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Invasión de ratas en la calle Las Armas: "Tengo que andar pisando fuerte para que no se acerquen. Me dan mucho miedo"

El Ayuntamiento de Zaragoza ha solicitado a los dueños del solar afectado que lo limpien, ofreciendo incluso su propia desinfección para luego repercutir el coste a los propietarios

Invasión de ratas en la calle Las Armas: "Tengo que andar pisando fuerte para que no se acerquen"

El Periódico de Aragón

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David Chic

David Chic

Zaragoza

"Tengo que ir dando pasos fuertes para que no se acerquen. Me dan mucho miedo". Así habla una vecina sobre las ratas que en los últimos meses han tomado la calle Las Armas en el tramo más cercano a la avenida César Augusto. El origen de estos animales, que se dejan ver incluso a plena luz del día, está en un solar particular en el que se acumulan basuras, escombros y maleza. Allí están a sus anchas mientras los residentes de la zona han emprendido una cruzada exigiendo que se controle la plaga.

El solar del número 5 de la calle no es la primera vez que da problemas. Durante años ha sido un punto de acumulación de bolsas de basura y según el Ayuntamiento de Zaragoza en numerosas ocasiones se le ha solicitado a los propietarios que se hagan cargo de su limpieza. Algo que se ha repetido en las últimas semanas, ofreciendo como alternativa que el propio consistorio pueda hacerse cargo de su desinfección para luego repercutir el coste a los dueños. "Existe preocupación por este caso concreto", reconocen. De hecho, ya se han realizado tratamientos en el alcantarillado de las proximidades.

Sin embargo, mientras se efectúa la limpieza, las ratas han pasado a convertirse en una presencia habitual en la zona. "Desde que hace mejor tiempo están siendo un gran problema", asegura Salma Khamlichi, vecina en el portal de al lado del solar afectado por la plaga. "Por el día se ven de vez en cuando, pero en las noches salen muchísimas y se dedican a romper todas las bolsas de basura que hay cerca", afirma.

La situación ha llevado a algunos vecinos a poner carteles pidiendo que se realicen denuncias ante el departamento municipal de salud pública. "Son como gatos", asegura Adelina Romance sobre su tamaño, otra de las habitantes de la calle que lleva trece años en el barrio de El Gancho. "Siempre hemos tenido estos problemas, pero como la zona cada vez está más guarra ahora salen a todas horas", afirma.

La preocupación es central en la calle de Las Armas, pero se extiende a otras áreas como las calles Casta Álvarez o Mosén Pedro Dosset. "A veces pienso que se está convirtiendo en un barrio incómodo para vivir", establece Óscar Chueca, instalado desde 2012. "Muchas cosas han cambiado en los últimos años, con la desaparición de árboles, con alcantarillado roto, grietas por todos los lados y más acumulación de basura", lamenta.

La presencia de bolsas de basura y restos de comida en los rincones centra la mayoría de las críticas a la espera de que se intervenga a fondo en el solar afectado. "Sabemos que son los dueños los que tienen que intervenir, pero mientras tanto vemos que la situación va a más sin que nadie haga nada", insiste Santiago Gracia, también afectado directo. Por eso explica que han contactado con el ayuntamiento pidiendo un sistema de recogida de residuos más efectivo, puesto que por la estrechez de la calle en sus edificios no disponen de cubos en cada una de las comunidades. "Necesitamos más contenedores grandes estratégicamente situados, como pasa en la calle Unceta", considera.

Por otro lado, achaca la situación de insalubridad no solo a la acción descuidada de los vecinos habituales, sino a los residentes temporales en las viviendas de uso turístico que se han multiplicado en el entorno. "Los visitantes no cumplen con ningún horario y es habitual que dejen restos abandonados cuando dejan los apartamentos en la mañana, no tienen ninguna consideración", denuncia Gracia.

"Así no se puede estar, este es el trozo más bonito de la calle y se lo están cargando", asegura una vieja vecina que reside "desde los trece" años en San Pablo. Nunca había lidiado con un problema de ratas como el que están viviendo en las últimas semanas. "Quiero que se marchen ellas, porque si a mí me quitan de aquí yo no vivo", asegura con humor resignado.

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