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Amor y Grasa, donde la cocina tradicional con gusto propio se unen en el corazón de Zaragoza: "Jugar con la comida es lo que te permite que salgan cosas diferentes"

Amor por la cocina y por hacer las cosas con cariño y pasión, unido a la grasa. No solo la grasa que conocemos normalmente, sino entendida como un concepto más amplio: “un punto de contacto, de encuentro y de unión entre muchas cosas”. Así lo explican en la Taberna Gastronómica Amor y Grasa sus cocineros y creadores, Pedro y Jorge, un sueño que terminó haciéndose realidad en 2022, cuando abrieron sus puertas por primera vez.

"Llevabamos años trabajando en el sector, en cocina porque los dos somos cocineros y teníamos un proyecto pensado, estabamos un poco cansados de trabajar para otros y decidimos tirar para adelante". Así empezó su historia y aunque no fue un camino fácil, su local se inauguro en Calle de los Estudios, número 12, en el Casco Antiguo de Zaragoza, donde siguen allí tres años después.

Cocina tradicional con gusto propio

“La cercanía con los clientes”, para ellos, es lo que más les diferencia. En un espacio pequeño y familiar que te hace sentir como en casa, cuenta Pedro: “Durante los servicios, muchas veces yo salgo desde la cocina a llevar los platos, a explicarlos… Es una cosa que no pasa en muchos restaurantes”.

En cuanto a su cocina, se definen como algo tradicional, pero aun así marcada por un gusto propio. “Siempre se ha dicho que no hay que jugar con la comida, pero creo que esto es lo contrario: jugar con la comida es lo que te permite que salgan cosas diferentes”. Todo ello, eso sí, sin perder nunca la base tradicional. “Lo que nos gusta mucho es dar de comer bien a la gente, que la gente salga de casa, que disfrute y que vea cosas diferentes”, destaca Pedro.

REPORTAJE GASTRONOMICO AMOR Y GRASA

REPORTAJE GASTRONOMICO AMOR Y GRASA, CANELÓN / LAURA TRIVES / EPA

También tienen sus platos estrella, como el canelón de pollo garam masala con cuscús de zanahoria y bechamel de cebolla y miel, uno de los favoritos desde su apertura hace tres años, o el postre “Petit Olivier”: chantilly, almendra tostada y helado de café. Además, otro de los rasgos que los diferencia es que trabajan con casquería, como las manitas de cerdo o las mollejas de ternera.

REPORTAJE GASTRONOMICO AMOR Y GRASA

REPORTAJE GASTRONOMICO AMOR Y GRASA, “Petit Olivier” / LAURA TRIVES / EPA

“Más o menos tienes una idea de lo que quieres, pero claro, hay cosas que siempre crees que se pueden mejorar”, admiten, ya que hay recetas que prueban por ensayo y error. Incluso comparten alguna anécdota: “Yo soy muy cabezón y para conseguir la tarta de queso con la textura que yo quería me costó 17 intentos”, cuenta Pedro entre risas.

Trabajar con lo aragonés

Están orgullosos de decir que los productos que utilizan son de aquí, de Aragón. “Todos nuestros proveedores de pescados son el mismo proveedor, que es La Coruñesa, un proveedor de Huesca”. Las carnes, además, las compran en el propio Mercado Central de Zaragoza. “Es importante para mí que, precisamente porque me gusta mucho saber a quién le compro, me gusta mucho ver la cara de la persona, saber que esa compra que le hago yo…”.

También trabajan con bodegas más pequeñas y con vinos poco conocidos. En concreto, cuentan con siete tintos por copa y seis blancos. Uno de sus planes de futuro es poder ofrecer en su comedor de abajo —también disponible para grupos— diferentes catas de vino con las bodegas con las que trabajan.

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