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Fernando Simón en Zaragoza: "Si no entendemos que el cambio climático amenaza la salud de las personas, mal vamos a ir"

El epidemiólogo zaragozano fue cooperante de Medicus Mundi en África durante los años noventa. En el 50 aniversario de la ONG aragonesa, recuerda su etapa como médico voluntario y reflexiona sobre la pandemia.

Fernando Simón, este jueves en Zaragoza.

Fernando Simón, este jueves en Zaragoza. / MIGUEL ANGEL GRACIA

ZARAGOZA

Cuando llegó a África en los años 90 como voluntario de Medicus Mundi había países sumidos en guerras civiles y graves problemas. ¿Qué recuerda de aquella experiencia y de cómo se vive la medicina en medio del conflicto?

Recuerdo la falta de recursos y la necesidad de ser muy buenos en el trabajo. Había que lograr el máximo impacto con los medios disponibles. Desde el punto de vista profesional, fue una gran escuela: enfermedades infecciosas, salud pública… Era un ámbito donde el impacto del trabajo se veía con claridad.

Conoció la cooperación sobre el terreno. ¿Los médicos jóvenes conservan ese mismo espíritu?

Creo que, igual que entonces, hay de todo. Me relaciono con muchos médicos jóvenes porque en la unidad donde trabajo vienen a hacer rotaciones. Algunos están muy comprometidos, otros un poco menos, pero todos tienen su forma de entender el mundo. Ves gente con una visión amplia y solidaria, que entiende la interrelación entre poblaciones y países; y ves también quienes se centran más en su día a día. No creo que haya grandes diferencias con respecto a mi época, solo formas distintas de expresarse y de relacionarse. Probablemente la sociedad también ha cambiado, y no se pueden abordar los problemas del mismo modo, pero el compromiso, en el fondo, sigue siendo el mismo.

La salud global es hoy un concepto muy presente tras la pandemia. ¿Cómo cambió al mundo?

Radicalmente. Somos 9.000 millones de habitantes, frente a los 6.500 millones de 1950. La movilidad de personas y productos han generado nuevos riesgos. Hemos sido eficaces para dar de comer al mundo, de vestirlo, de que la gente tenga un teléfono móvil... pero hemos sido muy poco eficientes y hemos generado una cantidad de residuos que está provocando un cambio climático que nos está comiendo la tostada.

¿Se es consciente de verdad de que el cambio climático está ahí?

Nos amenaza constantemente, ya no solo desde el punto de vista de la biodiversidad, del acceso a recursos, sino de la salud. El cambio climático ahora mismo es una de las mayores amenazas para la salud de las personas. Tenemos que aceptarlo de alguna forma. Es real, y si no lo entendemos, mal vamos a ir.

Hay gente que no cree en que sea algo tan relevante y grave.

El problema es que muchos de los que tenemos capacidad de decisión actualmente fuimos formados en los años 70 y 80 y no lo tenemos tan incorporado a nuestro modus vivendi como los jóvenes, que son quienes nos tienen que enseñar y liderar. Nos deben hacer entender que está ahí y cómo afrontarlo. Nosotros podemos ayudar desde nuestra experiencia, pero desde luego tenemos que entender que el cambio ha sido muy grande y muy rápido. Y eso no facilita que las personas que tenemos ya unos cuantos años de experiencia nos adaptemos tan fácilmente a este nuevo mundo.

¿Qué se le puede decir a quien no cree en el cambio climático? ¿Cuál debe ser el mensaje?

Decir, decir, poco. Existen tres grupos: los que valoran la evidencia científica, los que simplemente no piensan en ello y los que creen en dogmas. Contra los dogmas es muy difícil actuar.

¿Y_qué se debe hacer?

Nuestra opción es informar a quienes no se lo plantean, a quienes pueden cambiar de opinión con buena información. Los negacionistas solo cambiarán cuando vean el impacto en sus propias carnes. Si no, es muy difícil cambiar las creencias. La información rigurosa y bien interpretada debe estar siempre disponible para todos. Es la única vía posible. Ahí tenemos que trabajar todos.

La pandemia provocada por la COVID-19 parece cosa del pasado. ¿Cómo ve desde la distancia aquellos días de incertidumbre y presión mediática?

Con la distancia actual, lo veo distinto. Entonces no tenía tiempo para pensar en la presión mediática: trabajábamos 16 horas al día todos los días. La parte mediática era un pedacito pequeño de todo aquello. Teníamos muchas responsabilidades y poco margen para detenernos en lo demás. No tenía tiempo para preocuparme por ello porque teníamos cosas muy importantes que accionar, los equipos que tuvimos que gestionar, todos los expertos con los que había que hablar y discutir, todo el trabajo que había que hacer. Con la perspectiva que da el paso del tiempo, veo que la presión formaba parte de todo.

¿España está preparada para afrontar otro desafío sanitario?

Completamente preparados no lo estaremos nunca, pero sí estamos mejor. Ahora contamos con profesionales con experiencia y se han desarrollado muchas acciones a nivel autonómico, nacional, europeo y global. Eso no significa que no vuelva a ocurrir, pero el objetivo es que el impacto sea menor. Y aunque lo fuera, la percepción del riesgo debe seguir siendo la misma: siete millones de muertos son inaceptables, y tres millones también lo serían dentro de diez años. Los sistemas no son infalibles, pueden ser muy buenos, pero infalibles no.

¿Se puede llegar a repetir?

Es algo posible, pero espero que no fuese con el mismo impacto. Si se diese, el objetivo sería precisamente ese, que sea menor. Lo que sí debemos tener claro es que la percepción del riesgo para la población debería ser la misma.

En estos momentos siguen vigentes restricciones en las granjas por los brotes de gripe aviar. ¿Hasta cuándo cree que se mantendrá la alerta y qué factores determinarán que pueda darse por superada esta situación?

Se han incrementado las restricciones en los últimos días porque ha habido un aumento de la transmisión desde las aves silvestres, a través de sus secreciones y excrementos. El problema es que ya se ha detectado el virus en algunos mamíferos, lo que implica un riesgo añadido-

¿Es una enfermedad que puede llegar a ser peligrosa para los seres humanos?

Desde 1997 no se ha confirmado una transmisión sostenida entre humanos. Ahora el objetivo es proteger nuestras explotaciones y reducir el riesgo de contagio a los trabajadores, aunque no se tiene ninguna evidencia de que ese virus pueda transmitirse a la población. Que el virus aparezca en una explotación ganadera implica tener que sacrificar prácticamente a todas las aves, y eso es una pérdida enorme. Además, hay que reducir el riesgo de que estas aves se infecten y que puedan llegar a contagiar a los seres humanos. Lo lógico es que las restricciones se mantengan mientras se sigan detectando casos en aves silvestres.

Si pudiera enviar un mensaje a los cooperantes que hoy trabajan en nombre de Medicus Mundi Aragón, ¿qué les diría desde su experiencia de médico, voluntario y epidemiólogo?

Que merece la pena. Continuad, porque merece la pena. Es un trabajo duro, con muchos sinsabores y situaciones difíciles, pero es gratificante y muy útil. No hay que desfallecer en algo que demuestra, más que nada, que los seres humanos somos humanos.

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