Zaragozeando
Este es el almez centenario que ha visto jugar al Zaragoza y busca ser árbol del año
El almez centenario del polémico parque del centro de Zaragoza, ahora rodeado de vallas tras el desalojo de su asentamiento de personas sin hogar, está a punto de ser nombrado Árbol del Año como un «acto de esperanza» para reconocer la necesidad del arbolado urbano

El almez del parque Bruil sin hojas y con su doble vallado, esta semana en Zaragoza. / Josema Molina

El parque Bruil de Zaragoza sigue siendo objeto de polémicas. Estas semanas permanece rodeado de vallas para evitar que las personas sin hogar que habían establecido un asentamiento en su interior puedan volver a levantar las construcciones en las que se arremolinaban a pasar la noche. En otras ocasiones los vecinos han protestado por la falta de cuidados o por la falta de instalaciones públicas. Sin embargo, el próximo 17 de diciembre el espacio verde puede volver a los titulares por acoger en su interior uno de los árboles del año en España.
El elegido podría ser un robusto almez (Celtis australis), también conocido en aragonés como litonero, que ha sido durante décadas un referente del parque y un punto de encuentro para vecinos y visitantes. El árbol, según relata la divulgadora ambiental Olga Conde, ha observado durante años la historia de la ciudad y constituye «un símbolo de vida y esperanza» que permitirá, si sale elegido, «reconocer la importancia de los árboles urbanos, imprescindibles para que las ciudades sigan siendo habitables». Para votar se puede acceder a esta página web y hay que seleccionar un candidato de cada categoría.
En 2015, varias asociaciones solicitaron al Ayuntamiento de Zaragoza la intervención de expertos en arboricultura ante los signos de deterioro del árbol. Gracias a esa acción colectiva, en 2017 el consistorio procedió a vallar y proteger el entorno del almez, evitando así el estrés causado por la compactación del suelo que comprometía su crecimiento. Desde entonces, el árbol ha recuperado «su esplendor y se mantiene frondoso y vigoroso, como símbolo de un esfuerzo común», según destacan las entidades promotoras. Aunque eso sí: en otoño se despoja de sus hojas evocando una calma invernal.

El árbol en su esplendor rodeado de vecinos.. / El Periódico de Aragón
Conde sabe que la elección definitiva será complicada, pues el ejemplar zaragozano compite, entre otros, con un árbol valenciano, en el área de Paiporta y con un tilo avilés, ambos con grandes posibilidades. Pero incide en que el aragonés lleva «más de cien años resistiendo» y que nunca se ha amilanado ante las adversidades que lo han rodeado.
Su historia, como cuenta Conde, es peculiar, aunque no se sepa cuando brotó o fue plantado. Sí que se conoce que el espacio que lo alberga formaba parte en la antigüedad de unos terrenos propiedad de los frailes agustinos que en virtud de la desamortización de Mendizabal fueron vendidos al banquero y comerciante Juan Bruil, miembro de una familia de origen francés que construyó en el recinto una finca con una gran cantidad y variedad de árboles y arbustos. De hecho, según un inventario en 1985 todavía acogía un millar de árboles de 50 especies diferentes, siendo el espacio con más riqueza botánica de la ciudad.
Juan Bruil, que según indican llegó a esbozar un proyecto de ferrocarril hasta Canfranc y a redactar un borrador para hacer navegable el Ebro desde Tudela y poder comerciar con Cataluña, siempre entendió que su jardín privado era una parte importante para la vida de los zaragozanos y permitía que fuera visitado por los vecinos en los días festivos.
Con el paso de los años el terreno tuvo otros propietarios, acogiendo el campo de fútbol del Real Zaragoza, un canódromo o un parque de automóviles durante la guerra civil, entre otros usos. En estas épocas el almez se mantuvo firme y en 1956 la zona fue adquirido por el consistorio para hacer un parque que recibió el nombre de aquel fundador, según explica Conde.
«En la actualidad este árbol constituye un testigo vivo de la historia del barrio y de la ciudad, de la vida que se ha desarrollado en este entorno, del respeto a la naturaleza de múltiples generaciones y de la participación ciudadana que sigue defendiendo los árboles que constituyen un refugio climático ante las altas temperaturas», explica la también autora de un libro de referencia sobre la historia del parque.

El acceso al almez está ahora restringido por vallas en el parque Bruil. / JOSEMA MOLINA
La iniciativa de presentar el almez al concurso surgió de un movimiento vecinal respaldado por numerosas asociaciones culturales, educativas, ecologistas y vecinales de los barrios de San Agustín, Tenerías, La Magdalena, San Miguel y Las Fuentes. Ahora confían en los votos de la ciudadanía para lograr un triunfo que en el pasado consiguió que la carrasca milenaria de Lecina obtuviera el reconocimiento a nivel europeo. Los vecinos han convocado este domingo un acto de reivindicación para honrar su memoria.
Conde celebra la pervivencia durante decenas de años de este ejemplar en un momento en el que el arbolado urbano sufre un progresivo deterioro, con talas masivas o heridas por la mala gestión de los ejemplares. Por eso confía en que el viejo ejemplar del noble Juan Bruil logre un reconocimiento único que sirva como ejemplo para cambiar las dinámicas naturales de la capital aragonesa.
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