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La Suprema, la singular corsetería centenaria de Zaragoza que ha sobrevivido a guerras y pandemias de todo tipo

Ha visto pasar desde la primera gripe española pasando por la segunda guerra mundial y se ha mantenido en pie gracias a las generaciones de mujeres que han estado al mando

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Primero fue mi bisabuela, luego mi abuela y su hermana, después mi madre y ahora yo”, cuatro generaciones de mujeres al frente de un negocio familiar que abrió en el año 1910.

Detrás del mostrador de La Suprema, la corsetería más antigua y con más historia de Zaragoza, se encuentra Ana Tazón, la cuarta generación de mujeres que continúa con este legado familiar en el corazón de la ciudad. "Mi bisabuela con mi bisabuelo vendían de manera ambulante en Zaragoza y alrededores. Y se empieza a ir bien y deciden comprar una casa en la zona comercial de Zaragoza que en ese momento era el Mercado Central". Su abuelo tres años después fallece quedándose su abuela al frente del negocio.

Corsés fabricados a mano

“Comenzaron confeccionando corsés hechos por ellos”, cuenta Ana al recordar la historia de su bisabuela. En 1910 no existía el sujetador tal y como lo conocemos hoy en día, por lo que la prenda que predominaba en aquella época eran los conocidos corsés. “Eran corsés que se confeccionaban artesanalmente; tampoco había nada que se hiciera de manera industrial”.

La Suprema, la corsetería en el corazón de Zaragoza, con más de 100 años que ha sido testigo de la evolución de la lencería

La Suprema, la corsetería en el corazón de Zaragoza, con más de 100 años que ha sido testigo de la evolución de la lencería / MIGUEL ANGEL GRACIA / EPA

La historia de la moda fue cambiando y, con ella, la ropa interior de las mujeres, sus gustos y también la propia tienda, que supo adaptarse a cada etapa. “Entonces hacían corsés; después de los corsés se pasó a las fajas, digamos que bajó hacia abajo, y luego apareció el sujetador”.

Con la llegada de la Revolución Industrial, las cosas cambiaron: además de confeccionar sus propios corsés, también compraban productos traídos de fábricas, convirtiéndose en una tienda mixta. Finalmente, los corsés dejaron de fabricarse.

Cambios a lo largo del tiempo

“En una ocasión escuché que los comercios centenarios éramos los más modernos que existíamos, porque te tenías que adaptar, y si no, mueres”, dice Ana. Y así ha sido: se han ido adaptando a los tiempos, pero su filosofía siempre ha sido la misma. Se especializan más en corsetería que en lencería, es decir, en prendas relacionadas con fajas y sujetadores, diseñadas para moldear, sujetar o dar forma al cuerpo.

La Suprema, la corsetería en el corazón de Zaragoza, con más de 100 años que ha sido testigo de la evolución de la lencería

La Suprema, la corsetería en el corazón de Zaragoza, con más de 100 años que ha sido testigo de la evolución de la lencería / MIGUEL ANGEL GRACIA / EPA

Han cambiado muchísimo los tejidos; siempre se ha dirigido a la corsetería del día a día, se ha buscado siempre la comodidad. Eso es en lo que nos hemos especializado”, confiesa Ana, consciente de los cambios que han vivido. “Los tejidos han hecho que las prendas sean muchísimo más cómodas. Y eso ha sido la gran revolución, cuando empezaron a usarse las licras y sus diferentes tipos. Y ahora, existen una gran cantidad de materiales que pueden sujetar sin necesidad de varillas”.

La tienda que nunca ha cerrado

"Una de las cosas que se comentaban, que yo no terminaba de entender, que siempre decían, es que la tienda no ha cerrado nunca", cuenta como anécdota Ana, ya que de pequeña no entendía esta afirmación.

La Suprema, la corsetería en el corazón de Zaragoza, con más de 100 años que ha sido testigo de la evolución de la lencería

La Suprema, la corsetería en el corazón de Zaragoza, con más de 100 años que ha sido testigo de la evolución de la lencería / MIGUEL ANGEL GRACIA / EPA

“Entonces tenemos que pensar que esta tienda sobrevivió a la primera gripe española en 1918, que fue una pandemia, y no se cerró. Pasó la Guerra Civil y tampoco se cerró, porque eran mujeres quienes la estaban llevando. Durante la Segunda Guerra Mundial habrían tenido problemas, supongo, de abastecimiento de telas y otros materiales… y aun así siguió abierta. La primera vez que tuvo que cerrar fui yo, con el COVID”, cuenta Ana todo lo que se ha vivido en la tienda desde hace 116 años.

La Suprema es más que un comercio, es un testimonio de la historia, no sólo de Zaragoza, sino del nuestro país y del esfuerzo de generaciones de mujeres que han sabido combinar tradición y modernidad.

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