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Empiezan las obras en la Torre del Agua: así está ahora su interior

El icónico edificio de la Expo ha comenzado este miércoles una rehabilitación marcada por su buen estado de salud a pesar del deterioro propio de los años en desuso

Comienzan las obras en la Torre del Agua, el futuro faro de la logística de Aragón.

JOSEMA MOLINA

Zaragoza

La Torre del Agua ha vuelto a abrir sus puertas, aunque ha sido entre cascos, chalecos chillones, planos, zonas aseguradas y un cierto olor a cerrado. 18 años después de la celebración de la Expo 2008 de Zaragoza, el emblemático edificio de Ranillas ha iniciado por fin su rehabilitación con una intervención que busca devolverle el esplendor que nunca debió perder y prepararlo para una nueva etapa que permita verlo a kilómetros de distancia. Un pequeño recorrido por el interior permite comprobar cómo ha afectado el paso del tiempo a unas instalaciones que apenas han tenido uso desde que acabó el encuentro internacional. El objetivo es que a principios de 2027 se convierta en el nuevo faro de la logística.

Para que vuelva a lucir, la torre debe pasar por chapa y pintura. Este miércoles ha dado comienzo su nueva vida, y EL PERIÓDICO DE ARAGÓN ha sido testigo. Por sus vacíos pasillos apenas se han podido observar movimientos. Las obras irán cogiendo velocidad hasta adecuar el espacio completamente. En la planta baja no ha comenzado una intervención que reformará completamente el suelo. Tendrá que esperar unos días porque hoy ha cobrado protagonismo la planta 23, donde se han escuchado los primeros martillazos, con obreros sacando ya pequeños escombros. Las plantas intermedias experimentarán modificaciones relevantes, ya que se ampliarán para ganar superficie útil y mejorar la organización de los espacios.

La intervención en la mencionada planta 23 ha arrancado con la retirada del recubrimiento ignífugo, dejando ver ese polvillo gris que cubre paredes y estructuras que será eliminado por completo para dejar vistas las cintas y superficies originales. Posteriormente, se aplicará un nuevo tratamiento, esta vez con un acabado que reducirá su impacto visual para que los visitantes puedan disfrutar de las mejores imágenes de Zaragoza y sus alrededores.

Las paredes, en principio, no sufrirán cambios estructurales ni estéticos de gran calado, más allá de esa nueva pintura protectora. Tampoco en la parte de la fachada, en la que ahora sí se observa el desgaste propio del paso del tiempo, con zonas oxidadas y partes algo más deterioradas. Con una superficie de actuación que roza los 9.000 metros cuadrados, este trabajo devolverá el aspecto original eliminando las lógicas huellas de la exposición a la intemperie.

Uno de los futuros usos más destacados será el restaurante proyectado en el edificio. El espacio se adecuará para la implantación de la cocina y las zonas de servicio, con una redistribución que permitirá ganar visibilidad y amplitud al eliminar dobles alturas y elementos que restaban espacio. Solo con las pequeñas demoliciones iniciales que se aprecian en el interior se puede observar ya esa mejora notable en la percepción interior y en las vistas.

Esta es la principal novedad. La remodelación permitirá abrir por primera vez al público la azotea de la Torre del Agua, un espacio ahora inaccesible que ofrece una panorámica sin obstáculos del 'skyline' de Zaragoza y vistas que alcanzan los Pirineos y el Moncayo. El nuevo mirador, que será acristalado, elevará la altura total de la torre hasta cerca de los 85 metros. Cuando llegue el momento de actuar en esta planta, una grúa de 100 metros entrará en escena para ayudar en la remodelación. Su presencia, además, ayudará al resto de las acometidas, dado que solo con los ascensores no sería posible acabar a tiempo.

El estado general del edificio es mejor de lo esperado, especialmente a nivel estructural, aunque el prolongado desuso ha pasado factura a elementos como puertas, siliconas y algunas instalaciones. Las tuberías, por ejemplo, presentan riesgos de oxidación si no se tratan adecuadamente, y el sistema de instalaciones deberá revisarse en profundidad. Aunque luminarias, rociadores y otros equipos funcionan tras una primera puesta en marcha, será necesaria una revisión completa para garantizar su correcto funcionamiento cuando el edificio entre en uso y se activen sistemas como la climatización.

Tres grandes actuaciones

La remodelación se centrará principalmente en tres grandes actuaciones: la construcción de una nueva planta en la cubierta, la adecuación de vigas para ganar luminosidad y visibilidad, y la renovación integral de los ascensores, dos de los cuales deberán adaptarse a la normativa de emergencia, lo que obligará a intervenir en todos ellos, e incluso dejarán de estar acristalados con vistas al exterior. A esto se sumarán trabajos de pintura, cambio de puertas y la creación de un nuevo acceso principal, que sustituirá al actual punto de entrada.

Uno de los grandes símbolos del edificio, la escultura Splash, se conserva íntegramente. La pieza, suspendida entre las plantas 7 y 22 de la torre, contará con una protección especial durante las obras para garantizar su integridad mientras avanzan los trabajos en el interior del inmueble. De momento, luce en todo su esplendor. No será necesario su desmontaje, algo que sí sucedió años atrás cuando hubo un proyecto para convertir el espacio en oficinas.

En definitiva, la Torre del Agua afronta una rehabilitación que busca ponerla al día y hacerla explotable de cara al futuro, recuperando un edificio que, pese al paso del tiempo, ha conservado una base sólida y una “buena salud” general, como han confirmado los responsables de los trabajos en la primera jornada de obras.

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