La tienda del centro de Zaragoza que repara máquinas de escribir: “Si viviéramos solo de esto, ya habríamos cerrado”
En Zaragoza, el taller Gozalo y Jiménez S.L. sobrevive reparando máquinas de escribir desde 1956, un oficio familiar que se enfrenta a la era digital y a la poca viabilidad de un negocio que se encuentra en las últimas

Gozalo y Jiménez S.L., uno de los pocos negocios en pie que reparan máquinas de escribir en Zaragoza / MIGUEL ANGEL GRACIA
En Zaragoza todavía hay quien repara máquinas de escribir, un oficio que ha sobrevivido por largos y largos años. Este taller familiar, que comenzó en 1956, ha visto pasar generaciones y modelos, desde las clásicas Olivetti y Olympia hasta las primeras electrónicas. Aunque hoy casi todo se hace con ordenador, aquí se siguen restaurando máquinas con paciencia y conocimiento. Cada reparación es un encuentro con la historia de la tecnología y de quienes la usaron. Las cintas escasean, los repuestos se buscan incluso en internet, y cada máquina es un pequeño tesoro. Mantener vivo este oficio es, en realidad, mantener viva una parte del pasado.
De los pocos talleres de reparación que persisten en este campo, Gozalo y Jiménez S.L. sigue respirando en una de las calles del centro de la capital aragonesa, la de Madre Sacramento, a escasos metros de la Puerta del Carmen. Se trata de un negocio heredado por dos hermanos en el año 2000, cuando su padre y fundador de la empresa terminó por jubilarse. "Ahora los dos somos socios, antes era una empresa de reparación de máquinas de escribir y temas de informática. Con el tiempo, ampliamos servicios y ahora también llevamos servicio técnico de máquinas de gimnasio, que es lo más fuerte actualmente", explica a este diario José Gozalo, uno de los propietarios.

Gozalo y Jiménez S.L., uno de los pocos negocios en pie que reparan máquinas de escribir en Zaragoza / MIGUEL ANGEL GRACIA
Al pasar por delante de sus escaparate ya se pueden ver auténticas joyas de hace décadas. Marcas como Olivetti, Underwood, Triumph-Adler u Olympia siguen llamando la atención de los más curiosos y estas forman parte de una colección que ha pasado de una generación a otra. Eso sí, que no se confunda la clientela, en Gozalo y Jiménez no adquieren. "Viene mucha gente a vender sus máquinas, pero nosotros no compramos. Antes si había mercado de segunda mano, pero hoy prácticamente no existe. La mayoría de máquinas que exponemos ahí son nuestras, algunas están para reparar, no obstante muchas forman parte de la colección que fue reuniendo mi padre", apunta Gozalo.
Si se comprueba la rentabilidad del taller, las noticias son poco esperanzadoras. "Si viviéramos sólo de esto, ya habríamos cerrado. Nos mantenemos gracias a nuestros otros servicios. Las máquinas de escribir han desaparecido prácticamente del uso diario, ahora todo se hace con ordenador. En notarías a veces se utilizan para corregir errores en documentos ya firmados, pero es algo puntual", admite el propietario, que tampoco ve muy claro su futuro. "Cuando faltemos mi hermano y yo no sé que pasará. Mi sobrino está aquí, pero no conoce el oficio y no sé si aprenderá".
Un oficio con cierto encanto
En pleno siglo XXI donde las nuevas tecnologías y la IA se han vuelto algo más que una herramienta para la mayoría de zaragozanos, algunos bohemios, o simplemente nostálgicos, todavía entran para tratar de volver a escribir de esta peculiar manera. "Normalmente es por valor sentimental, porque perteneció al abuelo o a alguien de la familia, o porque la encuentran en un trastero y sienten curiosidad. Algunos vienen con sus nietos o sobrinos a arreglarlas", explaya el hombre, quien también recuerda casos esporádicos de alguien que llega y le dice que "van a escribir un libro" con este tipo de máquinas.

Gozalo y Jiménez S.L., uno de los pocos negocios en pie que reparan máquinas de escribir en Zaragoza / MIGUEL ANGEL GRACIA
Respecto a este "encanto" que pueden generar su aspecto o los recuerdos a los que evocan, "no son viables" de mantener y hacer negocio con ellas por un largo periodo de tiempo. "Siempre está el nostálgico, pero no es suficiente. Eso sí, mucha gente se para en el escaparate y te dice que aprendió a escribir o hizo las oposiciones con una de esas".
En Zaragoza, según el propio Gozalo, apenas quedan tiendas que se dediquen a esta actividad. La reparación de máquinas de escribir se ha convertido en un oficio en peligro de extinción, un vestigio de una era que se resiste a desaparecer. Aun así, mientras queden manos que sepan devolverles la vida a estas máquinas, y ojos curiosos que se asomen al escaparate, la memoria de décadas de escritura y aprendizaje seguirá latiendo en este histórico negocio.
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