Un vecino desalojado de su casa en la calle San Pablo de Zaragoza: “La desgracia es así, no sabes a qué hora te va a llamar”
Víctor Alfredo relata el miedo que pasó cuando le desalojaron de su casa en El Gancho y la incertidumbre que le genera no saber dónde va a poder vivir

Víctor Alfredo nunca olvidará la tarde del 14 de enero. Estaba descansando tranquilamente en su hogar, ubicado en el número 98 de la calle San Pablo, en el barrio zaragozano del Gancho, después de una intensa jornada de trabajo cuando le sonó el teléfono. Era la Policía Local. Al otro lado de la llamada le urgían a abandonar la casa. La voz de alarma la habían dado instantes antes los trabajadores de Servicios Sociales municipales, quienes, avisados por otro residente, observaron que en el edificio se había producido la rotura de la caja de escaleras y había riesgo de colapso.
“Me enteré porque me llamaron por teléfono. Que tampoco sé cómo podían tener mi número. No tenía mucha cobertura y salí fuera porque no oía bien. Abro la puerta y me encuentro a la Policía, los bomberos, otros vecinos... Me dijeron que saliese, que cogiese rápidamente lo que pudiera”, relata.
¿Qué pudo sacar de su casa? Poca cosa. Los nervios apenas le dejaron pensar. “Cogí el pantalón y nada más”, detalla todavía con el miedo en el cuerpo. “Es que estaba dentro, ¿sabe? Ahora lo piensas y te das cuenta de que podría haber pasado algo grave”, añade.
Cuatro noches en un hotel
Una vez en la calle, la pregunta que los vecinos hacían a los servicios sociales era común: “¿Dónde vamos a dormir? ¿En la calle con este frío? Yo soy una persona humilde”, indica Víctor Alfredo. El Ayuntamiento de Zaragoza ha reubicado a los vecinos sin recursos ni alternativas en un hotel junto al Mercado Central: “Nos han dicho que tenemos cuatro noches pagadas”, respira aliviado. “Luego ya veremos”, añade.
En su cabeza resuenan varias preocupaciones, pero la principal, una vez resuelto momentáneamente el alojamiento, es cuándo y cómo va a poder sacar las cosas de la casa: “La asistenta social me ha dicho que va a intentar conseguirme un trastero para guardar todas mis herramientas durante al menos un mes”. Víctor Alfredo vive de ellas. “Las necesito para trabajar”, incide antes de detallar que este jueves no ha podido ir a trabajar dada la situación de estrés generada: “Yo trabajo por días. Si no trabajo, no ingreso. Y esta mañana no tenía el cuerpo para ir a trabajar”.
Ahora solo le queda esperar a una nueva llamada: “Nos han dicho que nos avisarán para que saquemos las cosas. Yo quería sacar la nevera antes de irme, pero me dijeron que no. Tengo cosas que no quiero perder, que yo tirar la comida no puedo, que no soy millonario para andar tirándola”.
La noche pasada fue larga para Víctor Alfredo. Estaba bajo techo, sí, pero su cabeza estaba en otro lugar. Qué va a pasar con su casa. “No he podido dormir, no he pegado ojo. Solo pensaba dónde voy a ir yo. Tengo miedo”, apunta. “La desgracia es así. No sabes a qué hora te va a llamar”, termina visiblemente emocionado.
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