Víctor Flores, el 'guardián' de las puertas y los secretos de la basílica del Pilar: "Antes de abrir las puertas al público sientes una paz muy especial"
Es el sacristán mayor del templo, está a cargo de un equipo de siete celadores más y su misión es que todo esté a punto para todo lo que ocurre dentro del edificio más importante de Zaragoza

El Periódico de Aragón

Pocos trabajos tan significativos como el suyo habrá en la ciudad de Zaragoza. Son las 10.30 horas de este pasado lunes. Víctor Flores espera a las puertas de la basílica del Pilar, un templo que en ese punto de la mañana lleva ya tres horas abierto. Él, como sacristán mayor del templo, se encarga de que todo esté a punto para recibir a las miles de personas que, cada día del año, sin excepción, cruzan las puertas del que es, sin duda, el edificio más emblemático de la capital aragonesa.
A diferencia de lo que uno pueda pensar, Flores es un laico. Forma parte del cuerpo de empleados civiles del Cabildo que trabajan en la basílica para que todo funcione como debe. Él ejerce de sacristán mayor y a su cargo tiene a siete empleados, que se llaman celadores. Entre su misión está la preparación de las misas, que son diez cada día salvo los domingos, cuando hay una más. Prácticamente en cuanto acaba un oficio hay que comenzar a organizar el siguiente.
Además de celadores, dentro del Pilar trabaja también un equipo de limpieza, indispensable para que todo luzca impecable y presentable, y personal de mantenimiento. Por encima quedan los miembros del clero, los canónigos del Cabildo encargados de la gestión de la basílica, de cuyo día a día se encarga el delegado capitular de Culto y Pastoral del Pilar, José Antonio Calvo Gracia. "Mi trabajo es también estar en permanente comunicación con él", dice el sacristán.
¿En qué consiste el trabajo?
Por encima de este cuerpo de empleados laicos están los canónigos del Cabildo, que son doce, cada uno con su función asignada. Además, hay cinco eméritos. "Se reúnen en el espacio que queda detrás de esta puerta, la Sala Capitular, que no te puedo mostrar ahora. Es donde se juntan para tomar decisiones, como la sala de reuniones del consejo de administración de una empresa", explica Flores de forma didáctica en una antesala a la que se accede por un pasillo que queda debajo del órgano principal del templo y el Coro Mayor.
Y es que Flores, como sacristán mayor, se conoce todos los rincones y secretos del templo. Cuartos y habitaciones a los que el público no accede. Uno de esos espacios, quizá el más significativo para su labor, es la sacristía mayor, una preciosa habitación muy ornamentada en el que se guardan las vestimentas de los sacerdotes en unas preciosas cajoneras de madera. Cada día, los celadores preparan los ropajes de los canónigos y los dejan doblados sobre el mueble junto a una etiqueta con el nombre de cada uno para que cada clérigo sepa lo que se tiene que poner. Es como un vestuario de un campo de fútbol pero en versión litúrgica.
En su trabajo, Flores y el resto de celadores deben cuidar todos los detalles. Cada día los oficios cambian en función del santo que se celebre y del tiempo litúrgico en el que nos encontremos. La primera misa es a las 8.00, en la capilla de San Judas, que es además la parroquia del Pilar, aunque las puertas abren media hora antes. "Los trabajadores llegan sobre las 6.00 para comenzar a prepararlo todo. Hay trabajos que es mejor hacerlos cuando todavía no hay gente", explica. "Tenemos que estar todo el día pendiente de todos los detalles para ver lo que se va estropeando o cosas que hay que mejorar o cambiar, como bombillas que se funden, que hay un montón. Mira, ahora vamos a empezar a limpiar todas estas lámparas de plata. Lo hacemos siempre para el Pilar y para Semana Santa", explica.
Aumentan las peregrinaciones
Esos momentos cuando llegan a su puesto de trabajo y pueden disfrutar del templo a solas es "muy especial", cuenta Flores. "No se puede explicar. Sientes una paz y una tranquilidad enorme. Estás totalmente en silencio, tranquilo. Es un momento muy bonito", admite emocionado. Él, que lleva 16 años trabajando en la basílica y siete como sacristán mayor, cuenta además que cada día "aprende algo nuevo": "En un edificio así es imposible conocerlo todo, cada día te fijas en un detalle diferente", asegura.
En ese momento alza la vista y dirige su mirada hacia una de las cúpulas. Allí hay un globo deshinchándose. "Es de Pilares. En esos casos no podemos hacer nada más que esperar a que baje", ríe.
Entre su misión está también la del cambio de manto de la Virgen, algo que se hace junto al capellán y por las noches, una vez se ha cerrado el tempo a las 20.30 horas. Entonces se deja preparado con el color que lucirá al día siguiente. "También nos encargamos de organizar a los grupos que vienen de peregrinación y de reservarles capillas o espacios para que celebren misa en sus idiomas. Vienen de todo el mundo, Filipinas, EEUU, Latinoamérica, Indonesia... Y en este último año han aumentado mucho", dice. Un ejemplo: solo en octubre recibieron 100 grupos que sumaban 4.500 peregrinos.
Entre las misiones de Flores está también la de atender a los visitantes que le preguntan o cerrar la verja de madera que separa la zona reservada para el culto -el altar mayor- de la Santa Capilla cuando se celebran misas. "Me sé casi todos los santos e imágenes, pero siempre te preguntan por alguna que no te conoces", dice. Por cierto, parta trabajar en la basílica, solo hace falta dejar el currículum en las oficinas del Cabildo. "Cuando se necesita a alguien se revisa y si los canónigos lo ven conveniente, se contrata a alguien", cuenta.
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