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La intrahistoria de un PSOE dividido en Zaragoza: quién es quién en el grupo que busca hacer sombra a Chueca

El cese de Horacio Royo en Urbanismo ha sido el último movimiento que ha ahondado aún más en la crisis interna del equipo de Lola Ranera

La portavoz socialista en el Ayuntamiento de Zaragoza, Lola Ranera, en el último pleno.

La portavoz socialista en el Ayuntamiento de Zaragoza, Lola Ranera, en el último pleno. / Pablo Ibáñez

Alberto Arilla

Alberto Arilla

Zaragoza

La labor de la oposición nunca es fácil. Menos, en un momento de bonanza económica, en el que los proyectos prometidos por quien ejerce el poder pueden ser ejecutados, entrando en una espiral de anuncios, obras y cortes de cinta que siempre resaltan más que una promesa. Ese contexto es, precisamente, el que le lleva tocando vivir al grupo municipal del PSOE en el Ayuntamiento de Zaragoza. Una labor opositora ya de por sí difícil y a la que se suman las constantes polémicas por la crisis interna entre las distintas sensibilidades del partido, que han ido variando a lo largo de la legislatura y que se ve representada, día sí otro a lo mejor, en las caras, los gestos y los movimientos que afectan al equipo de diez concejales que lidera Lola Ranera.

El último, el cese de Horacio Royo en Urbanismo, relegándolo a Presidencia, en un intercambio de papeles con Ros Cihuelo. Un ida y vuelta que no solo se ciñe a lo meramente institucional, ya que la situación que promete esperarle a Royo en el año y medio que queda de mandato será similar a la que vivió Cihuelo hasta que Pilar Alegría heredó el trono de Javier Lambán. Pero, para entender la intrahistoria de una guerra interna interminable, conviene subrayar quién es quién en un grupo cada vez más fragmentado.

El sector más tradicional, el que representa al lambanismo, está ocupado ahora por tres concejales. Uno, claro, es Royo, quien para más inri apoyó a Darío Villagrasa frente a Alegría en la precampaña para las primarias del partido. A él se suman Marta Aparicio y Chema Giral. La primera, que lleva los asuntos de Hacienda en el consistorio, tiene una trayectoria en el ayuntamiento que se vio interrumpida en 2019, cuando Alegría se presentó a la alcaldía en unas elecciones que, por cierto, ganó a Jorge Azcón, aunque los números no le dieron. Lambán se la llevó al Pignatelli, como directora general de Patrimonio, y Ranera la recuperó en 2023 para la causa municipal. Giral, por su parte, fue el último jefe de gabinete del presidente autonómico. Y los tres están en la ejecutiva provincial de Teresa Ladrero.

La posición de Ranera en el partido ha sido siempre mucho más fiel a la dirección. Sonado fue su apoyo a Alegría, apenas unas horas antes de que Villagrasa desistiese en el intento de pujar por la secretaría regional con la ministra portavoz del Gobierno de Pedro Sánchez. La actual líder de la oposición, una "funcionaria de partido" con más de dos décadas dedicadas a la política, como la definió la politóloga Carmen Lumbierres cuando se confirmó su candidatura, tiene un tirón innegable en su barrio, El Rabal. Ahí ha vivido toda su vida, ahí sigue viviendo y ahí empezó a fraguar tras el verano el golpe sobre la mesa contra Royo.

Pese a que el PSOE todavía no ha confirmado quién será la candidata (o candidato), Ranera se ha puesto el traje electoral, como atestiguan las breves explicaciones oficiales dadas para justificar el cambio en Urbanismo. Quiere hacerse fuerte y llegar con un grupo lo más homogéneo y alineado con Alegría posible. De ahí la apuesta por Cihuelo, que rompió con el lambanismo a principios de legislatura y fue consecuentemente apartada del día a día público.

Una misión complicada

La misión es complicada, tanto por el ambiente interno como por la propia composición de una lista que se hizo cuando Lambán era el secretario general. Un ambiente que, reconocen algunas fuentes dentro del partido, siempre trasciende. En ese sentido, no son solo una ni dos las voces socialistas que comparan, en negativo, la forma de lavar los trapos sucios en el PSOE que, mismamente, en el PP.

La bancada socialista, en el último pleno del Ayuntamiento de Zaragoza.

La bancada socialista, en el último pleno del Ayuntamiento de Zaragoza. / Pablo Ibáñez

A su lado, como portavoz adjunto, Ranera tiene a Alfonso Gómez Gámez, otro histórico del partido que no comulgaba con el sanchismo y que ha sido restituido recientemente en su cargo tras aparecer mencionado de forma muy tangencial en los informes de la UCO sobre el caso Koldo. Por el momento, ha recuperado su sitio tras dar las explicaciones pertinentes al partido y ha renovado su liderazgo en la agrupación local Centro 1, una de las más numerosas. Aunque ese expediente interno le dejó fuera de la ejecutiva de Ladrero, tras haberse quedado antes, como el resto de líderes locales, sin sitio en la de Pilar Alegría.

La fotografía del grupo la completan cuatro concejales, dos de partido y dos independientes, aunque ya afiliados. En estos últimos, apuestas personales de Ranera, están Paco Galán, cada vez con más peso en los plenos, y Eva Cerdán, quien sufre un distanciamiento evidente con quien fue su valedora, lo que la ha relegado a un tercer o cuarto plano. La lista de ediles socialistas la cierran Ana Becerril, reconocida sanchista y de apariciones escasísimas, y Guillermo Ortiz, el más joven del consistorio, que fue de número 10 tras rechazar el puesto Florencio García Madrigal y se ha estrenado este mandato en la casa consistorial.

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