Las empresas que han abandonado el casco urbano de Zaragoza y los casos singulares de Saica y Tereos en el Picarral
El incendio del pasado sábado ha reabierto el debate sobre la ubicación de algunas compañías en las zonas ya consolidadas de la ciudad, aunque cada una responde a distintas circunstancias urbanísticas

Una grúa trabaja tras el incendio en la planta de Saica en Zaragoza, con varios edificios residenciales de fondo. / Jaime Galindo

El incendio del pasado sábado en la planta de Saica Natur, junto al barrio zaragozano del Picarral, ha reabierto entre los vecinos el debate sobre la presencia de esta y otras empresas, como Tereos, en el casco urbano de la ciudad. Existe, no obstante, división de opiniones entre las propias asociaciones de la zona, ante una cuestión que tiene un trasfondo urbanístico y social sin el que no se entienden todas las posibilidades.
En ese sentido, el caso de Saica es especial. Técnicamente pertenece al polígono industrial de Cogullada, donde de hecho instaló su primera fábrica en 1943, pero el crecimiento de Zaragoza por su margen izquierda hace que, en estos momentos, solo le separe de los vecinos un vial, el de la avenida San Juan de la Peña. Su calificación urbanística es, por tanto, plenamente industrial, aunque en los últimos tiempos su producción en la zona, al menos la más molesta, se ha ido reduciendo tras la inauguración de la planta de El Burgo de Ebro.
Con todo, sigue habiendo una parte reseñable del vecindario que prefiere que Saica se reubique en una zona industrial más periférica, comparándolo con el caso de Tereos, cuya planta está a apenas un kilómetro. Sí reseñan que el arraigo de esta compañía zaragozana es diferente al de la fábrica de almidones y glucosas derivados del maíz, de matriz francesa y con una interlocución con las asociaciones que no es directa, como sí pasa en el caso de Saica.

Un camión, a la salida de la fábrica de Tereos, en el barrio zaragozano del Picarral. / CARLA GREENWOOD
Además, en el punto estrictamente urbanístico, no se pueden comparar ambas compañías. Y es que Tereos está calificada como zona E, una tipología del planeamiento zaragozano (PGOU) que admite un uso industrial "tolerado". Es decir, permite que la empresa continue su producción en suelo urbano, pero a sabiendas de que en el futuro -sin especificar plazos- está previsto que la abandone.
Otras industrias "toleradas"
Por contextualizar, en Zaragoza solo hay otras tres zonas E: Averly, la fundición junto al paseo María Agustín que ya dejó la zona y donde se ultiman varias promociones de pisos de lujo; La Zaragozana (Cervezas Ámbar), que ha trasladado su producción de San José a La Cartuja Baja y dedica ese espacio a un uso más cultural y de barrio; y la empresa armamentística Instalaza, que recientemente ha firmado un convenio con el ayuntamiento para abandonar la céntrica calle Monreal, donde se construirán 155 viviendas, y realojarse definitivamente en el polvorín de Cadrete.

Fotografía de las naves de Instalaza en el Casco Histórico de la capital aragonesa, situadas entre Tenerías y el Parque Bruil. / Laura Trives
Tereos es, por tanto, la única que no tiene un convenio en marcha para cumplir ese cometido que le da el PGOU, y no parece que en los próximos años vaya a dar ese paso. Tanto es así que el pasado año el consistorio aprobó una modificación urbanística que le permitía aprovechar una parcela colindante para la construcción de una depuradora industrial.
En teoría, esta infraestructura minimizará las afecciones al vecindario (a principios del pasado año una fuga de almidón cubrió de blanco las calles más próximas), aunque desde las asociaciones vecinales consideran que era el momento de haber llegado a un acuerdo. Desde el ayuntamiento, por contra, siempre alegaron que esta fórmula no garantizaría la reubicación de Tereos en Zaragoza y que podría derivar en una deslocalización y la consiguiente pérdida de puestos de trabajo.
Atrás quedan el abandono de otras empresas históricas del casco urbano de la capital aragonesa, no siempre ligadas a las mismas razones. Hace dos décadas, por ejemplo, la compañía de ascensores Schindler dejó para siempre la fábrica de Giesa, en Montemolín (distrito de Las Fuentes), y ahora el consistorio trabaja en recuperar ese espacio para levantar uno de sus proyectos estrella, la Ciudad del Cine Distrito 7.
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