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Zaragozeando

El ocaso de las tiendas de informática en Zaragoza: "Cuando monté el negocio la arroba era una novedad"

El cambio del mileno supuso la generalización del ordenador de sobremesa en todas las casas de la ciudad y proliferaron las tiendas de informática que, 25 años después, van cerrando irremediablemente mientras unas pocas resisten como vestigios del pasado pues las compras de los productos electrónicos se han desplazado a la red

El propietario de la tienda de informática de la calle Burgos, Ignacio Aliaga.

El propietario de la tienda de informática de la calle Burgos, Ignacio Aliaga. / Josema Molina

David Chic

David Chic

Zaragoza

El cambio del milenio llegó con miedo al efecto 2.000 y la generalización del ordenador de sobremesa. Las casas de todos los aragoneses se llenaron de teclados, torres, pantallas de tubo y ratones y las tiendas de informática abrieron en casi cada calle. Un momento de esplendor que se ha visto opacado con la irrupción de tabletas y móviles inteligentes, desplazando los hábitos de consumo. Ya no abre ninguna tienda nueva en su concepción clásica y las que no han cerrado sobreviven gracias a una clientela fiel, pero envejecida.

Uno de estos establecimientos pioneros fue Merc@Plus, en la calle Burgos. Nacida en un momento en el que la arroba era símbolo de modernidad, su propietario Ignacio Aliaga se describe como «un superviviente de un sector en vías de extinción». La apertura de la tienda en el mismo año 2.000 lo puso en la vanguardia tras haber trabajado en otros locales como empleado. Ahora ve cómo cuesta sobrevivir en un sector dominado por la venta por internet controlada por gigantes como Amazon o PcComponentes.

La tienda de Aliaga aún conserva algunas viejas revistas de informática, cedés regrabables y algunos periféricos de otras épocas. Rodeado de clientes fijos, evidencia que el comercio tradicional «no puede competir en precio» debido a que los grandes distribuidores compran por volúmenes masivos y se benefician de rappels de las marcas, llegando incluso a vender a pérdidas para asfixiar a la pequeña competencia.

Por ello, asegura que el futuro de las tiendas físicas reside exclusivamente en el trato con los clientes y en el servicio técnico y la especialización. «El mantenimiento de hardware, las soldaduras complejas y la reparación interna son tareas que internet no puede ejecutar físicamente», señala. Y tampoco se pueden lograr buenos resultados con un tutorial de Youtube. De hecho, algunos de los que lo intentan acaban cargándose algún componente y se ven obligados a buscar su auxilio.

Algunos de los discos duros que colecciona Aliaga en su tienda.

Algunos de los discos duros que colecciona Aliaga en su tienda. / Josema Molina

«Las tiendas se informática seguirán teniendo sentido mientras existan equipos, pero eso también podría cambiar vista la evolución de la tecnología», avanza. Aliaga pasó de tener tres empleados y una tienda en una zona de mucho paso como es la calle Cortes de Aragón a gestionar su propio local propio en la calle Burgos con gastos mínimos y sin personal. «Yo no entiendo de esto, yo pago y listo», asegura un cliente que acude a buscar un ordenador formateado.

Recuerda con nostalgia los años gloriosos, situando el gran bum del uso doméstico entre 1998 y el año 2000. En aquella época, un ordenador era un acontecimiento familiar al que se le dedicaba un mueble entero. Se le ponían fundas y se le guardaba un respeto reverencial. Aliaga llegaba a vender hasta quince equipos de sobremesa a la semana y dedicaba sus fines de semana a instalarlos personalmente en los domicilios, ya que muchos de los usuarios, por eso de la novedad, no sabían cómo ponerlos en marcha. También acudía a las casas a realizar reparaciones como si fuera un servicio de urgencias.

Con la miniaturización de los componentes, la caída de las ventas ha sido drástica: mientras que en sus primeros veinte años vendió unos 2.000 ordenadores de sobremesa, en los últimos cinco apenas ha llegado a los 229, siendo desplazados casi totalmente por los portátiles, salvando sobre todo por el uso que se les da en el sector del gaming.

Como visionario, ya en 2009 convirtió su tienda en un punto de recogida de paquetería de firmas como Vinted o Wallapop. «Cuando comencé apenas llegaban un par de envíos a la semana, ahora el trabajo es constante y me permite tener una clientela más joven», señala.

Al hablar con otros compañeros del sector, todos tienen la misma sensación. «Nuestro objetivo es poder aguantar hasta la jubilación, ya sabemos que lamentablemente ningún hijo va a poder heredar la tienda», explica. Mientras tanto, se centra en las reparaciones y el mantenimiento.

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