EL PERIÓDICO DE ARAGÓN presenta 'La ciudad destruida', un viaje en el tiempo por la Zaragoza antigua: "Buscamos más la concienciación que la nostalgia"
Sus autores, José María Ballestín y Antonio Tausiet, han aclarado ciertos aspectos del libro previamente a su presentación en la capital aragonesa

EN IMÁGENES | El Periódico de Aragón presenta 'La ciudad destruida' / Laura Trives
EL PERIÓDICO DE ARAGÓN ha presentado este martes en la sala Pilar Sinúes del Paraninfo de Zaragoza Memoria visual de Zaragoza. La ciudad destruida, un libro en el que la capital aragonesa viaja a su pasado perdido con 498 imágenes que documentan dos siglos de derribos, transformaciones y olvidos urbanos. Sus autores, José María Ballestín y Antonio Tausiet, han reivindicado la necesidad de concienciación y memoria histórica ante una ciudad que, según afirman, “se ha caracterizado tanto por construir como por destruir”.
La abundancia de material responde a una razón dolorosa, pero evidente: “son tantas las cosas destruidas en la ciudad que hemos necesitado introducir más imágenes de las habituales”, explica Tausiet a este diario. El volumen ofrece un recorrido de dos siglos en el que se aprecia cómo Zaragoza ha construido parte de su identidad, paradójicamente, a través de la desaparición de su propio patrimonio.
Aunque el autor reconoce que hoy existe una mayor transparencia y vigilancia social sobre las decisiones urbanísticas, advierten que esto no impide que sigan produciéndose pérdidas estructurales. “Las cosas están un poco más difíciles para los destructores”, afirma Tausiet, “pero aún hay casos recientes que reflejamos en el libro”. Cada capítulo funciona así como un recordatorio de que la transformación urbana continúa y de que la memoria colectiva necesita herramientas para entender y cuestionar esos procesos.
El propósito de la obra, subraya el investigador, no es despertar nostalgia, sino concienciación. “La nostalgia sirve para los sentimientos individuales, pero no para la recuperación de la ciudad”, señala. Por eso destaca especialmente la introducción del libro, donde los autores explican el sentido de toda la recopilación. Desde el capítulo 1 al 5, cada sección aborda una temática distinta, culminando en un último capítulo dedicado a la sociedad y a aquellos elementos cotidianos que también han desaparecido sin dejar rastro.
Para José María Ballestín, hablar de una sola destrucción inevitable en Zaragoza sería simplificar una historia marcada por numerosas decisiones que han llevado a la pérdida de patrimonio. El autor recuerda que, durante el último siglo, muchos derribos se ejecutaron sin valorar si aquello que desaparecía merecía otra oportunidad, quizá con "un uso distinto o adaptado a nuevas necesidades". En La ciudad destruida, ambos autores muestran no solo lo que desapareció, sino también qué ocupó su lugar, invitando a reflexionar sobre si el intercambio ha sido siempre una mejora o, por el contrario, un empobrecimiento urbano.
Entre los ejemplos más recientes, Ballestín cita casos como el convento de Jerusalén, el de Santa Inés o el colegio de Jesús y María, edificios derribados antes de que existiera un debate real sobre su conservación. Aunque reconoce que la concienciación social es hoy mayor, insiste en que la verdadera responsabilidad recae en quienes tienen capacidad de decisión. Muchas de estas pérdidas, explica, se justificaron alegando la ausencia de protección legal, pese a las advertencias de especialistas y ciudadanos. “La ciudadanía sigue siendo un sujeto pasivo”, lamenta, incapaz de intervenir en procesos que transforman de forma decisiva su propia ciudad.
El libro también pretende generar una reflexión más profunda sobre la identidad urbana de Zaragoza. A través del análisis de sus derrumbes y desapariciones, ofrece una visión de "la ciudad que fue y que ya no es", cuestionando si las nuevas edificaciones aportan un valor equiparable al patrimonio perdido. Para Ballestín, uno de los capítulos más significativos es el dedicado a los edificios civiles: casas nobles y palacios que fueron demolidos con sorprendente facilidad. Su desaparición dejó una ciudad distinta, en ocasiones más pobre en carácter, y anima a evaluar si la capital aragonesa de hoy en día ha sabido estar a la altura de lo que una vez tuvo.
La publicación editada por EL PERIÓDICO DE ARAGÓN ya está disponible tanto en los puntos de venta habituales como en la sede del diario (calle Hernán Cortés 37) a un precio de 18 euros junto con el ejemplar.
- Mercadona cerrará este mes una de sus tiendas con más clientela de Aragón para reformarla
- CAF Zaragoza, una fábrica a toda máquina: roza los mil trabajadores con trenes y tranvías para 14 ciudades
- Muere un joven de 24 años en un accidente de tráfico en Villanueva de Gállego, segundo fallecido en Aragón en menos de 24 horas
- La Piedra 64, el restaurante que cambió la moda de las hamburguesas por los bocadillos más originales de Zaragoza: “Hago guisos de la abuela entre pan”
- El ocaso de las tiendas de informática en Zaragoza: 'Cuando monté el negocio la arroba era una novedad
- Cuándo sabrán los aragoneses si tienen que estar en una mesa electoral en las próximas elecciones
- Así era y así será la avenida Valencia de Zaragoza
- El DAT Alierta de Zaragoza estima un impacto de 100 millones anuales y ya tiene fecha estimada para las obras