La clínica que primero fue un chalet y que será un hospital en el paseo más pintoresco de Zaragoza
El edificio está catalogado como de Interés Arquitectónico B y en su momento fue uno de los máximos exponentes de la arquitectura moderna

Así lucía el edificio de la clínica del Pilar en 1931 cuando se construyó. / GRAN ARCHIVO ZARAGOZA ANTIGUA

Reabrirá dentro un año y medio reconvertida en un hospital especializado en ictus y antes había sido una de las clínicas con más solera y con más tiempo en funcionamiento en la ciudad, pero en origen nunca se pensó como centro hospitalario. La por todos conocida Clínica del Pilar, situada en el paseo Ruiseñores de Zaragoza, se diseñó como lugar de residencia Pedro Hernández Luna. En origen era un edificio de tan solo dos plantas y que estaba pintado con colores diferentes en cada una de sus caras, convirtiéndose en origen en uno de los inmuebles más rompedores de la ciudad.
El edificio fue proyectado en agosto de 1931 por el ilustre arquitecto zaragozano Regino Borobio Ojeda, asistido en este caso por su hermano José. Según consta en la ficha de catalogación que conserva el Ayuntamiento de Zaragoza, la casa fue construida ese mismo año pensado para servir como chalé o vivienda unifamiliar.
Así, en origen, el edificio se diseñó pensando en la funcionalidad interior mientras que por fuera ofrecía rectitud y perfección en las formas. El inmueble estaba compuesto por prismas donde los ángulos rectos cortaban el ambiente en un paseo, el de Ruiseñores, en el que este edificio fue uno de los primeros de su estilo, aunque no el último.

La antigua Clínica del Pilar de Zaragoza será un hospital especializado en ictus y daños cerebrale / Pablo Ibáñez
"El edificio ofrecía en origen una acertada composición volumétrica de prismas puros que se articulaban mediante un equilibrio de masas en la que todos los ángulos eran rectos y los prismas perfectos, respondiendo a un ejercicio compositivo purista en el que se había diseñado todo, desde las rejas hasta el último elemento del interior y en el que juegan un papel fundamental el cromatismo original a base de blanco, ocre, rojo y azul, aplicado en las diferentes caras de los volúmenes (cada color en una cara diferente)", explica la ficha municipal con al que se cataloga este edificio.
No obstante, la obra inicial pronto se fue desvirtuando con sucesivas ampliaciones y adhesiones. En 1940, cuando la casa comenzó a funcionar como clínica, Alejandro Allanegui elevó el inmueble con una planta más y en 1947 y 1961 se siguieron haciendo reformas que transformaron por completo el sentido original del edificio, dando al traste así con una de "las más modernas obras de la arquitectura del momento", muy aproximada a los postulados del Grupo de Artistas y Técnicos Españoles Para el Progreso de la Arquitectura Contemporánea (Gatepac) y "con acentos marcadamente cubistas".
Catalogado
A pesar de la transformación sufrida, el edificio sigue protegido y catalogado por su interés arquitectónico y las únicas intervenciones permitidas son la rehabilitación. Asimismo, se deben conservar las fachadas de lo que en octubre de 2027 va a reabrir reconvertido en un hospital especializado en ictus.
No obstante, en el paseo Ruiseñores, cerca del paseo Sagasta, donde se concentraba un mayor número de obras de arquitectura modernista en Zaragoza, era en la época un escaparate de talento y diseño. Allí se levantó un año antes, en 1930, el chalé de Matías Bergua, que antes de convertirse durante la transición en la sede de RTVE en Zaragoza, fue una cárcel en la que el ejército sublevado torturó a decenas de presos políticos republicanos durante la guerra civil.

Colegio Pedro Cerbuna en 1931 en el paseo Ruiseñores de Zaragoza. / GRAN ARCHIVO ZARAGOZA ANTIGUA
Historias más alegres se vivieron en otros equipamientos que en su momento estaban situados en el paseo Ruiseñores, como es el caso del Colegio Mayor Pedro Cerbuna, que atrajo hasta la zona a jóvenes universitarios, convirtiendo todo este entorno en una zona con un claro cariz vanguardista.
Hoy el paseo se ha convertido en una zona residencial. Allí se concentran algunas de las viviendas más caras de la ciudad. Sin embargo, curiosamente, la que fue en su momento una de las casas más innovadoras de la capital aragonesa ya no está o no al menos como se construyó. Fue chalé, en 1940 se convirtió en clínica y así siguió siéndolo hasta el verano de 2023, cuando cerró tras el despido de los trabajadores. La empresa aragonesa Vitalia compró el edificio y el próximo mes de abril va a comenzar las obras para convertirlo en un hospital especializado en ictus.
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