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José Antonio Arzoz, el jubilado de Zaragoza que no se pierde ni un juicio: "El veredicto de un jurado ciudadano es imprevisible"

Cada mañana, este directivo jubilado ocupa su lugar en la Audiencia Provincial de Zaragoza como un "espectador imparcial" de la condición humana y el rigor de la ley

José Antonio Arzoz, el jubilado de Zaragoza que no se pierde ni un juicio.

José Antonio Arzoz, el jubilado de Zaragoza que no se pierde ni un juicio. / Miguel Ángel Gracia

David Chic

David Chic

Zaragoza

La jubilación es un momento para emprender tareas pendientes o iniciarse en nuevas aficiones. Y, en el caso de José Antonio Arzoz Claver, para volcarse con la administración de justicia. Así lo lleva haciendo desde que cumpliera los 65 años tras una vida laboral dedicada a la empresa privada en diversos cargos directivos. Decidió que la mejor forma de ocupar su tiempo era acudir a las vistas de la Audiencia Provincial de Zaragoza y en este tiempo destaca que ha aprendido mucho sobre los comportamientos humanos. No es para menos: aunque no se tenga una formación jurídica reglada, estar presente en todos los juicios de los últimos años ofrece una visión muy certera sobre los lugares en los que se decide "sobre la libertad y la responsabilidad de los individuos".

"Soy un espectador simple e imparcial", cuenta Arzoz, que se ha convertido en una presencia habitual entre abogados, periodistas y demás fauna que recorre los juzgados, toda ella con sus peculiaridades. En su caso, su perspectiva está profundamente marcada por una trayectoria de compromiso social. Como voluntario del Teléfono de la Esperanza desde hace más de un cuarto de siglo, este jubilado tuvo la oportunidad de desarrollar programas en el módulo de mujeres del Centro Penitenciario de Zuera. Aquella experiencia, que califica de inolvidable, le permitió "conocer de cerca la realidad de las internas y recibir sus confidencias".

Esa experiencia previa le permite evitar el cinismo a la hora de enfrentarse a las declaraciones de los delincuentes, por mucho que en ocasiones se enfrente al dilema que enfrenta a la ley y la justicia. "A veces recuerdo la conocida frase de Concepción Arenal de odia el delito y compadece al delincuente, pero también te hace pensar en las víctimas, que son las que han sufrido y padecido las consecuencias del delito cometido", expresa.

Desde su asiento trata de ejercer como observador imparcial, casi como si fuera un miembro de un jurado, una labor que considera especialmente complicada. Los años de asistente a juicios le han permitido observar una evolución de la sociedad, que normalmente discurre por cauces poco visibles, presenciando sentencias sobre todas las cuestiones posibles y con las motivaciones más dispares. "En los últimos años se han incrementado notablemente los delitos sobre agresión sexual, aunque se puede observar que parte de las denuncias se producen por animadversión o despecho", expresa.

Recursos humanos y materiales

Lo imprevisible en un juicio suele tener que ver con la complejidad de los temas a dilucidar o con la figura de los jurados populares. Arzoz recuerda juicios por cohecho donde, a pesar de existir confesiones detalladas, el veredicto de culpabilidad no llegó a materializarse en la votación popular a pesar de que, en su opinión, un tribunal profesional nunca hubiera dejado escapar al delincuente. "Había tres acusados y a pesar de que uno de ellos reconoció los hechos, aportando una serie de detalles, el jurado dictaminó que no eran culpables, por lo que la sentencia tuvo que ser absolutoria", señala.

Pese a estas paradojas, su respeto por el sistema judicial es absoluto. A pesar de algunas carencias que puedan llegar a desesperar. "La administración de justicia debería tener más recursos materiales y humanos para agilizar su cometido, pero no podemos olvidar que una vez que se inicia un procedimiento, aunque la instrucción sea lenta, se llega a la vista oral y a la correspondiente sentencia".

Pese a la seriedad de los juicios, Arzoz también disfruta de los momentos más mundanos en la Audiencia Provincial, esos que solo se pueden conocer después de años conviviendo con jueces y acusados. "Resulta muy interesante el ambiente en los pasillos, compartido con los medios de comunicación y abogados conocidos", expresa. Ahí se ve una cara mucho más personal del ámbito judicial. "Es curioso cuándo se intenta llegar a un acuerdo para evitar el juicio y son los letrados los que tienen que consensuar con sus respectivos clientes las correspondientes conformidades", explica.

Con la experiencia que dan los años, este jubilado que no se pierde un juicio aporta una máxima fundamental a la hora internarse en los vericuetos, conflictos y derivas de una Audiencia Provincial o del Tribunal Superior de Justicia de Aragón. "Decía Montesquieu que una cosa no es justa por el hecho de ser ley: debe ser ley porque es justa", expresa.

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