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Carmen Bermúdez, paciente con esclerosis múltiple en Zaragoza: "Pese a todo, esta vida no la cambio por nada"

En torno a 1.500 personas en Aragón están diagnosticados de esta enfermedad que no es ni hereditaria, ni contagiosa, ni mortal

Carmen Bermúdez, en la residencia de Fadema en Zaragoza.

Carmen Bermúdez, en la residencia de Fadema en Zaragoza. / EL PERIÓDICO

Zaragoza

Hoy, 18 de diciembre, se conmemora el Día Nacional de la Esclerosis Múltiple, una fecha dedicada a la sensibilización social sobre esta enfermedad crónica, inflamatoria y neurodegenerativa que afecta al sistema nervioso central y que suele diagnosticarse en edades jóvenes, entre los 20 y los 40 años. En Aragón, en 2025 hay aproximadamente 1.500 personas diagnosticadas que conviven con síntomas que pueden incluir fatiga, problemas de visión, debilidad muscular y alteraciones cognitivas.

Carmen Bermúdez tiene 60 años, es cordobesa, pero lleva más de 30 años residiendo en Zaragoza. Con tres hijos en pleno crecimiento, llevaba una vida normal hasta que hace casi 20 años le diagnosticaron esclerosis múltiple. "Me lo detectaron tarde. 10 años antes, los médicos le echaban la culpa a mis migrañas, pero tiempo más tarde empecé a arrastrar la pierna, se me doblaba la mano a la ligera... El neurólogo se llevaba las manos a la cabeza", explica a este diario.

La noticia le cayó como una jarra de agua fría, tanto a su por entonces marido e hijos, como por supuesto a su familia. "Sentí un miedo terrible, al principio lloraba durante muchísimas noches y sentía que no podía más", expresa. Sin embargo, como ella misma dice, "hay que tirar para delante" y ver la vida de otra manera, pese a que lo tenga que hacer sentada desde una silla de ruedas. "Pasé de tener que ir agarrada todo el rato, al andador y finalmente a estar en una silla, pero yo no me siento menos que nadie".

Antes del diagnóstico su vida ya era ajetreada y ahora, habiendo perdido la movilidad en las piernas, sigue siéndolo. "Al principio trataba de hacer lo que podía y me caía 40.000 veces, ni te lo imaginas. Ahora no soy menos, hago yoga, terapia ocupacional, musicoterapia y trabajo con el fisio. Sigo siendo una persona normal, no soy diferente a nadie", subraya sobre las actividades que realiza en la residencia de la Fundación Aragonesa de Esclerosis Múltiple (Fadema) situada en Zaragoza, a la que acude desde hace cuatro años.

Cuando se divorció en 2019 se fue a vivir sola de alquiler, y varias trabajadoras sociales le ayudaban con su vida diaria por la mañana y por la tarde, pero "se me hacía mucha bola el alquiler y las tares", dice, así que dio el paso y accedió a esta residencia. Carmen se ha adaptado a su nueva vida. "Mis hijos tienen 38, 37 y 27 años, con sus respectivos trabajos, maridos y mujeres y mis cuatro nietos. No quiero ser una carga y cada vez que puedo cojo un taxi y voy a verlos. Casi acudo yo más a ellos que ellos a mí, pero no me importa", apunta la cordobesa.

Concluye su testimonio con un mensaje alentador para aquellos que estén en su misma situación, poniendo en valor que los años hay que aprovecharlos. "Pese a todo lo que he pasado, esta vida no la cambiaba por nada, esto te hace más fuerte. Yo soy feliz, me levanto todos los días con una sonrisa, ya que antes de mi diagnóstico en lo último que pensaba era en mí, ahora he aprendido el valor de ver las cosas más pequeñas. Esto al fin y al cabo forma parte de ti y hay que vivir con ello", remata.

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