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La Zaragoza del futuro y las claves para no caer en los errores del pasado: "El denominador común es la precariedad"

El profesor Daniel Sorando, experto en sociología urbana, reflexiona sobre los retos a los que se enfrenta una ciudad en expansión y las consecuencias que tendría repetir el modelo previo al estallido de la burbuja en 2008

Varios niños juegan en una plazoleta del joven barrio zaragozano de Arcosur.

Varios niños juegan en una plazoleta del joven barrio zaragozano de Arcosur. / Miguel Ángel Gracia

Alberto Arilla

Alberto Arilla

Zaragoza

Son las 16.00 horas y un zagal de 17 años camina por Arcosur con su mochila. Junto a sus padres, se acaba de mudar al emergente barrio zaragozano hace seis meses, pero sigue yendo a su antiguo instituto, en el Actur. Todos los días camina 20 minutos hasta el tranvía, en Valdespartera, y recorre la ciudad de esquina a esquina en media hora. A media tarde llega a su nuevo hogar, en el que no tiene un círculo social con amigos de su misma edad, ya que el perfil de Arcosur se centra más bien en parejas jóvenes con hijos pequeños. Es solo un caso que pone en alerta los retos en la expansión de la capital aragonesa, cada vez más cerca de la Z-40 y que no se centra exclusivamente en el Distrito Sur.

El urbanismo de finales de los 90 y principios de los 2000, con la burbuja inmobiliaria cada vez más hinchada antes de estallar en 2008, dejó varias lecciones que conviene no repetir para no crear una Zaragoza nueva pero sin alma. Así lo alerta Daniel Sorando, profesor de la Universidad de Zaragoza especializado en la sociología urbana. Las causas de esa mudanza de la gente joven a la periferia son de sobra conocidas, desde la casi nula oferta (muy cara, además) a la acaparación de los pisos que van quedando libres por inversores y alquileres turísticos. Por ello, Sorando hace especial énfasis en las consecuencias, todas ellas con un denominador común: la "precariedad".

"La primera consecuencia es humana. Con este modelo, se produce un desarraigo. Hasta la crisis de 2008, las encuestas señalaban que el principal factor a la hora de elegir donde empezar una nueva vida era la cercanía con los amigos y la familia", explica, comparando el modelo de los países del sur de Europa con el resto del continente, especialmente al norte, donde las políticas sociales permiten una menor dependencia del entorno. "Ahora no hay opción de elegir", añade el sociólogo zaragozano, que pasa a un segundo punto: la pérdida de "identidad y carácter de barrio".

"Las redes de relaciones cotidianas se rompen y, para compensar la precariedad, tienes que desplazarte hasta ellas", dice Sorando. El caso de Arcosur, de nuevo, es un paradigma, ya que el abandono al que sus primeros vecinos han estado sometidos durante más de una década ha forjado una fuerte cohesión para luchar por lo que necesitan. Y la receta para acompasar el crecimiento previsto manteniendo la identidad del barrio es clara, según el profesor universitario: lo público.

"Que aumente la densidad de población es bueno, porque es desolador ver a una persona con el carrito de la compra por un desierto. Pero debe extenderse con equipamientos y transporte público, cuya falta ha sido un problema clásico. Si no existen, la precariedad socioeconómica se agrava porque se privatizan las necesidades. Es un círculo vicioso", opina Sorando, quien detecta una «dimensión que alcanza al género".

Individualismo y dinámicas poblacionales

Una tercera consecuencia del modelo –"que no les va mal a quienes lo diseñan", admite irónicamente– es el fomento del individualismo. "Al final, en una ciudad segregada, tienes relación solo con los de tu bloque y es muy difícil fomentar una idea del bien común. Y puedes acabar como Los Ángeles", vaticina, hilando este último ejemplo nuevamente con la necesidad de tejer redes de transporte público que hagan depender menos del vehículo privado, con un modelo "mucho más sostenible".

Pero Sorando, ahora mismo, ve todo lo contrario: "Se están introduciendo dinámicas en Zaragoza que, hasta ahora, solo había visto en Madrid, sobre todo, y cada vez más en Barcelona. Esto provoca una nueva capa de desigualdad entre quienes pueden permitirse vivir en las zonas consolidadas y quienes no. Por ejemplo, si necesitan dos horas diarias para desplazarse y no las pueden invertir en otras cosas".

De igual modo, pese a las dificultades de predecir un futuro en el que la pirámide poblacional se invertirá, el sociólogo advierte de un nuevo riesgo, "añadir a la segregación económica y de clase un sesgo de edad". "Si diseñas barrios tan homogéneos, no tienes flexibilidad. Y esto también fomenta la polarización, pues cada vez hay más gente con tres o más casas y cada vez hay más gente que no tiene ninguna", subraya, incidiendo en otros factores como la "próxima crisis, que no tardará y también afectará a las dinámicas poblacionales".

"Ahora crece la población gracias a la inmigración, pero si vuelven las vacas flacas dejará de haberla, crecerán los impagos e igual baja la vivienda, pero igualmente nadie podrá pagarla", sentencia Sorando, antes de dejar una reflexión final. "Si metemos a tantísima gente en Zaragoza, ¿cómo vamos a luchar contra la despoblación", concluye.

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