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Alarma en la estación Delicias de Zaragoza: “Quien maneja los hilos deberá cambiar la situación, esto es un desastre”

Ante las reiteradas reducciones de velocidad y las averías en la infraestructura, los viajeros lamentan los retrasos y la falta de soluciones por parte del gobierno

Varios pasajeros bajan del tren procedente de Madrid este martes.

Varios pasajeros bajan del tren procedente de Madrid este martes. / Miguel Ángel Gracia

Zaragoza

La estación de Delicias es estos días un pequeño reflejo de las turbulencias que atraviesa la alta velocidad española. A los retrasos habituales se han sumado en las últimas jornadas reducciones reiteradas de velocidad y nuevas incidencias en la infraestructura, como fisuras en los raíles o averías en elementos de la vía que han obligado a circular a 80 kilómetros por hora en algunos tramos. Trayectos como el Madrid-Zaragoza-Barcelona acumulan demoras y cambios de última hora que se dejan sentir en los andenes. Este martes, a media mañana, el retraso era de más o menos media hora: "Es asumible", reconoce un pasajero nada más abandonar su vagón.

Ese goteo de incidencias ha alterado la rutina de los viajeros, que llegan o salen de Zaragoza tras trayectos más duraderos de lo previsto o esperan noticias sobre su tren pendiente de salir. Entre miradas al panel de salidas y avisos por megafonía, pasajeros y acompañantes explican cómo están viviendo esta sucesión de problemas.

Javier acaba de bajar del tren procedente de Madrid. Lo hace con resignación y “un poco de miedo”, dice, porque viene notando desde hace demasiado unas vibraciones que hacen saltar las alarmas: “Los que viajamos mucho en tren notamos que van en aumento. Pero hay que viajar, no nos podemos quedar en casa”, asegura.

En su opinión, el gobierno debe ofrecer soluciones: “Quien maneja los hilos deberá cambiar la situación. Esto es un desastre. No llegamos en hora porque hay retrasos. Entiendo que todo ese dinero que debe estar destinado al mantenimiento de las infraestructuras se debe invertir en mejorarlas. Alguien deberá responder, aunque no confío en que haya nunca explicaciones”.

Alberto también llega a Zaragoza procedente de Madrid: “Uno se sube al tren con preocupación por el estado de las vías, y por el tiempo que tardan los trayectos, que es mucho más que en una situación normal”, asegura.

Por su cabeza pasan los trágicos hechos sucedidos en Adamuz y los continuos sobresaltos en las vías: “Siempre ronda todo lo que está pasando, pero los que estamos obligados a viajar no nos queda otro remedio que seguir haciéndolo”, explica. “Intentas no pensar mucho y confiar en los profesionales, que son los que deben solucionar la situación”, añade antes de recordar que el sistema está mal, con mantenimiento deficiente, pero que debe servir para encontrar una solución:

No podemos tirar todo por tierra. Viajamos con la esperanza de que los profesionales, que los hay, están haciendo su trabajo”, termina.

También existe resignación

La cafetería es un buen lugar para pulsar la opinión de los viajeros. La mañana rebosa aparente calma y normalidad, aunque en muchas ocasiones la procesión va por dentro. Se escuchan conversaciones tranquilas, sin que los usuarios del tren piensen mucho más allá. "Qué vamos a hacer, es lo que hay. Viajar tenemos que viajar", dice otro viajero mientras termina su café y coge la maleta con destino al andén.

Aitor y Miquel tienen previsto subir al tren con destino a Madrid “bastante tranquilos y sin mucha preocupación”. Entienden que la situación puede condicionar a los usuarios, pero optan por no darle muchas vueltas a la cabeza: “A pesar de lo que ha pasado creo que es un transporte muy seguro”, incide Aitor. “Retrasos hay siempre, pero es algo a lo que estamos acostumbrados. Es lo que hay”, comentan.

Por su parte, Cayo, que se traslada a Móstoles, también muestra su resignación: “Tengo muchos años y sé que estas cosas pasan una vez cada miles de horas de viajes. No tengo ningún problema”, expone. “Y además creo que me toca el Iryo 7, que parece que es de los peores”, sonríe.

Ni siquiera los continuos cambios de velocidad en los recorridos y las noticias de los problemas en las vías le condicionan: “Ahora es cuando más tranquilos podemos viajar…”, opina.

Por último, Graciella, que viaja a Barcelona, expone que vive en Argentina y que está “acostumbrada a este tipo de situaciones”. Nada de lo que viene sucediendo le altera: “No me asusta. Si las autoridades lo disponen, considero que es necesario que vayan cambiando las velocidades aunque esto implique llegar tarde”.

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