Nacho Rubio, el bombero de Zaragoza que saltó de la portada del calendario a los escenarios como 'stripper': "Me encontraba con gente a la que conocía"
"He tenido mucha suerte porque nadie me ha juzgado, y eso que yo sentía que tampoco tenía el físico que me imaginaba de un stripper", explica

Nacho Rubio, este viernes en la plaza España de Zaragoza. / LAURA TRIVES

Nacho Rubio (1973) pertenece al servicio municipal más valorado por los zaragozanos, el cuerpo de Bomberos. Pero hace un tiempo tuvo además otro trabajo con el que se ganaba un extra y que le permitió ganarse además unas cuantas fans. Bajo el nombre de Nacho Cacho, Rubio (o Iñaki, como le conoce mucha gente) ejerció de stripper durante un tiempo. "Fue una etapa muy bonita", recuerda ahora.
Rubio ingresó en los Bomberos de Zaragozaen el año 2006, hace ahora 20 años. Antes había estado ya como interino en el servicio antiincendios de la DPZ. Al poco tiempo de entrar en el cuerpo municipal, recuerda ahora, participó en varias ediciones del afamado calendario de Bomberos, en lo que fueron sus primeros pinitos en el bello arte de lucir cacho. De joven, además, había sido relaciones públicas de alguna discoteca e incluso también había ejercido como gogó en Benidorm, así que la cosa no le pilló de nuevas.
"Fue un cúmulo de circunstancias", dice cuando echa la vista atrás cuando se le pregunta sobre sus inicios como stripper. En 2010 tuvo que hacer frente a una serie de gastos extraordinarios y comenzó a pluriemplearse para poder conseguir más dinero. Repartió guías telefónicas, aguinaldos e incluso estuvo en la fábrica de Ambar. "Y entonces una persona que trabajaba con nosotros en el parque de Bomberos nos dijo que le estaban organizando una despedida a una amiga y que buscaban a alguien del cuerpo porque les hacía gracia el tema del calendario. Así que un compañero dio mi nombre porque sabía que había bailado de joven y eso. Me lo comentó y yo pensé que podía probar", cuenta.

Portada del calendario de los Bomberos de Zaragoza de 2010, con Nacho Rubio a la izquierda. / BOMBEROS ZARAGOZA
Entonces recurrió a un conocido, también bombero, quien llevaba tiempo ejerciendo como bailarín profesional en clubs zaragozanos como La Casa del Loco y Oasis. Este compañero fue quien le dejó a Rubio la ropa y la música para sus primeros 'shows'. "La primera vez fue muy divertida así que decidí continuar", explica.
Así que este bombero, ya con 35 años, decidió continuar y aprendió que aquello de bailar ante mujeres, en su caso, era una profesión con todas las letras y que, por tanto, requería de un aprendizaje y una producción. Ignacio Rubio, Iñaki para los amigos, pasó a ser Nacho Cacho y el stripper se hizo un álbum de fotos, tarjetas de visita y se encargó dos trajes para sus espectáculos uno de policía y otro, como no podía ser de otra manera, de bombero. "Ese era mi favorito. En los restaurantes empezaba el 'show' con las luces apagadas y entraba con la linterna", recuerda.
Al poco de empezar le contrataron fijo para un local especializado en despedidas de soltera en Cuarte de Huerva. Cuando empezó, explica, sentía algo de pudor y no se quitaba toda la ropa. Se quedaba en tanga. Pero con el tiempo perdió cualquier tipo de vergüenza. "Me desnudaba completamente pero dentro del morbo intentaba que fuera bonito, no muy evidente", explica.
Las anécdotas
Nacho Cacho estuvo en activo durante unos cinco años. La cantidad de trabajo variaba y el balance que hace ahora "es muy positivo". "Actuaba en peñas, en restaurantes y hasta en domicilios. Fue muy bien. Solo tuve una anécdota mala y fue en un Santa Águeda. Cuando ya estaba desnudo, una chica se acercó al escenario y me intentó arrancar el pareo de muy malas maneras. El DJ la tuvo que apartar", rememora.
En ese tiempo acumuló muchas anécdotas de las que ahora se ríe aunque en su momento no tuvieran tanta granca. En una ocasión, recuerda, probó un anillo pare el pene y lo llevó puesto más tiempo del indicado, lo que resultó en una inflamación de sus partes íntimas. "No lo hice más", ríe.
En un primer momento, Rubio intentó mantener el que era su segundo trabajo en secreto pero poco a poco lo fue conociendo la gente. "Era curioso porque Zaragoza es como un pueblo y en muchos espectáculos siempre conocías a alguien, aunque fuera a un compañero del colegio o el conocido de un conocido. Llegó un punto en el que decidí contárselo a mi madre y aunque me daba un poco de miedo, reaccionó muy bien. Me dijo: 'Anda mira qué bien, qué moderno. Eso se lleva mucho ahora'", cuenta. "He tenido mucha suerte porque nadie me ha juzgado, y eso que yo sentía que tampoco tenía el físico que me imaginaba de un stripper", zanja.
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