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El barrio 'de la Química' en Zaragoza que ha actualizado su mapa de suelos: "No queremos generar alarma, pero existe un problema"

La guía subraya la necesidad de concienciar a los vecinos de La Almozara sobre la contaminación del subsuelo, instando a la transparencia y la exigencia de medidas preventivas ante los riesgos para la salud

Apeadero ferroviario de La Química en los años 70.

Apeadero ferroviario de La Química en los años 70. / Gran Archivo Zaragoza Antigua (GAZA)

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David Chic

David Chic

Zaragoza

El barrio de La Almozara de Zaragoza creció en torno a un polígono industrial conocido coloquialmente como la Química que aportaba trabajo para los vecinos recién instalados en esta zona de expansión de la ciudad, remontando el río Ebro. Sin embargo, este foco de prosperidad, que producía ácido sulfúrico mediante la tostación de piritas (sulfuros de hierro) procedentes de yacimientos como Cerler o Libros, tenía un lado oscuro debido a los componentes contaminantes aparejados a su actividad industrial. Por ese motivo, debido a la fuerte movilización social por las «nieblas ácidas» y la contaminación, una sentencia judicial obligó a su cierre a finales de 1979.

La asociación vecinal es muy consciente de este origen atípico del barrio. Entre sus señas de identidad están aquellas manifestaciones de aquellos años en los que se retomó la democracia reclamando información e indemnizaciones para el distrito. Fue una época en la que los residentes hacían frente a lluvias que dejaban boquetes en las ropas tendidas.

Así, se reclamaron las primeras indemnizaciones y las nuevas construcciones y desarrollos comenzaron a convivir con ese pasado industrial. Con el tiempo, el conocimiento sobre los residuos y las medidas preventivas fueron teniendo su efecto. De este modo, en el año 2006 se organizó una mesa redonda en el centro cívico con la participación del gerente de Urbanismo del Ayuntamiento de Zaragoza, la Confederación Hidrográfica del Ebro (CHE) y diversos geólogos de la que se publicó una guía informativa inicial que pretendía mantener vivo el recuerdo de los riesgos ambientales y aquellos residuos que quedaron enterrados bajo los edificios y zonas verdes del parque.

Una década después de aquel acto la Química sigue siendo una presencia habitual para los residentes aunque sus efectos no sean tan visibles como en los años setenta. Por eso, diez años después de aquella primera convocatoria informativa la asociación vecinal presentará en los próximos días la renovada guía Conociendo la herencia de contaminación ambiental de La Almozara, que es el resultado de un proyecto de ciencia ciudadana financiado por la fundación Ibercivis y desarrollado por investigadores de la Universidad de Zaragoza (grupos Geotransfer y Beagle) en colaboración con asociaciones vecinales. «Los residuos están donde se vertieron, pero las obras desarrolladas posteriormente, pueden volver a movilizarlos y colaborar en dispersarse. Además, sin su retirada, los residuos se pueden mezclar con los materiales naturales y dispersarse por el viento. Estas mezclas dificultan su identificación como escorias y hacen que las zonas afectadas por los residuos puedan seguir creciendo», señala el profesor de la Universidad de Zaragoza, Óscar Pueyo.

Vista de la antigua factoría química de La Almozara desde las alturas de la Aljafería en los años 30.

Vista de la antigua factoría química de La Almozara desde las alturas de la Aljafería en los años 30. / Gran Archivo Zaragoza Antigua (GAZA)

La guía ya está editada en papel y se está distribuyendo en institutos y centros locales. «No buscamos generar una alerta social innecesaria, sino fomentar el conocimiento para encontrar soluciones», asegura al explicar que quieren mandar un mensaje claro a los vecinos. «El problema está ahí y debemos ser conscientes de ello, especialmente cuando se realizan obras», incide.

Este riesgo hace que desde las entidades vecinales pidan una mayor «monitorización» de las obras que se realizan en el distrito sobre todo al considerar que cada vez que afloran los viejos residuos químicos estos «deben ser retirados y trasladados a un vertedero de seguridad para evitar la exposición».

Con todo, reconocen que la situación de La Almozara es muy distinta a la de los años 70, pero los investigadores y residentes señalan que es importante mantener la alerta. Sobre todo cuando según las últimas mediciones han detectado que la contaminación a la que se enfrentan no es estática. «Cuando llueve o se riegan los parques, el agua entra en contacto con el residuo de forma que contaminan superficies mayores», explican. Estos episodios han quedado a la vista en obras recientes en las que el movimiento de tierras ha dejado a la vista residuos que todavía contienen cargas pesadas.

Por este motivo, y a raíz de la publicación de la nueva guía, proponen al Ayuntamiento de Zaragoza un plan a largo plazo en unos 30 años. «No se trata de levantarlo todo mañana, sino de aprovechar cada intervención urbanística para retirar el material contaminado», asegura el investigador universitario.

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