Palabras que dan vida a nuestros mayores: "La soledad es muy mala. Estaba cansado de hablar con la pared. Aquí soy feliz"
Los talleres 'Nos gusta hablar' impulsados por el servicio del Mayor del Ayuntamiento de Zaragoza han demostrado ser una herramienta muy efectiva para garantizar compañía

Manuel y Mario interpretan una parte de la obra de teatro que representaron ante todo el centro. / Laura Trives

Manuela es la más alegre de todos aunque a veces le tienen que pedir que guarde silencio. Ángeles es la que más se ríe y viene de propio desde Torrero. Mario dinamiza las conversaciones cuando se genera un silencio, si es que eso pasa. Victoriano es el más imaginación tiene a la hora de recordar su vida, aunque habrá quien diga que se inventa alguna anécdota que otra. Y Julio es el culpable de que el resto de personas aparezcan en estas lineas. Todos ellos y alguno más son parte de un grupo de personas mayores que se juntan hasta cuatro veces a la semana en el centro de convivencia de mayores Luis Buñuel de Zaragoza con un objetivo: hablar.
Pero no se trata de hablar por hablar y, aunque alcahuetear está muy bien, su presencia en estas charlas está justificada por un motivo que casi todos comparten y que resulta muy duro de escuchar y difícil de creer cuando uno escucha la alegría con la que charlan. Ese motivo no es otro que la soledad, una soledad no deseada que pesa mucho, reconocen, pero que han conseguido combatir gracias al programa Nos gusta hablar del servicio del Mayor del Ayuntamiento de Zaragoza.
"Vine porque me sentía muy sola. No hay más. La soledad es muy mala, hijo. Y este grupo ahora son mis amigos. Son mi segunda familia. Sola estaba muy triste y aquí estoy muy bien", cuenta Ángeles, de 88 años, una de las integrantes de este nutrido grupo. El resto comparten la misma sensación.

Tres de las participantes en el taller del Buñuel. / Laura Trives
El programa Nos gusta hablar nació en el año 2017 en el centro de mayores de Santa Isabel y hoy está presente en doce de estos equipamientos repartidos por toda Zaragoza. Y aunque su dinámica sea sencilla, juntarse y hablar, sus beneficios son incalculables y tienen una base científica detrás según indicó el Instituto Aragonés de Ciencias de la Salud, quien participó en el proceso que impulsó estos talleres. Según su aportación, hay un número de relaciones personales "cara a cara" que tienen que ocurrir a diario para mantenerse sano y prevenir enfermedades.
El programa es por tanto un intento -bastante exitoso- de cubrir ese número de interacciones sociales necesarias y favorecer así la salud comunitaria. El testimonio de Francisco, Paco, sirve como ejemplo. Él ya lleva un tiempo viniendo al taller de Nos gusta hablar del Buñuel. Fue una recomendación de su psicóloga en un momento en el que no lo estaba pasando bien. "El día que llegué a casa después de la primera sesión mi hijo me preguntó que de dónde venía tan contento. Desde entonces no falto nunca. La soledad es muy mala, no es amiga de nadie. Yo me cansaba de hablar con las paredes. Nunca responden", reconoce sincero. Sus palabras son replicadas por el resto. "Yo estaba igual", coinciden muchos.
Temas prohibidos
Las sesiones duran una hora y media y su funcionamiento cambia un poco en función de cada centro. En algunos casos son personas contratadas las que dinamizan las charlas. En otras, como es el caso, son voluntarios y socios de los propios centros los que se encargan de moderar los talleres. En el Buñuel, Julio asume ese papel. Él ya puso en marcha una actividad similar en el centro de convivencia de Mayores de San Blas y fue el encargado llevarlo al Buñuel. "Le tenemos que estar todos muy agradecido", dice Mario, el más joven del grupo con 64 años.
En las sesiones también hay normas. Hay tres temas de conservación prohibidos: la política, el deporte y la religión. "Siempre se nos cuela algo pero procuramos que dure poquico", ríe Julio, quien explica que no siempre es fácil preparar temas para todos los talleres.
El grupo, no obstante, es muy agradecido y uno de los que mejor funciona de toda la red de centros de mayores. «Nos llevamos muy bien. Mañana (por el viernes) hemos quedado todos a comer por Navidad. Y muchos días, cuando acabamos el taller hay grupos que se quedan tomando algo. Ese es el objetivo, socializar», explica.
"Ni Lina Morgan"
El centro de mayores del Buñuel, inaugurado hace poco más de un año, también les debe mucho y es que la alegría y las ganas de estos mayores no solo llenan la sala en la que tiene lugar el Nos gusta hablar. También participan en muchas de las actividades que organiza el centro. Hace poco, por ejemplo, hicieron una obra de teatro. «La directora estaba muy asustada», ríen. "Pero todo salió bien", dice Julio, autor de la obra. "Yo me sentí como si lo hubiera hecho toda la vida. Ni Lina Morgan", añade Manuela, la más traviesa de todas.
Esa directora a la que mencionan es Esther Calvo. Todos tienen buenas palabras para ella. «Al principio su despacho daba a nuestra sala. Siempre nos decía que nos reíamos mucho pero no le debíamos molestar porque tardó bastante en cambiar de oficina», explican. "Es majísima", añade otra de las participantes.
Entre los asistentes también hay parejas. Vicente viene con su mujer y es el mayor de todos. La cabeza no le va muy bien, dice él mismo, pero físicamente es un roble y lo demuestra. Sin esfuerzo se pone de pie y, sin doblar las rodillas, alcanza a tocarse la punta de los pies con las manos. Ángeles, en frente, le ve y se suma: "Yo también puedo".
Cada uno de ellos aporta sus vivencias. Ana, por ejemplo, es de Colombia. Teresa y Ángel son matrimonio y vienen juntos. Flora está "solica en casa" y aquí se entretiene. Fina antes no tenía planes y ahora no entra en casa. Josefina lamenta no haberse enterado antes de la existencia del grupo, que descubrió al asomarse por la puerta cuando acompañaba a su marido a echar la partida. Rosalina estaba cansada ya de hacer sopas de letras en casa, se apuntó y ahora se divierte mucho más. Todos están mejor hoy que antes y gracias al sencillo y a veces revolucionario acto de hablar y hacerse compañía.
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