La Góndola, una pizzería familiar a la española con más de 40 años de historia en el centro de Zaragoza: “Aquí hay clientes que vuelven ya con hijos”
Este pequeño local de la Calle Santa Isabel de Zaragoza ofrece una gran variedad de pizzas, pastas y entrantes típicos de Italia adaptados a la cocina de toda la vida. Además cuentan con un menú del día por 14,50 euros

En imágenes | La Góndola, una pizzería familiar a la española con más de 40 años de historia en el centro de Zaragoza / Jaime Galindo
Son muchas las opciones para degustar comida italiana que ofrece la ciudad de Zaragoza, desde restaurantes más tradicionales hasta grandes cadenas multinacionales. Sin embargo, a diferencia de estos, La Góndola, tal y como señala su propietario Jesús Bonilla, “no es una pizzería italiana al uso, sino que es una pizzería española”. Este pequeño local situado en la Calle Santa Isabel, una de las muchas callejuelas del centro de Zaragoza, conserva su esencia de barrio y ambiente familiar tras más de 40 años de historia.
La Góndola abrió sus puertas a principios de los años 80 cuando Alberto Bonilla, hermano del actual propietario, apostó por un modelo de negocio poco explotado en Zaragoza durante aquellos años. Antes de abrir esta pizzería Alberto ya había tenido otros negocios similares, como el Mesón San Diego en la Calle de Italia, dónde ofrecía alguna pizza y plato de pasta, aunque no era su principal especialidad. Tras esta experiencia, con La Góndola decidió dar un paso más centrandose en la cocina italiana, utilizando productos caseros y con un toque español. En 2015, Alberto se jubiló y fue su hermano Jesús quién tomo las riendas del negocio junto a su cuñada Manoli y su sobrino Cristian, que actualmente sigue ayudando en el negocio familiar como camarero. Para Jesús, lo de la restauración tampoco era nuevo, ya que fue el propietario de un restaurante en la calle Santiago y conocía muy bien el negocio al haber ayudado a su hermano durante todos estos años. “Cuando yo era jovencillo venía a hacer servicios de camarero y después más adelante estuve trabajando con él varias temporadas y un poco, pues claro, yo ya conocía cómo funcionaba esto”, añade Jesús.
Si nos centramos en el local, al entrar podemos ver un restaurante pequeño con una decoración clásica, donde predomina el color granate, que nos transporta a Italia a través de objetos representativos de su cultura, como por ejemplo, las máscaras del carnaval de Venecia. Además, su imagen es practicamente igual que en sus inicios sin a penas cambios creando un ambiente acogedor.

Tagliatelle al estilo Góndola con jamón y queso de cabra. / Jaime Galindo
Cocina casera y un menú económico
En cuanto a la carta, encontramos pizzas más convencionales como la cuatro quesos o la margarita y otras más innovadoras con productos de Aragón, como la pizza de longaniza de Graus con salsa de boletus, o versiones de platos españoles, como la pizza de huevos rotos, una de las recetas más icónicas de nuestra gastronomía. Esta última, elaborada con una base de patata, ajetes, huevos y jamón serrano, es uno de los platos que más llama la atención de los comensales.
Además, dentro de su variada oferta, encontramos lasañas, canelones, ensaladas o distintas pastas como los tagliatelle al estilo Góndola, hechos al huevo con jamón, rulo de queso de cabra y una salsa de tomate. Por último, al mediodía, ofrecen un menú asequible con elaboraciones caseras. “Aquí hay mucho tránsito de gente de paso que vienen al centro a comer y entonces quieren un menú asequible. Entonces ofrecemos 6 primeros y 6 segundos, a elegir, con pan, postre y agua o vino por 14,50 euros”, explica Jesús Bonilla.
Y añade que, a diferencia del resto de platos, se centra principalmente en la gastronomía española y aragonesa. “Es un menú que no está enfocado a lo italiano, tiene algún plato, pero es más de comida de mercado”.

Pizza de longaniza de Graus. / Jaime Galindo
Un lugar de reencuentros a pesar del paso del tiempo
Al encontrarse en una calle céntrica pero un poco escondida, es importante darse a conocer para atraer a nuevos clientes y ofrecer algo distinto. La hostelería ha cambiado mucho en los últimos años y no se trabaja de la misma manera que hace 40 años, por lo que es necesario evolucionar y reinventarse cada día haciendo pequeños cambios en la carta sin perder la esencia que les caracteriza. “La clientela ha cambiado mucho y ahora no es la misma mecánica, ahora hay que hacer, más virguerías y hay mucha competencia también”, destaca Jesús.
A pesar de ello, con el paso de los años son muchos los clientes que siguen viniendo al restaurante acompañados de familiares y amigos para rememorar viejos tiempos convieritiendo esta pequeña pizzería en un punto de encuentro. “Aquí hay clientes que vinieron de novios y ahora vuelven casados ya con hijos, y alguno quizás con algún nieto”.
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