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Celso, el vecino que se ha hecho viral por una polémica entre Chueca y Alegría en Zaragoza: “Me molesta y no es gracioso, no pinto nada en este rollo”

Este zaragozano se ha visto en medio de una situación que no le agrada y asegura que si llega a saber todo lo que se ha montado no hubiera abierto la puerta

Celso, durante la entrevista concedida a este diario.

Celso, durante la entrevista concedida a este diario. / Pablo Ibáñez

Zaragoza

Celso y Luisa saltaron a la fama de la noche a la mañana. “Y sin quererlo”, apostilla este zaragozano, vecino del barrio Arrabal. Junto a su mujer, se ha visto envuelto en la enésima trifulca política entre el Partido Popular y el PSOE: “A nosotros nadie nos preguntó si queríamos salir en ningún sitio”, resume resignado. Resulta que el edificio en el que reside este matrimonio fue rehabilitado. ¿Por quién? Ni lo sabe, ni le interesa. Celso hubiera preferido vivir al margen de esta historia.

La aspirante a la presidencia de Aragón, Pilar Alegría, asegura que el renovado ascensor que ha mejorado la vida de los vecinos del inmueble ha demostrado la eficacia de los fondos europeos gestionados por el Gobierno de Pedro Sánchez. Para eso era la obra, para eliminar barreras arquitectónicas en el inmueble. Sin embargo, la alcaldesa Natalia Chueca acusa a la socialista de mentir porque son viviendas rehabilitadas por el Gobierno de Jorge Azcón. “A mí no me gusta la política. No me pregunte nada más”, responde Celso ante esta cuestión, a quien la fama le “llegó sola” tras comprobar el gran revuelo generado.

Celso no buscó absolutamente nada. Solo se limitó a abrir la puerta cuando llamaron a su casa: "Nadie me avisó antes ni me preguntaron nada. Me enteré cuando vi las cámaras, los micrófonos y dirigentes políticos interesados en fotografiarse junto al ascensor rehabilitado". Desde entonces, su imagen se ha viralizado y su nombre ha empezado a circular por medios y plataformas digitales sin que él terminara de entender muy bien por qué.

“¿Qué he hecho yo para merecer esto?”, se pregunta todavía, visiblemente superado por una exposición mediática que asegura no haber pedido. Reconoce que la situación le abruma: “Un poco sí, porque yo no pinto nada en todo esto”.

El día que comenzaron las visitas, Celso ya intuía que aquello podría no quedarse solo en una charla informal. El despliegue mediático le hizo pensar que acabaría apareciendo “en el periódico y en la tele”, aunque nadie le explicó con claridad qué uso se iba a hacer de las imágenes. “Se va a pensar la gente que quería ser famoso”, ironiza.

Fue unas horas más tarde cuando supo que había salido en televisión, justo el mismo día que acudió Pilar Alegría a su casa. Ni siquiera entonces tuvo una visión completa de lo ocurrido. “Yo estaba con una televisión en un canal y mi mujer y mi hija en otra habitación porque me dijeron que saldría en uno u otro...”, recuerda aún con cierta confusión.

Con el paso de las horas y la viralización de la polémica, Celso empezó a suponer que aquello tenía un trasfondo político. “Estaba claro que era eso, tanto una como otra”, afirma, en referencia a la primera visita de Natalia Chueca en 2023 y la segunda esta misma semana de Pilar Alegría. Y admite que, visto con perspectiva, se ha sentido utilizado. “Yo creo que sí”, responde sin rodeos cuando se le pregunta. Y añade: “Claro que me molesta, porque yo no pinto nada en todo este rollo”.

No vuelve a abrir la puerta

Tanto es así que tiene claro que no volvería a abrir su casa si la escena se repitiera: “Les diría que fueran a otro sitio”. Eso sí, de lo que se muestra orgulloso es de la reforma del ascensor: “Viene muchísima gente a verlo: por arriba, por abajo, por detrás”, apunta. Este es el capítulo, puede que único, que sí le emociona. Era lo que necesitaban los vecinos. Es la parte bonita de la historia.

Celso tampoco esconde su distancia con la política. “No me gusta”, sentencia. Prefiere no entrar a valorar nombres propios ni afinidades: “Esa respuesta me la guardo”.

Ahora, mientras el foco mediático empieza a desplazarse, confía en que todo quede en una anécdota. “Más o menos”, dice, aunque reconoce que todavía no ha llegado ese momento: “Ahora no es gracioso”.

Tiene claro, eso sí, que quiere cerrar capítulo cuanto antes. Atiende con una sonrisa a EL PERIÓDICO DE ARAGÓN: “Pero al próximo que me llame le diré que me deje en paz”.

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