Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

ZGZ con voz propia

Marisa Verde, creadora de la primera hamburguesería de El Gancho y fundadora de la asociación Zaragoza Antigua: "Los barrios necesitan la mezcla de los vecinos"

Con sus 81 años, Marisa Verde ha sido frutera en el Mercado Central o propietaria de la primera hamburguesería del barrio de San Pablo. Además, ha tenido tiempo de movilizar al tejido comercial para avanzar en la rehabilitación de todo el distrito

Marisa Verde, creadora de la primera hamburguesería de El Gancho y fundadora de la asociación Zaragoza Antigua: "Los barrios necesitan la mezcla de los vecinos"

Jaime Galindo

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google
David Chic

David Chic

Zaragoza

Marisa Verde fue designada Zaragozana ejemplar en el año 2015. Una distinción en su opinión «nada merecida» que aceptó por la presión de sus compañeros en la reivindicación vecinal. En aquel momento, esta hostelera que ha desempeñado «mil tareas», ya había plantado cara al Ayuntamiento de Zaragoza para rehabilitar su querido barrio de San Pablo, un distrito en el que ha pasado prácticamente toda su vida con pasión y con vehemencia. Fuera sirviendo hamburguesas o planteando mejoras «para los de toda la vida» y de carácter social. «Estar de cara al público te enseña mucho», afirma.

Marisa Verde, actualmente residente en Garrapinillos, nació en la avenida de Madrid en 1945 y fue bautizada en el Portillo. Pero sus padres se trasladaron cuando tenía 18 meses al barrio de San Pablo, concretamente a la plaza de Santo Domingo, y ese fue el distrito en el que ha desarrollado toda su labor. Zaragozana de pura cepa, pocos años después se mudó a la calle de San Blas que según recuerda «bullía con una actividad comercial y humana que hoy no se puede ni imaginar». Colmados, tiendas y negocios que aunque ya no existan ha aprendido a valorar y defender.

Su trayectoria profesional comenzó al poco tiempo de cumplir los 17 años en aquel vital Mercado Central que era el corazón de la ciudad. Mientras su familia tenía un puesto en la primera planta, Verde bajó al sótano -al «hondo»- para aprender el oficio de cajera con un mayorista de frutas. «Nunca se paraba, con movimiento de vehículos, hortelanos ofreciendo sus productos en la explanada de fuera y personas comprando y vendiendo a partir de las cuatro de la mañana, algo muy curioso pero normal para aquella época», recuerda.

Tras el traslado de los mayoristas a Mercazaragoza en los años 70 y el fallecimiento de su padre se puso junto a su hermano al frente del puesto familiar que regentaban desde el final de la guerra civil. Ponerse de cara al público le permitió conocer el sentir del distrito y estar atenta a los cambios sociales. «Yo me adapto a casi todo, me parece que soy un todoterreno», asegura a sus 81 años.

Con olfato y ganas de cambiar de aire, tras una de las reformas del Mercado Central, apostó por uno de esos negocios que pronto se pondrían de moda en una Zaragoza que aprendía a vivir en democracia. Así, en los años ochenta abrió la primera hamburguesería del barrio de El Gancho, frente al antiguo Instituto Luis Buñuel. Con el nombre de burger El Recreo establecieron una gran rivalidad con el pionero burger Paco y pronto se convirtió en el punto de encuentro para los estudiantes y todo tipo de clientes. En aquellos años la calle Predicadores tenía un gran nivel hostelero y una discoteca que atraía a vecinos de toda la ciudad.

Marisa Verde en su casa de Garrapinillos, esta semana.

Marisa Verde en su casa de Garrapinillos, esta semana. / Jaime Galindo / Jaime Galindo

Fue desde el mostrador de El Recreo donde Marisa pudo ser testigo directo de la degradación del barrio. A principios de los años ochenta, la heroína, el trapicheo y el abandono urbanístico empezaron a hacer mella en la convivencia. Por eso motivo, al considerar que la asociación vecinal existente en aquel momento no daba respuesta a los problemas de los residentes de siempre, se unió a un grupo de vecinos para fundar la asociación de vecinos de Zaragoza Antigua en 1987 aunque con actividad desde varios años antes entre reuniones, manifestaciones, quejas y actividades varias.

Todos los años en la lucha vecinal los recuerda como «un caballo de pelea» con su esposo, sobre todo porque tenía que marcharse «muchas horas» en las que hacía «mucha falta en el negocio» para estar presente en la coordinación del recién inaugurado movimiento. «Me gustaba mucho trabajar en beneficio del sector en el que vivía y de mis vecinos», evoca.

Un tiempo duro que ahora considera bien aprovechado con la perspectiva que da el el paso de los años y que finalmente se vio recompensado con su distinción en el Ayuntamiento de Zaragoza, entre otras. «Con la lucha vecinal se consiguieron que se quitasen contribuciones de las obras de las calles, conseguimos que se hiciese el centro de mayores y el centro de salud en el barrio, conseguimos que se hicieran viviendas sociales y conseguimos que se hicieran infraestructuras», detalla. Además, recuerda que en aquellos se produjo una significativa rivalidad con la asociación de vecinos Lanuza por sus diferentes enfoques sobre el proceso de rehabilitación. «Hemos conseguido cosas con banderas diferentes», señala.

Con el cierre de El Recreo, Verde entró a regentar la cafetería del centro de mayores que ella misma había impulsado. Otro cambio en su trayectoria que le permitió seguir escuchando las necesidades de sus vecinos ya en los años dosmil.

Más allá de las polémicas urbanísticas, esta activista vecina todavía defiende la necesidad de que las calles de El Gancho mantengan su esencia sin caer en la marginalidad ni en el olvido institucional. «El barrio necesitaba una mezcla de tejido social porque no podía ser todo lo mismo», reflexiona, señalando que esa falta de equilibrio es una amenaza que vuelve a acechar hoy en día. Para ella, la rehabilitación de calles como Predicadores en los años noventa llegó tarde y, a menudo, sin sensibilidad hacia el pequeño comercio. «Las instituciones están teniendo mucha culpa de lo que está pasando en el Casco Histórico», denuncia. Y a pesar de los achaques y de vivir alejada del centro no renuncia, siempre que puede, a los paseos por las calles que la vieron crecer.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents