Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Javier López, propietario de Ciclos Cabrera, la tienda de bicicletas más antigua de Zaragoza: "Empecé a trabajar a los 20 años tras terminar la mili"

La tienda zaragozana con más de ochenta años de historia, es un negocio familiar que ha visto pasar a tres generaciones y que aún hoy repara bicicletas como en sus inicios

Zaragoza

En una calle tranquila del barrio del Gancho, lejos del ruido de las grandes superficies y del consumo acelerado, resiste uno de esos negocios que forman parte de la memoria viva de Zaragoza. Ciclos Cabrera no es solo una tienda de bicicletas: es un testigo del paso del tiempo, de los cambios sociales y de varias generaciones de clientes que han crecido entrando por la misma puerta de su local en la calle del Conde Aranda 130.

Javier López López, actual propietario, representa la continuidad de una historia familiar que comenzó hace más de ocho décadas. “Soy la tercera generación ya. Mi abuelo fue el que lo montó, mi padre estuvo después y por último yo”, explica desde el mostrador donde lleva trabajando más de cuatro décadas. Aunque su trayectoria personal suma 41 años, el negocio se remonta a 1940, cuando la bicicleta era un medio de transporte esencial.

Ciclos Cabrera, la tienda que lleva reparando bicis en Zaragoza desde 1940

Ciclos Cabrera, la tienda que lleva reparando bicis en Zaragoza desde 1940 / JOSEMA MOLINA

Hoy, la tienda mantiene la esencia del comercio tradicional. Aquí se venden bicicletas nuevas, repuestos y, sobre todo, se reparan. Un servicio que sigue siendo la base del negocio y que muchos clientes valoran especialmente. “Intento siempre llevarlo al día”, asegura López. Trabaja solo y adapta su jornada a las necesidades del barrio: “Si tengo que estarme más rato o venir de madrugada en verano, pues lo hago”, explica, reafirmando su compromiso.

Ese compromiso explica la fidelidad de una clientela que ha acompañado a la tienda durante décadas. “Cuando llevas tantos años, son bastante fieles ese tipo de clientela”, comenta. Aunque reconoce que las nuevas generaciones tienen hábitos distintos, el trato cercano sigue marcando la diferencia frente a las grandes cadenas. Para él, la clave está en algo sencillo: “Siempre es una ventaja entrar a una tienda y que te atienda el propietario”.

A lo largo de los años han pasado por Ciclos Cabrera clientes de todo tipo. Recuerda especialmente épocas en las que incluso deportistas visitaban el local: “Han venido gente de toda clase. En su día venían futbolistas del Real Zaragoza porque había un conocido en el equipo. También han venido políticos y personas de cualquier perfil”, resume con naturalidad, restando importancia a una trayectoria que, vista en perspectiva, forma parte del patrimonio comercial de la ciudad.

Un futuro incierto

Su llegada al negocio tampoco fue fruto de un plan premeditado. “Mi padre me dijo que hacía falta personal en ese momento”, recuerda. Tras terminar los estudios y la mili, empezó a trabajar con 20 años y ya no se marchó. Desde entonces, la rutina diaria de arreglar bicicletas y atender vecinos ha marcado su vida profesional.

El futuro del negocio, sin embargo, es una incógnita. No habrá relevo generacional directo y López lo asume con serenidad. Cuando llegue el momento, contempla la posibilidad de un traspaso para que el proyecto continúe. Mientras tanto, sigue abierto cada día, manteniendo el ritmo de siempre y el vínculo con quienes confían en su taller desde hace años.

Javier López, propiertario de Ciclos Cabrera, atendiendo a un cliente

Javier López, propiertario de Ciclos Cabrera, atendiendo a un cliente / JOSEMA MOLINA

Su horizonte personal está claro: “La idea es a los 65 años jubilarme”. Hasta entonces, Ciclos Cabrera seguirá siendo lo que siempre ha sido: una tienda de barrio donde las bicicletas se arreglan rápido, el trato es directo y la historia de Zaragoza continúa avanzando, pedalada a pedalada.

Tracking Pixel Contents