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De la Puerta del Sol a la de Santa Engracia: la historia de las extintas entradas monumentales de Zaragoza

El libro Memoria Visual de Zaragoza: La ciudad destruida rescata del olvido la riqueza arquitectónica de la capital aragonesa, mostrando cómo eran sus puertas y arcos de entrada hace siglos

La Puerta del Carmen de Zaragoza

La Puerta del Carmen de Zaragoza / Jaime Galindo.

Zaragoza

Durante siglos, Zaragoza fue una ciudad de puertas. Grandes arcos de piedra marcaban sus entradas, defendían sus murallas y daban la bienvenida a viajeros, comerciantes y ejércitos. Eran símbolos de poder, de identidad y de frontera. Hoy, sin embargo, casi todas han desaparecido. El crecimiento urbano y las transformaciones durante los tres últimos siglos borraron del mapa aquellas estructuras monumentales que definieron el perfil de la ciudad. Solo la Puerta del Carmen permanece en pie, solitaria y herida, como testigo de un pasado que ya no se ve, pero que aún late bajo el asfalto y los edificios más modernos.

En el libro editado por EL PERIÓDICO DE ARAGÓN, Memoria Visual de Zaragoza: La ciudad destruida, se dan a conocer estos pedazos de la historia de la capital aragonesa y da a descubrir a sus lectores la riqueza arquitectónica que la ciudad del Ebro poseía cientos de años atrás.

La Puerta Cinegia

Antigua Puerta Cinegia de Zaragoza

Antigua Puerta Cinegia de Zaragoza / Antonio Callaved Lacava

Esta fue la pequeña entrada meridional a Zaragoza por la muralla de piedra, desde donde se encuentra la céntrica plaza España. Arco que quedó muy dañado tras los sitios, durante el conflicto bélico de la Guerra de la Independencia en el año 1808. Finalmente, terminó por desaparecer un año después por precisamente estos hechos.

Hoy por hoy perduran nueve sillares de su pilastra diestra, que fueron incrustadas en el edificio número 2 de la calle de los Mártires, aunque suelen pasar desapercibidos para la vista del ciudadano. Su nombre es el que más puede sonar a los zaragozanos, al ser ese ahora el apodo de un espacio gastronómico que conecta las calles del Tubo con plaza España.

La Puerta de Valencia

La pasada Puerta de Valencia (Zaragoza)

La pasada Puerta de Valencia (Zaragoza) / Santos Álvarez y Serra

En esta ocasión, la Puerta de Valencia era la entrada oriental a la antigua muralla, desde la plaza de la Magdalena. Su existencia pereció en el año 1867 junto con una serie de casa y viviendas que, según expertos en la materia, "afeaban" el ingreso a la Universidad Literaria por aquel entonces. De este arco tan solo perduran unos sillares que indican este ingreso en la fachada del portal número 72 de la calle Mayor, en riesgo de desaparición.

En la medianera del inmueble número 60 de esta misma calle puede verse un mural que por momentos, puede llegar a recordar el aspecto de esta puerta.

La Puerta de Toledo

La monumental Puerta de Toledo (Zaragoza)

La monumental Puerta de Toledo (Zaragoza) / Valentín Carderera Solano

Era una de las más impactantes y monumentales entradas (occidental) ubicada donde ahora las personas caminan en la calle Manifestación. Sus inmensos torreones laterales ejercían la función de cárcel Real (la izquierda) y de Manifestados (derecha). Hasta dos murales que pueden ser vistos en esta céntrica vía sirven de recuerdo de esta edificación: uno en el número 3 de la propia calle Manifestación y otro sobre el lienzo de la medianera a la avenida Cesar Augusto del número 7 de la calle Escobar.

Fue en 1989 cuando se construyó una representación simbólica donde estuvo situada esta puerta por Juan Martín Trenor, arquitecto, denominada Alegoría de la Puerta de la Paz. Esta estructura honorífica a la Puerta de Toledo se derribó en 2013 con motivo de la construcción de la línea 1 del tranvía y allí se acabó su historia.

Alegoría de la Puerta de la Paz (2012), representación simbólica de la Puerta de Toledo, consturida en 1989

Alegoría de la Puerta de la Paz (2012), representación simbólica de la Puerta de Toledo, consturida en 1989 / Memoria visual de Zaragoza

La Puerta del Ángel

Antigua Puerta del Ángel, ubicada en la actual calle Don Jaime I

Antigua Puerta del Ángel, ubicada en la actual calle Don Jaime I / Edward Hawke Locker

Esta era la entrada a Zaragoza por la actual calle de Don Jaime I, su versión más actualizada y renovada fue derrumbada en 1869 tras los motines de los consumos, una serie de protestas de los ciudadanos por cómo se estaba encareciendo la vida antes de mediados del siglo XIX. Este derribo llevó a la población a incrementar sus quejas, esta vez, por "el viento fresco que, tras destruirla, soplará desde el Puente de Piedra".

Se conserva la figura del alabastrino Ángel Custodio, quien le dio nombre a la puerta. Hasta pasada la mitad del siglo XX se siguió denominándose con su nombre el entorno de la Ribera del Ebro, donde se alzó en su momento.

La Puerta del Sol

Ilustración de la antigua Puerta del Sol (Zaragoza)

Ilustración de la antigua Puerta del Sol (Zaragoza) / Antonio Callaved Lacava

Tocaya de la famosísima obra arquitectónica de Madrid, pero de bajo standing, si se permite una comparación. También conocida como la portaza, abría la muralla medieval de ladrillo en su punto de unión con la de piedra, en la zona del Coso Bajo. Se trata de otra víctima de los motines de los consumos. Perdurando el petróleo sol negro que le daba nombre y estaba adosado en la dovela clave y más visible de su arco.

Años después se le dio su nombre a la rotonda entre el Puente de Hierro y esta céntrica calle, y desde 1987 la recuerda un mural en la medianera del portal número 157 del Coso.

La Puerta del Portillo

Ilustración de la Puerta del Portillo, arco destruido a principios del siglo XX

Ilustración de la Puerta del Portillo, arco destruido a principios del siglo XX / Antonio Callaved Lacava

Precisamente esta edificación es la que abría la muralla de ladrillos anteriormente mencionada. Donde en la actualidad está la calle del Conde de Aranda, ahí estaba esta parte de uno de los muros de la ciudad, que tras los asedios de los sitios de principios del siglo XIX fue demolida y reconstruida en 1820, pero que acabó por ser derrumbada otra vez tras los motines en el año 69 del mismo siglo.

En la segunda Restauración borbónica de 1874 traía consigo un fielato, una especie de taquilla de cobro a la entrada de la ciudad (activo hasta 1904), y así fue denominado la Puerta del Portillo. En pleno 2026, sobre el tejado de la iglesia con este mismo apodo, puede verse la representación simbólica de lo que fue este acceso.

La Puerta de Santa Engracia

Foto de la antigua Puerta de Santa Engracia en Zaragoza

Foto de la antigua Puerta de Santa Engracia en Zaragoza / René Ancely

Pegada al homónimo monasterio, abría la muralla medieval de ladrillo hacia el sur y, por un puente sobre el río Huerva, dirección hacia el distrito de Torrero. Fue otra víctima más de los sitios de 1808 y se reconstruyó en un nuevo entorno del actual paseo Independencia en forma de arco inacabado, que finalmente fue derribado en 1865.

Un año después y al sur de la famosa plaza Aragón fue construida una nueva puerta, cuyo derrumbamiento se ejecutó en 1904, como cerramiento de la ciudad.

La Puerta Quemada

Ilustración de la Puerta Quemada, antes ubicada en la calle del Heroísmo

Ilustración de la Puerta Quemada, antes ubicada en la calle del Heroísmo / Antonio Callaved Lacava

Quemada o Cremada, esta era otra de las entradas de la muralla de ladrillo a la altura de la hoy conocida calle del Heroísmo para comunicar con el puente del río Huerva y el camino del Bajo Aragón. Fue destruida durante uno de los asedios del año 1809 y reconstruida casi seis décadas más tarde tras los motines de los consumos. Otro postigo fue construido poco después para mantener su función de taquilla, o más formalmente dicho, de cobro de consumos, hasta que en 1904 fue eliminada como otra de sus hermanas.

La Puerta de Sancho

Ilustración de la pasada Puerta de Sancho, derribada definitivamente en 1904 por petición vecinal

Ilustración de la pasada Puerta de Sancho, derribada definitivamente en 1904 por petición vecinal / Antonio Callaved Lacava

Era la apertura de la muralla medieval de ladrillo al noroeste de la ciudad, hacia el camino de La Almozara. Otra víctima más de la larga lista de los sitios de la Guerra de la Independencia entre los años 1808 y 1809, recompuesta en 1822 y derribada también en el año 68 de ese mismo siglo. La vuelta de los Borbones en 1874 fue construida una nueva puerta por petición de los vecinos que, otra vez, en 1904 fue venida abajo definitivamente. Desde 1987, un mural recuerda esta puerta en la medianera de la exiglesia del convento de las Facetas (alrededores de La Aljafería), un mural que sirve como memoria de este arco.

La Puerta de San Ildefonso

Ilustración de la Puerta de San Ildefonso, antes ubicada en la actual avenida César Augusto

Ilustración de la Puerta de San Ildefonso, antes ubicada en la actual avenida César Augusto / Valentín Carderera Solano

Con este nombre tan peculiar, aunque también conocida como la Puerta de la Tripería, daba entrada a la ciudad por la zona actual de la avenida Cesar Augusto, junto a San Juan de los Panetes y a escasos metros de la orilla del Ebro. Como en otros casos referidos, los consumos también acabaron con la vida de este arco por primera vez en 1868, aunque seis años después, con la vuelta de Alfonso XII al trono español, fue alzada de nuevo.

Sin embargo, el triunfo y la fama del Mercado Nuevo de esa parte de la antigua Zaragoza hizo que fuera derribada en 1904, para así ampliar el acceso al mismo y satisfacer a los vecinos.

La Puerta del Duque de la Victoria

Foto en blanco y negro de la antigua Puerta del Duque de la Victoria

Foto en blanco y negro de la antigua Puerta del Duque de la Victoria / Mariano Júdez y Ortiz

La última en esta larga lista de puertas que daban acceso a la capitán aragonesa, la Puerta del Duque de la Victoria. Erigida en 1861 en la zona sur de la plaza San Miguel y en honor al famoso general Baldomero Espartero, se usó para abrir un nuevo trazado a través de la muralla de ladrillo dirección hacia el nuevo puente de San José y el camino del Bajo Aragón.

Se desmontó parcialmente en el año 1911, hasta que finalmente se completó en ocho años. Jamás se supieron donde acabaron los restos de esta entrada, a día de hoy, todavía en paradero desconocido. Si se camina hoy por la calle Reconquista y se echa un vistazo a su portal número 4, se puede observar un mural diseñado en 1988, y restaurado en 2019, en memoria de esta puerta.

Así, una tras otra, las puertas de Zaragoza fueron cayendo, arrastradas por guerras, motines y transformaciones urbanas que confundieron progreso con demolición. Aquellos arcos no eran simples accesos, sino símbolos de poder, identidad y carácter, piezas monumentales que otorgaban solemnidad al perfil de la ciudad. Hoy apenas sobreviven sillares dispersos, murales conmemorativos y la Puerta del Carmen como último vestigio en pie. Bajo el trazado actual permanece la huella de una Zaragoza amurallada, más rica y monumental de lo que el paisaje presente deja observar. Su desaparición no solo alteró el urbanismo, sino que empobreció un patrimonio arquitectónico que durante siglos definió la imagen de la capital del Ebro.

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