El cubrimiento del Huerva en Constitución: sus 'tesoros' ocultos y su vínculo con el Parque Grande y las 'casas baratas' que acabaron siendo de lujo
La construcción de la losa que oculta el río entre la plaza Paraíso y el paseo de la Mina de Zaragoza se hizo por cinco millones de pesetas y conserva vestigios intactos como el famoso puente de Santa Engracia, previo al plan para expandir la ciudad

Obras de cubrimiento del río Huerva en la Gran Vía, entre la calle Goya y la plaza Paraíso. 1925. / Coyne

El Ayuntamiento de Zaragoza ha puesto la maquinaria administrativa a funcionar para acometer una reforma que podría considerarse histórica en la ciudad. Casi un siglo después de construirse, el cubrimiento del río Huerva en el tramo de 750 metros que conecta la plaza Paraíso con el paseo de la Mina, en la trasera del colegio de Corazonistas, está más cerca de reformarse, sacando a la luz muchos de los secretos que mantiene escondidos bajo el asfalto de uno de los bulevares más transitados por viandantes y coches de la capital aragonesa.
Se gastarán cerca de 5 millones de euros en reformar una losa de hormigón que costó unos cinco millones de pesetas construir en los años 20 del siglo pasado. Bajo este bulevar que hoy es una de las calles más transitadas de la ciudad, mucho más desde que Zaragoza puso en servicio la línea del tranvía, todavía hoy se conservan vestigios de lo que fue en su día esta parte de la ciudad sin el cubrimiento. Alguno de ellos intactos, como el puente de Santa Engracia, el paso que salvaba el río antes del cubrimiento a la altura de la plaza Paraíso y que salió a la luz con la construcción del eje norte-sur entre Valdespartera y Parque Goya.
Justo cuando estos trabajos incluyeron la reforma del cubrimiento del Huerva en el tramo de Gran Vía, una sustitución de esta losa que también estuvo a punto de hacerse con el de Constitución y que acabó posponiéndose por si algún día el tranvía pasaba por este punto en el eje este-oeste, entre Delicias y San José y Las Fuentes. Nunca más se supo de ese ambicioso proyecto que llegó a tener precio estimado y varios diagnósticos de los técnicos municipales que atestiguan su deterioro provocado por el paso del tiempo y la falta de intervención del ayuntamiento.
Esta inacción ha hecho que el subsuelo de Constitución y Paraíso mantenga los vestigios que, como el Puente de Santa Engracia, hoy son testigos de la Zaragoza de 1922, año en el que la ciudad elaboró el proyecto del cubrimiento que comenzaría años después, en 1925, en este tramo y en el de Gran Vía. Provocado, fundamentalmente, por la expansión que se quería para la ciudad. Un plan de ensanche que incluía otro gran proyecto ambicioso que avanzaría en paralelo al cubrimiento, la construcción del Parque Grande (hoy José Antonio Labordeta), y el impulso de un plan de 'Casas Baratas' que estaba llamado a poblar toda la margen derecha del Huerva desde el entorno de lo que hoy es el paseo Fernando el Católico y la plaza San Francisco hasta llegar a la calle Santander y Violante de Hungría.
Porque el cubrimiento del Huerva entonces atendía a una importante necesidad de construir vivienda, a raíz del despegue urbanístico del entorno de la Huerta de Santa Engracia, que empezó a impulsar la construcción de vivienda en dirección a un Huerva que en aquellos años era el extrarradio de Zaragoza. Como curiosidad, para la historia de la ciudad siempre quedó que el primer promotor de vivienda en esa zona fue Leonardo Manuel Buñuel González, padre del ilustre cineasta aragonés Luis Buñuel, que levantó un primer bloque al que le siguieron muchos otros después. El Huerva, para entonces solo era un río con unas pocas casitas a los lados. Pero en pocos años, ese ensanche impulsado desde Santa Engracia y el entorno de la Plaza de los Sitios hacia el exterior, fue haciendo cada vez más necesario salvar el río, que dejara de ser un obstáculo.
Eso dio lugar al proyecto de las Casas Baratas, redactado en 1922, y también, un año después, en 1923, a la concesión que sacó a concurso el ayuntamiento para asumir esta construcción en lo que podría considerarse la primera gran operación especulativa de Zaragoza. Resulta que la concesión se le adjudicó a la empresa Rapid Cem Fer, que llegaba apadrinada por el Conde de Romanones y un arquitecto de su confianza, pero que acabó quebrando poco después por las denuncias presentadas por la cooperativa El Hogar Obrero.
Hasta 1928 no se retoma el proyecto, esta vez a cargo de la Sociedad Zaragozana de Urbanización y Construcción, y Zaragoza amplió su objetivo a la construcción de diez mil viviendas en la amplia zona comprendida entre la línea del ferrocarril en lo que hoy es la avenida Goya, la calle de Domingo Miral, el parque de Buenavista y los paseos de Ruiseñores y Sagasta. Pero también acabó quebrando y en 1934 es el arquitecto Miguel Ángel Navarro quien redacta el Plan General de Ensanche y el ayuntamiento quien acaba subrogándose las obras, menos ambiciosas y de carácter más social, que acabó limitándose a la construcción de la Ciudad Jardín. Años más tarde, buena parte de ese espacio que Zaragoza preveía en el plan de las Casas Baratas acabó llenándose de muchas de las viviendas de lujo que hoy siguen en pie.
Para entonces, el cubrimiento del Huerva en Constitución ya había terminado, en 1928 en una primera fase, la que Zaragoza necesitaba para extenderse, hasta llegar a la altura de la calle Mefisto y León XIII. La culminación del proyecto hasta el paseo de la Mina, donde hoy termina el cubrimiento, en la trasera del colegio Corazonistas, se acometió a finales de los años 60. Con el río ya muy encauzado, se construyeron grandes bloques de hormigón que son los que hoy permanecen en el subsuelo de Constitución hasta que el río vuelve a la vista de todos antes de pasar bajo el puente de la calle Miguel Servet. Varias generaciones hoy aún desconocerán que esa losa se construyó en dos fases y con tantos años de diferencia, pero ese avance en este paseo, entonces llamado de Marina Moreno y durante toda la época franquista, es el que mandaba la ciudad para crecer. Eso es lo que ha marcado siempre el avance de las obras antes de que se convirtiera en parte del centro de Zaragoza.
Otra de las curiosidades que guarda este cubrimiento era la forma de costear esta obra. Todos estos planes de expansión, en aquella época, requería de financiación del Estado, que entonces lo que hizo fue facilitar un crédito que iba devolviendo con lo que se llamaba la "décima", que funcionaba como una especie del actual IVA y que era un 10% de la contribución de la industria y el comercio al Estado, además de cobrarles impuestos especiales a los propietarios de los suelos que se iban a ver beneficiados con la revaloroización que acarrearía el cubrimiento y el plan de expansión de la ciudad. Y el ayuntamiento, para ganarse ese crédito del Estado, debía elaborar ese Plan de Ensanche que finalmente no fue como se pretendía. Pero para entonces la losa ya estaba terminada y el futuro de Zaragoza, que entonces tenía poco más de 141.000 habitantes, ya estaba lanzado para muchas más décadas de crecimiento.
Se actuó sobre el Huerva y se creó el Parque Grande, con una inversión de 8 millones de pesetas en total (fueron 28 incluyendo otras obras como la red de abastecimiento y saneamiento en ese ensanche), porque la ciudad necesitaba habilitar 490 hectáreas de suelo para construir vivienda. Porque casi duplicó su población en solo 30 años: en el año 1900 Zaragoza tenía 99.000 habitantes, en 1910 ya eran 111.704, en 1920 ya sumaba 141.350, y en 1930, con el cubrimiento ya terminado y la ciudad lanzada a construir pisos, se llegó a 173.987 habitantes. Es decir, casi 75.000 más en solo 30 años.
Un incremento que provocó que, ya antes de acometer estas obras para la expansión, se hubieran llegado a construir 7.000 viviendas de nueva planta en solo una década. La ciudad necesitaba más viviendas en poco tiempo, algo que empieza a parecerse lo que ahora vive Zaragoza, con 700.000 habitantes, medio millón más que hace un siglo, porque quiere ganar 100.000 en menos de una década.
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