derivó en que ellos nos demandaron a nosotros y tuvimos que despedirlos en julio del 2011", declaró entonces. Tenían que indemnizar a los trabajadores y el montante ascendía a 600.000 euros que no tenían.

En un primer momento confiaron en cubrir los gastos con la deuda que había contraído el consistorio con la familia por la expropiación de un terreno de la avenida Escrivá de Balaguer, pero el dinero llegó tarde y la negociación con los bancos y los empleados no fructificó, así que optaron por vender este negocio familiar para poder saldar cuentas. En un primer momento intentaron salvar parte de la que había sido la fundición familiar pero los interesados pedían todos los suelos. Brial fue la apuesta ganadora y la que ha sufrido la presión ciudadana, contraria a acabar con esta joya industrial, la burocracia, el papeleo y los plazos administrativos y los de la Justicia. La Asociación de Acción Pública para la Defensa del Patrimonio Aragonés (Apudepa) llevó hasta el Tribunal Superior de Justicia de Aragón el plan de derribo de Averly y la construcción de viviendas.

Tras muchas protestas, idas y venidas, Patrimonio consideró como Bien Catalogado del Patrimonio Cultural Aragonés desde 2013 la entrada principal, la vivienda de la familia, el edificio de oficinas, el taller de ajuste, la red y dependencia de canalización de aguas, la red de transporte interno, el archivo de la empresa Averly, y algunos bienes muebles. El resto se demolió una vez que el TSJA, en 2016, rechazó el recurso de casación de Apudepa en el que pedía ampliar el grado de protección a su totalidad al considerar "insuficientes" los informes periciales que presentó la asociación.

El Gobierno de Zaragoza en Común (ZeC) llegó a negociar con el Grupo Brial para ofrecerle otros suelos con una rentabilidad similar en los que construir su complejo residencial pero las conversaciones no llegaron a buen puerto debido a "diferencias en la valoración de la edificabilidad" en estos terrenos alternativos y a la indemnización a asumir por el consistorio de llevarse a cabo dicha permuta. Así que se inició el derribo en julio de 2016, tras varias protestas ciudadanas a las puertas de la fábrica, cuando comenzó el derribo de las naves no catalogadas.

Las que quedan en pie se destinarán a equipamientos. Al menos ese fue el acuerdo alcanzado entre el consistorio y Brial, aunque todavía no ha tomado ninguna decisión al respecto.

Doce años después, Brial está a punto de terminar la primera de sus promociones en este entorno, cuyos vecinos empezarán a llegar el próximo mes de diciembre y estrenarán la "microciudad" con pisos de lujo impulsados por la promotora en un enclave que se ha convertido ya en la 'milla de oro' de Zaragoza.

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