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Zaragozeando

Doscientos años de historia en la riñonada: Zaragoza estrena la primera escuela para revitalizar la barra aragonesa

Zaragoza se consolida referente del deporte rural aragonés con tres pistas de lanzamiento de barra y una escuela de formación con la que despertar vocaciones y mantener vivo el patrimonio inmaterial

Carlos Serrano y Carlos Losilla en la pista de barra aragonesa de Rosales del Canal, esta semana en Zaragoza.

Carlos Serrano y Carlos Losilla en la pista de barra aragonesa de Rosales del Canal, esta semana en Zaragoza. / Laura Trives

David Chic

David Chic

Zaragoza

Zaragoza se consolida como el gran referente del deporte rural aragonés. La ciudad contará con tres pistas de lanzamiento de barra: la de Rosales del Canal (ya operativa bajo el nombre de Félix Serrano, tirador de Calatorao y 17 veces campeón de Aragón) y dos nuevas instalaciones en Casetas y La Cartuja. Pero la gran novedad anunciada esta semana es el nacimiento de la escuela de deporte rural aragonés, un proyecto histórico para proteger disciplinas con más de 200 años de vida. Ubicada en Rosales del Canal, la escuela enseñará barra y bola aragonesa a escolares, jóvenes y adultos. Es la primera vez en la comunidad que este deporte cuenta con una estructura de entrenamiento estable, siguiendo el ejemplo de éxito de la pelota vasca o la lucha leonesa.

El objetivo de sus impulsores es claro: evitar que la tradición se pierda. Aunque el tiro de barra es un clásico en las fiestas patronales, la falta de práctica el resto del año ha hecho bajar el número de deportistas federados. Esta escuela busca asegurar el relevo generacional y animar a todo el mundo a descubrir un patrimonio cultural único mientras hace deporte.

El presidente de la Federación de Deportes Tradicionales, Carlos Losilla, confía en que este cambio sea el espaldarazo que necesitan estas modalidades para consolidar su futuro. «Cada vez que un tirador se gira para lanzar la barra lleva 200 años de historia en la riñonada», explica gráficamente.

Los primeros pasos de esta escuela se van a centrar en transmitir los secretos de los dos únicos deportes tradicionales que están federados en Aragón. Aunque existen muchos juegos populares, como las birlas, las carreras de pollos o el tiro de jadón, solo la barra y la bola cuentan con un reglamento oficial y un campeonato propio desde que se fundó la federación en 1981.

Carlos Losilla tirando de riñonada en una exhibición de barra aragonesa.

Carlos Losilla tirando de riñonada en una exhibición de barra aragonesa. / El Periódico de Aragón

En este momento, según explican en el despejado terreno de juego de Rosales del Canal, en la comunidad existen 45 tiradores federados, la mayoría de ellos afincados en Zaragoza. Sin embargo, el deporte tiene presencia en más de 300 pueblos durante la temporada de verano, pero siempre de una forma más o menos informal y en un ambiente festivo. Por eso confían en que el paso dado esta semana permita darle continuidad a una afición que forma parte del patrimonio inmaterial de la comunidad.

«Nos encontramos ante deportes que son muy difíciles de aprender a no ser que los conozcas desde niño», señala, por eso para avanzar en esta operación de revitalización han copiado, con el asesoramiento de Inaxio Perurena, el modelo vasco, una comunidad en la que cuentan con multitud de escuelas similares por todo el territorio. Otro de los impulsores en Aragón es el vicepresidente de la federación, Carlos Serrano, hijo del gran tirador de Calatorao.

Las clases en la escuela comenzarán el próximo 1 de marzo tras un periodo de inscripción de dos meses. Aunque se esperaba una mayor participación, los veinte niños inscritos representan un éxito, ya que suponen casi la mitad de las fichas federativas actuales, lo que permitirá ampliar la cantera de forma significativa. Para participar, únicamente se ha solicitado un pago de 15 euros destinado a cubrir el seguro médico.

La barra aragonesa pesa más de siete kilos.

La barra aragonesa pesa más de siete kilos. / Laura Trives

La principal pista zaragozana ya está preparada para recibir a los primeros tiradores de una de las disciplinas de lanzamiento más exigentes del mundo. Aunque no lo parezca, la técnica lo es todo: con las punteras bien pegadas a la tabla del suelo es el momento de girar la cadera hacia atrás y de tirar de riñonada para lanzar los siete kilos de barra lo más lejos posible. «Si no sabes utilizar el contrapeso, no tiras; si no tienes envergadura, no tiras; si no tienes peso corporal, no tiras; y si no estás en forma, no tiras», resume Losilla.

Estos deportes tienen sus raíces en las faenas agrícolas y ganaderas de hace más de doscientos años y no llegaron a las ciudades hasta que el éxodo rural trasladó estas costumbres al entorno urbano, por lo que a la hora de fomentar su práctica es fundamental recordar su origen vinculado estrechamente al campo.

La pista de lanzamiento, que debe contar con un amplio vallado de seguridad, consiste en una superficie de tierra con forma de cono que se ensancha desde los dos metros en la salida hasta los ocho metros al alcanzar la distancia de veinte metros. En cuanto a las marcas, el récord actual lo ostenta Antonio Morón desde 2004 con un lanzamiento de 19,40 metros, una cifra que destaca frente a las categorías de competición. Los tiradores de segunda categoría alcanzan distancias de entre 12,5 y 15 metros. Y los de primera superan la barrera de los 15 metros, algo que requiere un nivel de exigencia técnica considerable.

La pista de barra aragonesa de Rosales del Canal.

La pista de barra aragonesa de Rosales del Canal. / Laura Trives

Una vez abierta la escuela, la barra aragonesa quiere ser considerada Bien de Interés Cultural como lo han sido esta semana los juegos de birlas, cada uno asociado a su localidad de origen y con denominaciones propias. Ahí están los palitrocs de Estopanyà del Castell, las birlas de Alcolea de Cinca, el palistroc de Azanuy, Esplús, Albelda y Castillonroi o las birles de Fabara. También destaca su vigencia, con torneos de forma habitual, en la provincia de Teruel.

Por el momento, la barra aragonesa ya ha comenzado a trabajar en el expediente necesario y confían en lograr este modelo de protección sobre todo por el «bueno momento» que vive la recuperación de costumbres, sea en lo deportivo, lo musical o lo gastronómico.

Ahora toca consolidar su resurgimiento. Y quiere hacerlo como seña de identidad de todo un territorio. «Yo he sido panadero siete años. Soy Policía Local y por las tardes me dedico al campo, pero por encima de todo, cuando me preguntan ¿qué es lo que eres? respondo que yo soy tirador de barra aragonesa», concluye Losilla.

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