Los jóvenes de Zaragoza se mojan sobre una hipotética vuelta de la mili: "Enderezaría a los que van algo perdidos"
Las nuevas generaciones responden a un supuesto caso de que el país retrocediera en el tiempo y se volviera a imponer el servicio militar obligatorio, algo que ya está ocurriendo en varios países de Europa

Felipe VI, en la Academia Militar de Zaragoza, pasando revista / El Periódico de Aragón
Parece que fue hace décadas cuando en España definitivamente se dejó de hacer la mili, servicio militar que tiene sus orígenes a finales del siglo XVIII y comienzos del XIX, pero que en realidad la ley que la oficializaba se abolió en el año 2001. Miles de jóvenes que al rebasar la mayoría de edad debían embarcarse en una aventura personal junto a otros de su generación para formarse física y mentalmente para pertenecer al ejército nacional. Los más jóvenes, 25 años después de su desaparición, ven lejos este adoctrinamiento del que sólo pueden escuchar historias y experiencias de los más veteranos: abuelos, tíos, primos o padres. Sin embargo, hoy en día se les plantea una pregunta: en un hipotético caso de que la mili volviera, ¿estarían dispuestos a hacerla? ¿Lo aceptarían?
Una cuestión cuanto menos controversial y, para algunos, difícil de responder por verla desde un punto de vista tan alejado de lo que fue en realidad. Esfuerzo físico, carga psicológica, distanciados de la familia y amigos que muchos ven a diario, pero aun así, existe cierta voluntad en la sociedad actual.
Dos jóvenes nacidos en el año 2006, Renzo y Guillermo, tenían una visión bastante acorde en este aspecto. El primero asegura que sería una manera de "dar a entender a los chavales que hay una línea de mando" y que, por supuesto, el "iría orgulloso" a cumplir con este servicio militar si es que vuelve al sistema estructural de España. Su amigo apunta hacia la misma dirección: "Si la imponen me tocaría hacerla imagino, tampoco tendría mucho problema. Si pudiese decir que no, ahora que estoy estudiando, pues me negaría", explica.
Siguiendo este hilo de opinión, estos dos jóvenes no la perciben con un carácter negativo, ni mucho menos. "Me haría más bien que mal, tal y como están las cosas hoy en día... Eso sí, la gente tiene todo el derecho a negarse", se explaya Guillermo, que también es directo con la juventud. "Me parecería una forma de que no hubiese tanta tontería, de enderezar a la gente que está perdida". A lo que Renzo agrega que "cree que haría falta", sin embargo, es consciente de "la variedad de opiniones en todos los estilos".
Otros dos chicos de su misma quinta tampoco la ven con malos ojos. "Tocaría hacerla, mi padre me ha contado muchas historias y anécdotas graciosas. Aunque dependería mucho del momento en el que me encontrase", justifica Luis, que también afirma que "habría mucha gente que no estaría preparada" por la cuestión de alejarse de sus seres más queridos.
Y Carlos señala que "no le disgustaría", que pese al esfuerzo que le supondría, tendría un impacto positivo. "Yo creo que sufriría, pero ayudaría a las personas a mejorar", reafirma a este diario. Sin embargo, es cauteloso, y tendría que hacer balance con el momento personal que estuviera pasando en ese momento de su vida. Que muchos se negarían o no aceptarían esta enmienda, lo ve lógico: "Hemos ido evolucionando, ya no es como antes".
El carácter obligatorio, excesivo para algunos
En la otra cara de la moneda están aquellos que van en contra de esta corriente militar. Una que cortaría las alas de una libertad que lleva un cuarto de siglo predominando en todo el país. "No me parecería bien que te obligaran a hacer algo sin habértelo consultado. Hay gente que por vocación lo hace y le gusta, pero por elección propia", destaca Iván, otro joven que paseaba por el campus universitario de la plaza San Francisco.
Casan con esta opinión una par de estudiantes de la zona, aunque con ciertas dudas en una de ellas. "Me negaría y protestaría, que tengo cosas que hacer, como estudiar", expresa una de ellas, mientras que su compañera admite que, si le obligaran a ello, podría resultarle "una experiencia donde aprendería cosas".
Por último están Hugo y Paulo, que admitían no haberse planteado nunca esta posibilidad, por lejana que parezca. "No pierdo nada por hacerla, pero al estar estudiando una carrera no lo haría. Pero todo es defendible, cada persona tiene su opinión", reflexiona el primero. Por otro lado, su acompañante comprende que "no le quedaría otra", pero si fuera de carácter voluntario, la evitaría. "Respeto a la gente que lo haga", concluye el estudiante.
En definitiva, una hipotética vuelta de la mili genera opiniones diversas entre una juventud que sólo conoce este servicio a través de relatos ajenos. Mientras algunos la ven como una herramienta de disciplina, aprendizaje y mejora personal, otros la perciben como una imposición incompatible con la libertad y los proyectos vitales actuales. La mayoría coincide en que el contexto personal sería clave a la hora de aceptarla o rechazarla, especialmente en una etapa marcada por los estudios y la independencia individual. Así, el debate refleja una sociedad que ha cambiado, donde la obligatoriedad choca con la evolución de valores, pero sin cerrar del todo la puerta a nuevas formas de servicio.
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