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De recoger fresas en Huelva a un programa de televisión pasando por la Torre del Agua: así es Elena Voicu, una de las primeras "rumañas" que llegó a Zaragoza

La mujer, de 65 años, llegó a la capital aragonesa en 2002: "Creo que tenemos muchas cosas en común. Sois gente muy noble. Siempre estaré agradecida"

Elena Voicu posa antes de la entrevista con este diario.

Elena Voicu posa antes de la entrevista con este diario. / Laura Trives

Iván Trigo

Iván Trigo

Zaragoza

En Zaragoza viven 23.455 rumanos según los últimos datos del padrón municipal, siendo esta la comunidad de extranjeros más numerosa en la capital aragonesa. Fue a principios de los años 2000 cuando comenzaron a llegar hasta nuestro país los primeros extranjeros provenientes del país de los Cárpatos atraídos por la bonanza económica de la España del 'boom' inmobiliario y por un idioma que, como el rumano, es de origen latino, lo que facilita su aprendizaje. Elena Voicu fue una de esas primeras mujeres que decidió dar el salto en busca de una vida mejor, aunque en su caso, cuenta, no fue la escasez de recursos lo que le hizo salir de su país.

Elena llegó a España un 17 de marzo de 2002. Llegó a Huelva, al municipio de Rociana del Condado, para trabajar en la recogida de la fresa. Y tan solo unos meses después cayó en Zaragoza, donde se empadronó el 8 de junio de ese mismo año. Y hasta ahora, cuando se confiesa ya como "mitad maña" o "rumaña". "A mi país solo voy de vacaciones. No creo que vuelva a vivir. Me siento muy identificada con esta tierra", admite. "Creo que tenemos muchas cosas en común. Sois gente muy noble. Siempre estaré agradecida", dice.

Y es que en todo este tiempo Voicu ha demostrado tener pocos reparos en asumir los modos y costumbres patrios. En 2008, pocos años después de llegar a España, trabajó en uno de los eventos más importantes que han tenido lugar en Zaragoza: la Expo del Agua. Ha participado en numerosas asociaciones y entidades y es vocal de la junta de distrito de Delicias. Incluso estos días está haciendo campaña. Ha hecho puenting en Murillo de Gállego. Le reza a la Virgen del Pilar. E incluso ha ido a First Dates a probar suerte en el amor. Por no hablar de que maneja el refranero español mejor que muchos locales.

Un camino difícil

Eso sí, el camino hasta aquí no ha sido fácil. "Cuando me sé todas las respuestas viene la vida y me cambia las preguntas", ríe. Salió de Rumanía a los 42 años porque "sentía que me iba a volver local del dolor". "Primero murió mi madre, a los 49 años y mi padre murió después porque no podía aguantar sin ella. Y en 1995 murió mi hermano mediano. Murió o lo mataron. Por aquella época lloraba todo el día menos el rato que estaba trabajando, que mantenía la compostura. Pero sentía que necesitaba irme", cuenta ahora.

Entonces llegaron hasta Rumanía unos empresarios españoles buscando mano de obra para trabajar en la recogida de la fresa en Huelva. Elena, que había estudiado en bachiller ruso y francés no sabía "decir ni mu en español", miró el mapa y le preguntó a una amiga que si había visto dónde estaba España y dónde Rumanía. "Era irse de punta a punta, pero me lancé", dice. Y así llegó hasta Rociana del Condado con un contrato de cuatro meses y medio y un sueldo de 21 euros por día trabajado.

Allí vivían en una casa a 4 kilómetros del pueblo, hasta donde tenían que desplazarse a pie diariamente para comprar o realizar gestiones. Se apuntó a un curso de español y recorría esta distancia para asistir varias veces por semanas a clases de una hora, en las que muchas veces estaba sola. La campaña en el campo acabó antes de lo previsto y se vio sin trabajo en un país que no era el suyo. Pero como le quedaban unos meses de visado, decidió probar y así llegó a Zaragoza, donde tenía algún contacto.

Una vez aquí, estuvo a punto de irse. No encontraba trabajo. Un día, con el vuelo de vuelta ya comprado, estuvo recorriendo la plaza del Pilar. "Entré a la basílica y recé ante la Virgen. Y al salir decidí que lo iba a intentar una última vez. Y entonces encontré mi primer trabajo como interna en Casetas cuidando a un matrimonio mayor. Ahí se hizo fuerte, recuerda ahora, porque no se lo pusieron del todo fácil y fue aprendiendo castellano con ayuda de un diccionario. Después de ese trabajo también estuvo en una empresa de limpieza. "Y cuidando niños. He criado tres niños en Zaragoza", dice con cariño.

La época de la Expo

Pronto, Voicu comenzó a sobresalir dentro de su comunidad. En 2007 formó parte de la lista del PP a las elecciones de aquel año de la mano del que considera su amigo y mentor, "Don Domingo Buesa Conde", como lo nombra. "Cuando llamé a mi familia en Rumanía no se lo creían. Me preguntaban si es que no había más españoles para poner por delante de mí", ríe.

Un año después consiguió trabajo como asistente polivalente dentro de la Torre del Agua. "Subía y bajaba todos los días las 23 plantas andando. Pero hice balonmano en mi juventud, nunca me ha importado hacer ejercicio", cuenta. De aquel verano de 2008 guarda todavía muchos recuerdos y las credenciales de la Expo, todas con Fluvi omnipresente. Años después se hizo también voluntaria de la asociación Legado Expo, una entidad que ha luchado y lucha por mantener vivo y en uso el legado de la muestra internacional.

Voicu ha formado parte también de asociaciones vecinales como Zaragoza Antigua y fue vocal de la junta de distrito del Casco Histórico antes de la de Delicias. Aprendió a nadar en 2010 a los 50 años después de que un médico le advirtiera de que si no fortalecía la espalda acabaría en silla de ruedas. Y hace unos años estuvo en Firts Dates, donde tuvo una cita con un churrero jubilado de Huesca.

Ahora, con sus 65 años, está en paro, aunque poder cobrar una prestación le costó más de un disgusto. "Es la primera vez que cobro en paro en 24 años en España". Todavía no sabe si se jubilará o si volverá a trabajar. "Aquí estoy muy bien. Los rumanos en general están muy bien en Zaragoza. Es una comunidad integrada, no creo que empiecen a volver. Los jóvenes han hecho su vida aquí", dice. Ella, desde luego, también.

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