Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Vecinos realojados por la crecida del Ebro en Zaragoza: “Unos dicen que el agua va a entrar y otros que no; que si la mota está agrietada, que si no… Nadie aclara nada”

Vecinos de Zaragoza se enfrentan a la incertidumbre tras la crecida del Ebro, con desalojos forzosos y la espera de un regreso incierto a sus hogares

Zaragoza

En cuestión de horas, la tranquilidad de más de un centenar de familias se ha visto interrumpida por la crecida del Ebro. Lo que hasta el pasado fin de semana era la rutina de su hogar se ha convertido en la incertidumbre de un traslado forzoso a un pabellón municipal para quien no ha encontrado otra solución. Poco a poco, el agua va recuperando la normalidad, pero mientras dure la emergencia muchos vecinos de Zaragoza seguirán viviendo fuera de su hogar.

Las urbanizaciones de Torre Urzáiz, en Movera, y Los Huertos, en Alfajarín, han sido desalojadas para garantizar la seguridad de los vecinos. A los afectados de Torre Urzáiz se les ha habilitado el pabellón de Movera. En Los Huertos, 80 personas han tenido que abandonar sus casas ante el avance del agua; de ellas, 20 personas, entre ellas 10 menores, fueron acogidas en el pabellón municipal, donde Cruz Roja Española, junto con los servicios sociales de la comarca, se encarga de su manutención y apoyo. No obstante, se mantiene la atención y los servicios de manutención para un total de 27 personas.

En principio, esta situación temporal se alargará hasta el sábado por la mañana, día en el que se analizará la evolución del caudal del Ebro y la resistencia de la mota. Si todo transcurre con normalidad, podrían regresar a sus hogares.

En Movera, finalmente serán cuatro las personas que se alojen en el pabellón mientras dure la situación. En total, la crecida del Ebro ha obligado a realojar a 24 vecinos de Zaragoza. El resto ha encontrado una solución, aunque en varios casos ha sido en sus propios vehículos o caravanas. En este caso, el ayuntamiento no se ha aventurado a dar una fecha de regreso a la normalidad. Incluso se ha cancelado el carnaval previsto desde la tarde del sábado hasta bien entrada la noche.

La crecida del río Ebro ha obligado a estas familias a adaptarse a nuevas rutinas, dejar atrás pertenencias y enfrentarse a la incomodidad de dormir en un espacio compartido con otros vecinos. La situación genera malestar y frustración entre los afectados, que sienten que no es justo verse obligados a abandonar sus hogares y perder la normalidad de su vida cotidiana.

Jared habla con cansancio y rabia contenida. Hace apenas unas horas tuvo que abandonar su casa en Torre Urzáiz junto a su mujer y sus dos hijas pequeñas ante el riesgo de inundación. Desde entonces, todo ha sido incertidumbre. “Nos desalojaron y no nos han dado una solución real”, resume. A las familias afectadas les han ofrecido un espacio común donde se concentran varias personas: “Con niños pequeños no es plan”.

Lamenta que pagan un seguro y que esperaban, al menos, que les cubrieran unos días de hotel, como, según explica, ocurrió en otras ocasiones años atrás. “Lo mínimo sería que nos dijeran que fuéramos a un hotel y que nos abonaran la factura. Pero tener que pagar 50 o 100 euros al día de tu bolsillo es imposible”, afirma.

Mientras tanto, las versiones sobre la situación no han sido claras. “Unos dicen que el agua va a entrar, otros que no. Que si la mota está agrietada, que si no… Nadie aclara nada”. El temor no es solo el agua. Con las viviendas vacías y sin vigilancia, teme robos: “Si te roban, luego el seguro te pondrá pegas”.

En casa intentan proteger a las niñas de la angustia: “Les hemos dicho que estamos de reforma. Si les dices que puede entrar el agua, te dicen que no quieren volver a vivir aquí”. La situación ha golpeado especialmente a su mujer, que arrastra desde hace un año problemas de ansiedad y depresión. “Con medicación y todo, no mejora. Ahora, además, esto… Yo no puedo estar tranquilo viendo cómo está”, argumenta.

Cuando llegó el aviso, explica que su mujer se acercó al río para comprobar el caudal: “Pensó que aún quedaba margen”. Sin embargo, tras avisar a la Guardia Civil, la advertencia fue clara: no había que mirar el cauce, sino la mota, que estaba a punto de romperse. “Si se rompe, se inundan todas las casas”, destaca.

Protección Civil sobrevoló la zona con un dron y ordenó desalojar. “Nos dieron una hora. ¿Qué haces con una hora?”. Jared salió del trabajo cuando recibió la llamada. “A mi jefe no le sentó bien, pero primero está mi familia”. Subieron todo lo que pudieron a la planta de arriba e intentaron salvar lo imprescindible.

Lo que más le desconcierta es que, pese a la orden de desalojo a la una de la tarde, hasta las ocho aún se permitía entrar a algunas personas en sus casas. “¿Cómo se come eso?”, se pregunta. También se preocupa por sus dos perras: “Menos mal que Protección Civil se las ha llevado. Si no, ¿qué hago con ellas?”.

Dos familias, asegura, han sido alojadas en un hotel. El resto, no. Jared no pide privilegios, insiste, solo una mejor solución temporal para proteger a los suyos mientras pasa la amenaza.

Ramona puede compartir espacio con Jared. A última hora del miércoles aún estaba decidiendo qué hacer junto a su marido y sus dos hijos. “Menos mal que mis hijos estaban en el colegio. Cogimos lo que pudimos y nos fuimos. Nos dieron una hora para salir”, recuerda del momento en el que tuvo que abandonar su casa.

Visiblemente emocionada, detalla que la primera noche la pasó con su familia en un hostal en Fuentes de Ebro: “Pero ahora nos dicen que han habilitado el pabellón para todos. Puedo entender que es una emergencia, pero mi marido no cabe en la cama y yo tengo un problema de salud. ¿Qué hacemos? ¿Se quedan nuestros hijos solos en el pabellón y nosotros dormimos en el coche? Tampoco nos dejan meter colchones en el pabellón para poder dormir aquí”, relata.

Sobre cuándo podrán volver a sus casas, Ramona precisa que les han dado vales de comida hasta el sábado 20: “No sabemos más”, concluye.

Una familia en el pabellón de Movera

Finalmente, en el pabellón de Movera solo cuatro personas tienen previsto pasar las noches mientras dure la emergencia. Nacho, padre de dos hijos, permanecerá junto a su esposa: “Hay gente que no tiene alternativa y viene bien tener un lugar donde dormir. Es positivo que nos hayan podido ayudar”, apunta.

En su caso, durante el fin de semana ya fueron preparándose para lo que podría pasar: “Aunque tampoco nadie nos dijo nada. Nos avisaron el lunes y sin tiempo para desalojar. Yo soy autónomo y pude dejar de trabajar para preparar las cosas”, reconoce.

La situación es estresante, aunque Nacho prefiere quedarse con la parte positiva: “Dentro de lo malo no ha entrado el agua en casa. Cuando lleguemos estará bien, sin tener que limpiar ni sacar agua”, expone. “Tenemos un hogar temporal, así que dentro de lo malo… A ver si pasa todo rápido”, confía.

A la espera de la evolución del caudal y del estado de la mota, los vecinos afrontan días de provisionalidad. La decisión sobre el regreso dependerá de los próximos informes sobre la seguridad que ofrece el río Ebro. Mientras, los servicios de emergencia mantienen la vigilancia.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents