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La castañera de la plaza San Miguel, una institución de Zaragoza a sus 72 años: "No me quiero jubilar. Me lo paso muy bien aquí"

Pilar Monzón Polo lleva desde 1983 vendiendo castañas desde esta esquina del centro de Zaragoza

Pilar Monzón Polo lleva desde 1983 en su puesto de castañas de la plaza San Miguel.

Pilar Monzón Polo lleva desde 1983 en su puesto de castañas de la plaza San Miguel. / MIGUEL ANGEL GRACIA

Iván Trigo

Iván Trigo

Zaragoza

Pocas cosas le hacen torcer el gesto. Ni la lluvia ni el frío le incomodan, pero las máquinas que llevan semanas picando el asfalto frente a su caseta no le hacen mucha gracia. "Este año está la cosa un poco jodida. Con las obras sigue pasando mucha gente pero no se paran. Sí se nota sí", responde cuando le preguntan sobre si la reforma de la plaza San Miguel está haciendo que disminuyan las ventas. Ella es Pilar Monzón Polo, tiene 72 años y lleva desde 1983 asando castañas en una esquina de esta céntrica plaza de Zaragoza.

Monzón es toda una institución en la ciudad. Ella misma cuenta que hace poco le mandaron una guía en la que aparecía como uno de los monumentos que hay que visitar. "Me lo envío mi hermana", ríe. Y es que la risa es una de las constantes de esta castañera que da calor humano a una ciudad que, como toda gran urbe, pierde cada día su identidad ahogada por la reproducción de multinacionales y franquicias con los mismos letreros y los mismos productos estén en la calle Alfonso de Zaragoza o en la Gran Vía de Madrid.

Pilar vende la docena de castañas a cinco euros.

Pilar vende la docena de castañas a cinco euros. / MIGUEL ANGEL GRACIA

Así, por suerte para la capital aragonesa, Pilar Monzón lo tiene claro y ni su edad ni las obras la van a retirar de momento: "No me quiero jubilar. Aquí hablo con uno, con otro... me lo paso muy bien. Mientras esté bien aquí estaré. Mucha gente me pregunta pero si sigo aquí es porque me encanta", explica. Y siempre con una sonrisa.

Detrás de la lumbre sobre la que asa las castañas, Pilar ha visto pasar a varias generaciones de zaragozanos y es que para eso lleva 43 años en la plaza San Miguel. "Viene gente con sus hijos que ya venían cuando eran pequeños con sus abuelos", asegura. Y por conocer ha conocido varias plazas diferentes. "Yo empecé antes de la anterior remodelación. Creo que la hicieron en el 87 o así, cuando llevaba yo poco tiempo", explica.

"Aquí está la alcaldesa", le dice un vecino de la zona al pasar. Y es que Pilar, para muchos, es una indispensable. La saludan cada día decenas de personas. "No faltamos nunca. En invierno con las castañas y en Semana Santacon las palmas. Le compramos siempre a ella", dice una clienta habitual. "Nos conocemos ya desde hace por lo menos 12 años", añade. "Sí porque tus hijos eran pequeños", afirma la vendedora mientras da un meneo al carbón. "El día que se jubile no sé que haremos", replica la compradora.

Las vallas de la reforma de la plaza San Miguel rodean el puesto de Pilar desde hace semanas.

Las vallas de la reforma de la plaza San Miguel rodean el puesto de Pilar desde hace semanas. / MIGUEL ANGEL GRACIA

Cuando Pilar comenzó a vender castañas, una docena valía un duro, cree recordar. Hoy cuesta cinco euros. "A mí me ha subido todo. Tengo todavía el primer recibo que pagué al ayuntamiento. Entonces eran 25 pesetas por toda la temporada. Hoy en día no te lo voy a decir", cuenta tranquila mientras añade frutos a la lumbre. ¿El secreto de una buena castaña? "No hay. Hacerlas despacico", cuenta sin darle más importancia.

Pilar Monzón no solo es querida en Zaragoza. En su pueblo, La Puebla de Híjar, es también toda una institución. "Este año me hicieron pregonera de las fiestas", cuenta. Allí monta siempre un puesto de juguetes en la plaza del ayuntamiento, tanto en Semana Santa como en las fiestas patronales. "Siempre lo veo todo desde allí, pero no me importa. Soy feliz así", zanja. El otoño y el invierno se lo pasa en su esquina de la plaza San Miguel, esa misma que le debe tantos saludos y tantas conversaciones.

El secreto de una buena castaña asada es hacerla "despacico".

El secreto de una buena castaña asada es hacerla "despacico". / MIGUEL ANGEL GRACIA

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