Desarrollo urbano: la Zaragoza que crece frente a la ciudad «que merece la pena»
Los expertos en demografía alertan de que si la calidad de vida de los habitantes se resiente debido a la falta de planificación o a la expansión desordenada «el crecimiento se convierte en un fracaso social»

Uno de los buses del entorno metropolitano de Zaragoza en Torres de San Lamberto. / Jaime Galindo / Jaime Galindo.

Zaragoza se encuentra en un momento crucial de su desarrollo. La llegada de inversiones hace cada vez más probable que la ciudad de los 700.000 habitantes se supere ampliamente, un momento en el que los expertos en demografía reclaman «priorizar la calidad de vida» y no buscar el crecimiento desaforado.
El geógrafo Ángel Pueyo subraya que el verdadero objetivo de Zaragoza no debe ser «competir en tamaño» contra otras capitales puesto que la obsesión por el crecimiento puramente cuantitativo, si no va acompañado de una planificación social y económica sólida, «puede generar más problemas que beneficios».
«¿Qué pasa si vienen cincuenta mil personas pero no tienen la capacidad de comprar una vivienda? Pues que tenemos un problema», resume. Por eso incide en que el aumento de población «debe ser sostenible» con «modelos residenciales dignos y de calidad» para sus nuevos y sus antiguos habitantes.
Otra de las claves, según el investigador de la Cátedra de Territorio, Sociedad y Visualización Geográfica de la Universidad de Zaragoza, Sergio Valdivieso, está en desarrollar «una ciudad de tamaño óptimo» manteniendo «una excelente calidad urbana» de forma que la capital aragonesa sea «un lugar que merezca la pena».
Este cambio de paradigma pasaría por garantizar buenas zonas verdes y la proximidad de servicios esenciales a todos los barrios, así como por la consolidación «de un robusto sistema de transporte público que reduzca la dependencia del vehículo privado».
El contexto de crecimiento económico actual es un buen momento para definir el rumbo de esa ciudad futura. «No se trata de generar puestos de trabajo, sino de que estos tengan la suficiente calidad que permita a la población, especialmente a los jóvenes, acceder a una vida digna y a una vivienda sin caer en la precariedad, pues la expansión económica no puede ser una excusa para el deterioro urbano», indica Pueyo.
En su opinión, si la calidad de vida de los habitantes se resiente debido a la falta de planificación o a la expansión desordenada «el crecimiento se convierte en un fracaso social».
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