La historia del edificio "más moderno" de España: "Correos es el equivalente al arte contemporáneo más rompedor"
El bloque de José Luis González Cruz es un referente de los años 70 del siglo pasado que se encuentra a la espera de ser catalogado como Bien de Interés Cultural para salvarse de la piqueta

El Periódico de Aragón

El edificio de Correos en la calle Anselmo Clavé de Zaragoza presenta en este momento dos grandes boquetes en su costado. Se trata de dos cicatrices recibidas esta misma semana después de que las máquinas excavadoras iniciaran un proceso de demolición que, finalmente, ha sido detenido cautelarmente por el Gobierno de Aragón a la espera de que el departamento de Patrimonio decida si cumple las condiciones para ser declarado Bien de Interés Cultural. Las asociaciones en defensa del patrimonio y un buen número de entidades vecinales reclaman que se conserve y defienden que el inmueble es una de las joyas del brutalismo español de los años 70, una de las pocas que se conservan. Y además es casi excepcional por su carácter público, ya que en Aragón ese tipo de estilo arquitectónico ha estado más asociado a los ámbitos religiosos.
"Es una muestra de arquitectura civil verdaderamente singular que desde el primer momento ha sido muy considerado", destaca el profesor de Historia del Arte en la Universidad de Zaragoza y miembro del Instituto de Patrimonio y Humanidades (IPH), Javier Martínez Molina. Recuerda que fue recibido con buenas críticas y que en los periódicos de la época fue considerado "el edificio más moderno de España en su categoría" y señalado como un modelo a imitar internacionalmente.

Obras en el edificio de Correos de Zaragoza, el pasado lunes. / Josema Molina
Es obra del arquitecto madrileño, José Luis González Cruz. La amenaza de la piqueta a la que se enfrenta se debe a que el inmueble no cuenta con protección municipal ni autonómica, pero está catalogado por la fundación Docomomo Ibérica para proteger la arquitectura contemporánea. "Tras la inauguración llegó a venir el ministro de comunicaciones de Venezuela a verlo para conocer su estructura y tratar de implantar sus flujos de trabajo y la personalidad que le da el uso del hormigón", recuerda Molina.
Estilo reivindicado
El edificio de González Cruz se levantó junto a las vías del tren para facilitar el reparto y clasificación del correo, una función que perdió con el paso del tiempo para ser completamente desalojado el pasado mes de noviembre. Así quedó abandonada la gran muestra zaragozana del brutalismo, un estilo reivindicado en los ambientes más jóvenes y en el mundo audiovisual, pero habitualmente denostado. Sus defensores destacan que la rotundidad de sus volúmenes ofrecen inesperadas soluciones plásticas que evocan referentes estéticos muy apreciados. "Salvando las distancias podemos destacar que es el equivalente, en arquitectura, a lo más rompedor del arte contemporáneo", explica Molina.

El antiguo edificio de Correos, en la avenida Anselmo Clavé de Zaragoza. / JOSEMA MOLINA
El profesor de Historia del Arte reconoce que al edificio se le puedan poner pegas, pero argumenta que aunque responda a patrones estéticos poco habituales "se asocia con una tipología de construcciones cada vez más valorada a nivel internacional", por eso pide proteger su valía antes de que sea demasiado tarde. Como edificio público siempre ha estado muy presenten en el imaginario de la ciudad, sobre todo por estar ubicado en una acera de la calle Anselmo Clavé en la que hasta hace pocos años era el único vecino en esa cota, pues la estación y otros elementos se encuentran por debajo del nivel de la mirada.
Destacar en la distancia
Al estar junto a la estación del Portillo, todos los viajeros han contemplado sus costuras metálicas y su frontal de hormigón. El arquitecto buscó precisamente dotar a la construcción de una rotundidad para destacar en la distancia y competir contra el vacío urbano que le rodea, una función que puede seguir desempeñando cuando se urbanice el nuevo parque la para cicatriz ferroviaria. Además, aprovechando su disposición en plantas diáfanas y muy amplias, desde Apudepa destacan que podría recuperarse como equipamiento público y articular la unión entre diferentes barrios que el distrito necesita. "En estos momentos el patrimonio es el movimiento más social al que nos enfrentamos, pues su función va mucho más allá de lo artístico", indica la presidenta de la entidad, Belén Boloqui.
En este momento, con las obras de demolición paralizadas de forma temporal por el Gobierno de Aragón, la duda se cierne sobre el edificio de Correos. Para muchos ha cumplido con su función y es el momento de prescindir de sus volúmenes brutalistas. Otros aseguran que su demolición será otra pérdida irreparable más del patrimonio arquitectónico de la ciudad, como ya ha sucedido en la última década con precedentes del convento de Santa Inés, la universidad laboral femenina de Malpica y el cuartel de la Policía Nacional de la calle General Mayandía. Ahora, evitar los boquetes definitivos queda en manos de una resolución administrativa.
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