ANÁLISIS POLÍTICO
La cuestionada autoridad de Vox en Aragón: la estrategia de Abascal tensiona al partido y dinamita los presupuestos de Zaragoza
Es el primer año desde que Vox llegó al ayuntamiento zaragozano en 2019 que tumba unos presupuestos que, además, había negociado y pactado previamente

Natalia Chueca y Julio Calvo durante la presentación de presupuestos en 2024. / RUBEN RUIZ

Hace seis años que Vox entró en el Ayuntamiento de Zaragoza. Desde entonces, el portavoz de la formación ultra, Julio Calvo, se ha esmerado en vender un mismo discurso que hasta la propia alcaldesa le compró: que la política municipal estaba completamente desligada de la nacional y autonómica. Al menos en la capital aragonesa.
Ayer Vox demostró que no es así, o, mejor dicho y por ser justos, que ya no es así. Su decisión de no aprobar el proyecto de presupuestos está directamente relacionada con el contexto de la (bronca) política nacional, donde la pugna de sus líderes se ha colado de lleno en la política local y autonómica. Es más, pocos dudan de que ha sido la dirección de Madrid la que ha decidido por el grupo municipal de Vox en la capital, restándole toda su autoridad, como ya sucedió con la formación en las Cortes de Aragón cuando Santiago Abascal decidió, primero, romper peras con todos los gobiernos autonómicos y, segundo, imposibilitar los acuerdos presupuestarios, lo que ha llevado a Aragón a unas elecciones anticipadas.

Momentos antes de la rueda de prensa de los cuatro concejales de Vox. / EL PERIÓDICO
Especialmente llamativo es lo que ha sucedido en Zaragoza, donde la regidora no ha tenido nunca reparos en ceder ante las exigencias de Vox para conseguir así la estabilidad. Un entendimiento que también se había producido hasta ahora, puesto que el proyecto de presupuestos que presentará el próximo lunes Chueca está negociado y acordado con los ultras, los mismos que ayer salieron en rueda de prensa para decir, ahora, que no apoyarán sus cuentas. Lo hicieron además los cuatro concejales juntos, algo bastante inusual. "El motivo era suficientemente importante como para hacerlo así", decía Julio Calvo.
La Zona de Bajas Emisiones
En público, el motivo de esta decisión se reduce la Zona de Bajas Emisiones (ZBE) principalmente. Dicen desde la formación que hay más otros motivos, como el incremento de la financiación externa a través de préstamos bancarios, la situación de las sociedades municipales o de la antigua cárcel de Torrero. "Llevamos seis años pidiendo su desalojo", recalcaba Calvo. Y poco más, porque vuelven a lo mismo, a su fijación con la ZBE, un proyecto impulsado y exigido desde Europa, que salió adelante gracias a la abstención de Vox, que avaló el proyecto del PP, y que de no aplicarse supondría la pérdida de millones de euros en concepto de subvención de la UE.
Negacionistas del cambio climático (y otros asuntos), defienden que la decisión se ha tomado en el grupo municipal y que Madrid se ha limitado a apoyarles. Otras fuentes consultadas por ese diario apuntan a que fue su líder, Santiago Abascal, el que dio la orden de no ceder y no aceptar esa ZBE que tanto daño -parece- les hace.

Concejales de PP y Vox votando conjuntamente durante una sesión plenaria. / Jaime Galindo. / EPA
El ejemplo de Sevilla
Esta amenaza no es nueva, si no que se lo pregunten al alcalde de Sevilla, José Luis Sanz, que tuvo que tragar y aceptar las exigencias de los ultra, como flexibilizar la Zona de Bajas Emisiones y que haya más control en el empadronamiento de inmigrantes. Esto último, por cierto, ya se aplica en Zaragoza, donde las entidades sociales ya no pueden empadronar a las personas sin hogar.
Lo cierto es que resulta extraño este cambio de guion de Vox que, digan lo que digan, no es ajeno al contexto nacional. Más aún si se tiene en cuenta que Vox negoció y aprobó las ordenanzas municipales y que llevan semanas haciendo lo mismo con las cuentas de 2026 en las que habían logrado incluir proyectos que llevan su nombre.
En política ya se sabe, pocas cosas son accidentales y hace días que en el Gobierno de Natalia Chueca se temían esta decisión. Aragón está en precampaña, una situación que bien puede extenderse a todo el territorio nacional, con la política tal y como está. Si algo ha dejado claro Abascal durante la campaña extremeña es que él es más importante que el propio candidato regional, protagonizando los mensajes y acaparando los titulares en lugar de ceder espacio a Óscar Fernández.
Y en su línea, ha acabado dinamitando la estabilidad que desde hace seis años había dado a los gobiernos del PP en Zaragoza, primero el de Jorge Azcón y ahora el de Natalia Chueca. Una decisión medida y calibrada que se hace pensando en la política nacional, donde Abascal sabe que su estrategia le funciona, restándole votos al PP que van a parar a los ultra.
Ahora se abre un nuevo horizonte en Zaragoza y la alcaldesa ya piensa en la cuestión de confianza, una herramienta que le permitirá ligarla a los presupuestos y, en caso de no tener alternativa -como sucederá salvo sorpresa mayor-, aprobar sus cuentas. Lo que está claro, avisan desde el PP, es que la relación con Vox no será la misma. Se acabaron las cesiones. Se acabaron las fotos de PP y Vox y se acabaron las buenas palabras. Bueno, esto último hace tiempo que se ha perdido en política.
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