Zaragoza esconde árboles centenarios en sus barrios: algunos premiados, otros ya desaparecidos
En 2006 el Ayuntamiento de Zaragoza editó un catálogo en el que se recogían 57 ejemplares singulares existentes en la ciudad, algunos de los cuales ya han muerto

Los vecinos del Arrabal consiguieron evitar la tala de un imponente cedro en varias ocasiones hasta que murió. / MIGUEL ANGEL GRACIA

Zaragoza cuenta desde hace pocas semanas con un renovado Jardín Botánico en el que viven algunos de los árboles más espectaculares de toda la ciudad, tanto por su tamaño como por su edad. Sin embargo, existen muchos otros ejemplares repartidos por la ciudad y que quizá pasan desapercibidos para los vecinos de esos barrios sin saber que esas ramas que les dan sombra llevan décadas, incluso más de un siglo en algunos casos, haciéndolo.
Esta misma semana se ha conocido, por ejemplo, que uno de esos árboles singulares que salpican las calles de Zaragoza ha sido reconocido con el tercer premio en el concurso del Árbol del Año 2026. Se trata del almez del Parque Bruil, un ejemplar del que se desconoce su edad pero que es más antiguo que la zona verde en la que se asienta.

Pino de Montecanal. / MIGUEL ANGEL GRACIA
Pero este no es ni mucho menos el único ejemplo que hay en la ciudad. En el año 2006 el ayuntamiento editó el libro Árboles singulares de Zaragoza, dirigido y coordinado por la divulgadora y educadora ambiental Olga Conde Campos, en el que se da cuenta de todas las especies con características especiales que coexisten con los vecinos de la capital aragonesa. Entonces, hace ya casi 20 años, se incluyeron en la guía 57 árboles singulares y otros 11 conjuntos de especial protección, si bien, según se advierte en el prólogo, hay más de los que aparecen en las páginas de este catálogo. Los seleccionados son los que cuentan con características que les hacen especialmente relevantes como su antigüedad, tamaño e historia y entre ellos hay cipreses, pinos, fresnos, álamos, chopos, tejos y olmos.
El laurel de la cárcel
Muchos de estos ejemplares siguen hoy en pie, pero lo penoso es comprobar como alguno de los ejemplares que aparecían en las páginas de esta guía hoy no siguen dando sombra. De ellos solo quedan tocones o alcorques vacíos o ni eso. Uno de los casos más sonados es, quizá, el laurel de la antigua cárcel de Torrero. Este ejemplar estaba en uno de los patios de la prisión en la que fueron sometidos cientos de presos políticos durante la guerra civil y el franquismo.
Cuando se derribó la cárcel, el laurel se mantuvo y la presión vecinal llegó incluso a conseguir que se modificara el planeamiento urbanístico para redefinir la forma de las calles de la parte alta de Torrero y evitar su tala. En 2013, sin embargo, se constató la muerte de este laurel, que se había convertido en un símbolo de resistencia y de memoria democrática.

Olmo singular situado en la entrada del barrio de La Almozara. / MIGUEL ANGEL GRACIA
Otro ejemplar que se salvó en más de una ocasión de la tala gracias a la lucha vecinal era un cedro del Líbano que se situaba en un solar de la calle San Juan de la Cruz, en la esquina con Marqués de la Cadena.
Ese árbol tenía 14 metros de altura y, según los vecinos del barrio, por lo menos tenía 116 años de edad en el año 2006. La copa tenía un perímetro de 16 metros, lo que lo hacía visible a mucha distancia. En el año 2004 los habitantes de la zona se movilizaron para evitar su tala y lo consiguieron, pero años después este ejemplar pereció. Hoy en día solo queda un tocón junto en una parcela en la que hay una cancha de baloncesto entre el McDonalds y el KFC.
El pino de Montecanal
Otro árbol que tristemente ha desaparecido de esta lista es un tilo que se salvó en su momento de la expansión de la ciudad pero que en la actualidad no es más que un alcorque sin vida. Estaba situado en la esquina entre la calle Antonio Leyva y la Ronda Oliver. Originariamente estaba dentro de una finca de labranza, Torre Vara, y gracias al empeño de los vecinos de la zona se mantuvo cuando se urbanizó la zona. Pero el ejemplar quedó dañado tras las obras y, pese a que se intentó salvar, el tilo acabó muriendo.
Pero también quedan muchos árboles que siguen en pie de aquellos que ilustraron esta guía editada en 2006. En Montecanal, por ejemplo, hay un pino situado en el parque del Conocimiento que cuenta con el tronco más grueso de toda la ciudad dentro de su especie. Pero no hay que irse a los extremos de la ciudad para encontrar estos ejemplares singulares: en la entrada de La Almozara, en la plaza Europa, por ejemplo, hay un olmo de más de 13 metros que da cuenta de la riqueza y la importancia de cuidar este tipo de ejemplares.
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